¿CÓMO COMBATIR
LAS ALERGIAS?
Cada vez hay más personas
alérgicas en el mundo. Las hipótesis sobre las razones de este
incremento son varias. Se desarrollan menos infecciones que hace
unos años y la memoria inmunológica parece olvidar que hay
sustancias que no son peligrosas. Además, la contaminación
contribuye a potenciar algunos alérgenos y cada vez más el organismo
humano está rodeado de nuevas sustancias químicas que considera como
enemigas.
Los medicamentos para mitigar los
síntomas de la alergia son los antihistamínicos, corticoides y
broncodilatadores. La alergia no se cura, pero hay un tratamiento
que puede inducir tolerancia al alérgeno: la inmunoterapia, vacunas
que se administran durante un período de tres a cinco años. El
remedio más adecuado consiste en conocer qué tipo de alergia se
sufre y cómo prevenirla. Por este motivo, ante la sospecha de
alergia, siempre se recomienda consultar con el médico especialista.
Una alergia se desarrolla cuando el sistema inmunológico reconoce a
determinadas sustancias (alérgenos) como peligrosas, a pesar de que
no lo son, y experimenta diversos síntomas que dependen del tipo de
alérgeno: picor de ojos y congestión nasal para la alergia al polen,
problemas digestivos para la alergia a los alimentos o reacciones
cutáneas para las alergias a los medicamentos. Cada una de estas
patologías requiere un tratamiento concreto, por lo que es
imprescindible conocer el origen de la alergia.
Alergia al polen
Los expertos prevén concentraciones acumuladas de polen de gramíneas
de más de 5.100 granos por metro cúbico de aire. Casi el doble que
el año pasado.
La "temporada" comenzará en abril y se cree que a finales de junio
los niveles de polen serán más tolerables. Sólo una primavera
lluviosa o un calor atípico ayudarían a disminuirlos. Las ciudades
serán una "trampa" para los alérgicos, debido a la elevada
concentración de ozono y a que el polen urbano es un 20% más
agresivo que el de las zonas rurales. Por todo ello, el tratamiento
se comienza 15 días antes del inicio de la primavera.
Huir del alérgeno
El primer paso para tratar la alergia al polen es detectarla, ya que
es sencillo confundirla con un resfriado. La alergia puede
prolongarse varias semanas o meses mientras que el resfriado apenas
dura siete días o menos y la fiebre es más común que en el caso de
tener alergia. Otro síntoma de esta sensibilidad es el agravamiento
del malestar al salir al exterior, cuando se entra en contacto con
el polen en suspensión.
El principal consejo es evitar salir a la calle, acudir a parques o
permanecer cerca de jardines, en la medida de lo posible y, sobre
todo, los días de mayor concentración de polen o de viento.
Durante las primeras horas de la mañana (entre las cinco y las diez)
y las últimas de la tarde (a partir de las siete), la concentración
de polen es mayor. No obstante, por la noche, no es recomendable
dormir con las ventanas abiertas y se debe circular en coche con las
ventanillas cerradas, secar la ropa dentro de casa para evitar que
se impregne de polen y evitar el humo del tabaco, insecticidas o
perfumes fuertes, entre otros. Es aconsejable utilizar aire
acondicionado, ya que la mayoría de los aparatos incorporan filtros
que dejan fuera los pólenes.
Reacción a los
alimentos
La alergia alimentaria es una reacción anómala a unLa
excesiva higiene es una de las principales causas del aumento de las
alergias infantiles alimento y afecta a más del 7% de la
población. Los síntomas aparecen inmediatamente después de consumir
el alimento. Los más comunes son reacciones cutáneas (dermatitis y
edema de piel y mucosas), digestivas (dolor abdominal, náuseas,
diarreas) y, menos frecuente, hinchazón de lengua o labios. En
adultos, los frutos secos (sobre todo, el cacahuete), las frutas, el
pescado y el marisco son los responsables de gran parte de estas
alergias. No hay medicamentos ni vacuna, así que hay que acudir al
médico para identificar el alimento culpable y excluirlo de la
dieta.
