QUÉ ES LA MEDITACIÓN
Meditar es familiarizar la mente de
manera constante y profunda con un objeto virtuoso.
La meditación ejerce
muchas funciones: gracias a ella podemos superar los problemas
internos tales los creados por el odio, los celos, el apego y la
ignorancia; podemos también controlar nuestra mente logrando así una
gran paz interior; nos capacita para cultivar intenciones virtuosas
que nos inducen a crear buenas obras; y elimina las intenciones
innobles que nos hacen cometer acciones perjudiciales. Con la
práctica de la meditación obtendremos una experiencia de los
distintos niveles de realización espiritual, e iremos desarrollando
realizaciones cada vez más elevadas hasta que alcancemos finalmente
el logro supremo –el estado de la Budeidad-.
Para practicar la
meditación, primero tenemos que aprender el Dharma por medio de
escuchar y leer las instrucciones correctas. Luego hemos de
contemplar el significado de lo que hemos escuchado y leído.
Reflexionamos sobre las enseñanzas a fin de entender con claridad su
significado, y para convencernos, debemos ponerlas a prueba y
comprobar si tienen lógica, si son coherentes, si tienen sentido
según nuestra propia experiencia, y si sus objetivos son
significativos. Una vez que hayamos generado una firme comprensión
del significado del Dharma y tengamos confianza en su efectividad,
estaremos preparados para practicar la meditación.
La meditación puede
ser de dos tipos: analítica y de emplazamiento. La meditación
analítica es un procedimiento intencionado de investigación o
reflexión acerca de un objeto, en el que se analizan sus varios
aspectos examinándolo detenidamente desde diversos puntos de vista.
Para ello utilizamos nuestra imaginación, memoria y poderes de
razonamiento hasta que, como resultado de nuestro análisis,
generamos un sentimiento o pensamiento especial que cambie nuestro
estado mental.
Como veremos más
adelante, hay diferentes objetos de meditación. Unos, como la
impermanencia o la vacuidad, son objetos aprehendidos por la mente.
Otros, como el amor, la compasión, la renuncia o la resolución de
confiar con sinceridad en nuestro Guía Espiritual, son en sí mismos
estados mentales. La meditación analítica ha de ser aplicada hasta
que aparezca con claridad en la mente el objeto específico que
tratamos de realizar, o hasta que se genere el estado mental
determinado que se desea cultivar.
Por ejemplo, cuando
meditamos sobre la devoción al Guía Espiritual, hemos de considerar
los diferentes beneficios de comprometernos a seguirle con fe, los
peligros de quebrantar nuestro compromiso y nuestra confianza en él,
y las diferentes formas en que hemos de confiar en él o ella de
pensamiento y de obra. Por medio de esta meditación analítica
llegaremos a generar la firme resolución de confiar en nuestro Guía
Espiritual de corazón. Cuando esta resolución surja en nuestra mente
con claridad y de manera decisiva, se dice que hemos encontrado “el
objeto” de nuestra meditación de emplazamiento.
Durante la meditación
de emplazamiento nos concentramos en un objeto virtuoso de manera
convergente, sin permitir que las distracciones turben nuestra
concentración. El objeto de la meditación de emplazamiento puede ser
cualquier objeto virtuoso, o un pensamiento o sentimiento especial
que hayamos generado en nuestra mente como resultado de la
meditación analítica. Por medio de la meditación de emplazamiento
mantenemos en concentración este objeto virtuoso, pensamiento o
sentimiento especial.
En el momento en que
empiece a desvanecerse, hemos de reanudar nuestra meditación
analítica para hacer que el objeto vuelva a aparecer de manera clara
y definida. Así como cuando encendemos un fuego con la ayuda de unos
fuelles, llega un momento en el que dejamos que el fuego arda solo,
en nuestra sesión de meditación también llegará el momento en que
tendremos que dejar la meditación analítica para dar paso a la de
emplazamiento. Después, de igual manera que volvemos hacer uso de
los fuelles cuando el fuego se debilite, volveremos a aplicar la
meditación analítica cuando el objeto de nuestra meditación de
emplazamiento empiece a desvanecerse.
Yhe Tsongkhapa dijo
que los meditadores han de combinar estos dos tipos de meditación,
porque una buena meditación analítica induce a una buena meditación
de emplazamiento, y viceversa. Debemos combinarlos aun cuando nos
resulte difícil encontrar o generar en la mente el objeto de la
meditación de emplazamiento.
Por medio de la
meditación analítica hacemos que el objeto aparezca en la mente de
manera clara y decisiva, y con la de emplazamiento hacemos que
nuestra mente se familiarice con él y se vaya acercando
progresivamente hasta que, por último, ambos se fundan por completo.
Si, por ejemplo, hacemos una meditación analítica sobre los
sufrimientos de los seres sintientes, este análisis hará que aflore
en nuestra mente un claro y profundo sentimiento de compasión.
Cuando esto ocurra, hemos de comenzar la meditación de emplazamiento
para que nuestra mente se familiarice cada vez más con este
sentimiento y se impregne de él. Llegará un momento en el que
nuestra mente se fundirá por completo con la compasión. Ello no
quiere decir que, a partir de entonces, la compasión vaya a ser el
único objeto de nuestra mente, sino que la compasión se ha fundido
de manera inseparable con ella y en consecuencia, todos nuestros
pensamientos y nuestras acciones estarán siempre motivados por este
sentimiento compasivo.
Al principio, nuestra
meditación de emplazamiento será muy débil y sólo seremos capaces de
mantener nuestro objeto durante unos instantes. Cada vez que lo
perdamos, hemos de volver a aplicar la meditación analítica hasta
que de nuevo el objeto aparezca con claridad. Entonces, hemos de
esforzarnos en estabilizar su percepción. Este procedimiento ha de
repetirse varias veces. El modo de incrementar nuestro poder de
concentración se explicará en detalle más adelante.
Puesto que la mayoría
de los problemas que tiene el principiante a la hora de meditar, se
debe a la aplicación excesiva de su esfuerzo con el fin de mantener
la meditación de emplazamiento, es importante que aprendamos a
emplearlo con moderación para evitar que acabemos oprimidos por la
tensión que produce el exceso en este empeño. Debemos aplicar el
esfuerzo de una manera relajada y continua, y descansar cuando nos
sintamos fatigados.
La práctica de
meditación es muy extensa. El que nuestra meditación de
emplazamiento sea débil, no impide que podamos practicar la
meditación analítica en cualquier otro momento. Por ejemplo, si
ahora nos detenemos a reflexionar con cuidado sobre algunos puntos
mencionados, esta misma reflexión se convertirá de manera natural en
una meditación analítica aunque estemos sentados cómodamente en
nuestro sillón preferido. También podemos practicar la meditación
analítica cuando vamos de paseo, salimos de viaje o al mismo tiempo
que hacemos cualquier trabajo manual simple.
El propósito
principal de todas las meditaciones del Lamrim es la transformación
de la mente en el sendero hacia la iluminación, haciendo brotar las
realizaciones espirituales más profundas. La señal de que hemos
logrado una realización perfecta de un objeto determinado es que, a
partir de entonces, ninguna de nuestras acciones se opone a ella,
sino que se vuelven mucho más significativas. Por ejemplo, una vez
alcanzada la realización perfecta de la compasión, seremos incapaces
de inflingir daño alguno a ningún ser sintiente, y todas nuestras
obras estarán motivadas por esta actitud compasiva.
En las instrucciones
que se dan en los siguientes capítulos, se ofrecen pautas y
directrices para realizar las meditaciones analíticas, y se indican
los objetos de las meditaciones de emplazamiento. Estas
instrucciones han de considerarse como una mera orientación. Hemos
de utilizar también la propia sabiduría y ser flexibles a la hora de
aplicar estos consejos. Cuando en la meditación analítica se nos
invite a adoptar una determinada manera de pensar, primero debemos
comprender cuál es su objetivo; una vez comprendido, los
pensamientos, sentimientos y recuerdos de nuestra propia experiencia
relacionados con esta meditación, acudirán sin esfuerzo a la mente y
nos llevarán en la misma dirección. Hemos de utilizar nuestros
propios pensamientos y experiencias de una forma disciplinada a fin
de reforzar nuestra meditación, sin dejar que nos distraigan las
ideas y los recuerdos que no sean pertinentes.