Los ácaros del polvo
Los ácaros que viven en el polvo causan este tipo de alergia, cuyos
síntomas más comunes son problemas respiratorios y picor de ojos y
nariz. Es una de las más frecuentes. Sus hábitats favoritos son
colchones, almohadas, alfombras, mantas, sofás, juguetes de peluche,
etc. Así que es preferible que colchones y almohadas sean de goma
espuma látex o de material acrílico. Estos microscópicos arácnidos
necesitan una temperatura de 25 ºC y una humedad óptima entre el 70%
y el 80% para reproducirse.
Por tanto, una de las medidas para hacerles frente es mantener una
temperatura menor de 22 ºC y una humedad inferior al 45%. Lavar la
ropa a más de 55 ºC también los elimina. Es necesario limpiar la
casa de forma frecuente, con aspiradora y un paño húmedo, protegidos
con una mascarilla; es mejor realizarla por la mañana y con las
ventanas abiertas, para que la corriente se lleve los ácaros. El
resto del día, de la misma manera que sucede con el polen, la
ventanas deben permanecer cerradas y, en verano, el aire
acondicionado con filtros de aire es una buena opción.
Animales y picaduras
Los gatos son los "culpables" más habituales de estas reacciones
alérgicas, por la inhalación de productos derivados de su piel,
pelo, orina o saliva. Los síntomas son picor de ojos, congestión
nasal y problemas respiratorios. El mejor consejo es evitar el
contacto con el animal pero, a veces, basta limpiar bien su hábitat
y la casa, e impedirle entrar en el dormitorio o la sala de estar.
Otros animales que también se asocian a alergia son perros,
caballos, hámsters, cobayas y conejos.
Una de las menos frecuentes es la reacción a las picaduras de
insectos, que afecta al 1% de la población. Sin embargo, sus
síntomas pueden revestir gravedad. Son las picaduras de abejas,
avispas, hormigas, arañas, mosquitos, garrapatas, pulgas y chinches
las mayores culpables de estas reacciones. Las abejas y las avispas
son los responsables de los síntomas más graves, como pérdida de
conciencia y dificultades graves para respirar. El objetivo es
evitar las picaduras. Para ello, en las salidas a la naturaleza hay
que cubrir con ropa brazos, piernas y cuello y evitar el calzado
abierto. Y si un insecto se aposenta en el cuerpo, no hay que
intentar espantarlo.
Niños y alergias
Los niños pueden sufrir cualquier tipo de alergia aunque las más
frecuentes son las respiratorias (originadas por polen y polvo) y
las alimentarias. Asimismo, el asma es la enfermedad alérgica más
extendida en los más pequeños. La excesiva higiene en bebés y niños
es, según muchos expertos, una de las principales causas del aumento
de las alergias infantiles. Numerosos pediatras aconsejan no
utilizar jabón (u optar por los neutros) más de dos o tres veces por
semana al bañar a los bebés, y la lactancia materna como mínimo
hasta los seis meses debido a que fortalece el sistema inmunológico.
Por otro lado, los niños cuyos progenitores son alérgicos tienen más
probabilidad de serlo. Si los dos padres son alérgicos, el
porcentaje alcanza el 80%; si sólo lo es uno, el 60%.
La exposición a niveles elevados de polen durante la infancia
multiplica por tres el riesgo de padecer asma. Hay estudios que
señalan que los recién nacidos que están en contacto con demasiado
polvo o con animales tienen más probabilidad de desarrollar
alergias. Nunca hay que medicar al niño sin prescripción médica,
pues podría desarrollar hipersensibilidad al medicamento.
Las alergias alimentarias más comunes son a la leche, el huevo y el
pescado en niños menores de 2 años; al huevo, en niños entre los 3 y
los 5 años; y a las legumbres, los cereales y los frutos secos, en
niños mayores de 6 años. Una estrategia para prevenirlas es retrasar
(siempre bajo control médico) la introducción en la dieta de los
alimentos potencialmente alergénicos para que el sistema
inmunológico tenga tiempo de fortalecerse aún más.
También a los medicamentos
Las alergias a los medicamentos afectan alrededor del 5% de la
población. Aunque cualquier fármaco puede ser alergénico, los más
frecuentes son antibióticos, antiinflamatorios y analgésicos. Los
síntomas más habituales son reacciones cutáneas, dificultad para
respirar e hinchazón de labios. Ante la mínima sospecha, no hay que
tomar más dosis de la sustancia en cuestión y acudir al médico.

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