Debido a que el
propósito de meditar en el Lamrim es desarrollar una experiencia
personal de todas las etapas del camino hacia la iluminación, se
presentarán diferentes tipos de razonamientos o maneras de pensar,
así como referencias a escrituras y ejemplos para contemplar. La
función de estos razonamientos no se limita a probar una tesis, de
hecho, muchos de los temas en que meditaremos no requieren prueba
alguna, pues son evidentes. Por ejemplo, cuando meditemos sobre el
hecho de que “el momento de la muerte es incierto”, no hay necesidad
de demostrarlo, pues todos sabemos que es verdad. No obstante, una
cosa es saberlo a nivel intelectual y otra es conocerlo por
experiencia propia. Todos sabemos que el momento de la muerte es
incierto, pero ¿quién vive pensando y teniendo en cuenta en sus
actividades el hecho de que “es posible que hoy me muera”? La
mayoría nos pasamos la vida pensando y actuando como si no nos
fuéramos a morir nunca. Ignorando la realidad de la muerte, cuando
ésta nos llama, sorprendidos, reaccionamos con angustia o enojo,
como si nos fuera a ocurrir algo desconocido y extraño.
A menudo nuestra
manera habitual de pensar y las cosas que damos por hechas, sin
analizarlas, se oponen al conocimiento que poseemos de ellas. Las
meditaciones del Lamrim eliminan semejantes contradicciones. Puesto
que nuestras formas habituales de pensar y de actuar están
profundamente arraigadas en nosotros, tenemos que hacer uso de
diferentes métodos para contrarrestarlas. El Lamrim desafía desde
distintos puntos de vista los errados hábitos de nuestra mente.
Es preciso recalcar
que es mucho más importante lograr las auténticas experiencias del
Lamrim que limitarnos a aprender sus diferentes temas. A pesar de
que el entendimiento intelectual de las instrucciones es
imprescindible para adquirir sus experiencias, si no perseveramos en
poner las enseñanzas en práctica, nuestra comprensión de ellas no
tendrá ningún valor. Si poseemos un conocimiento intelectual pero
carecemos de experiencia, no conseguiremos controlar nuestra mente y
cuando instruyamos a otros en ellos, les será muy difícil lograr
realizaciones.
Las realizaciones
espirituales no se obtienen con facilidad. Para alcanzarlas hemos de
escuchar y leer las instrucciones muchas veces, tantas como
necesarias, y repetir las mismas meditaciones una y otra vez. No hay
tiempo que perder. Así pues, hasta que consigamos una realización
perfecta de cada etapa del camino hacia la iluminación, no podemos
detenernos. Si nos resistimos a recibir unas enseñanzas porque ya
las hemos leído o escuchado varias veces, ello indica que aún no
hemos adquirido la experiencia del Dharma.
Las
meditaciones se presentan en un determinado orden debido a que una
realización nos conduce a la siguiente. No obstante, se puede
practicar el ciclo completo en vez de concentrarse en una sola
meditación hasta lograr su realización perfecta, puesto que las
experiencias que se desarrollen en cada etapa se profundizan en
relación a la práctica de las restantes.
Como adiestrar la mente durante el
descanso de la meditación
Fuera de la sesión de
meditación podemos leer libros y recibir enseñanzas referentes a
cualquiera de las etapas del camino en que estemos adiestrándonos
durante las sesiones formales. Nunca deberíamos olvidar por completo
nuestro objeto de meditación. Durante los descansos podemos
aprovechar la oportunidad para recordar y contemplar los puntos de
nuestra meditación, y hablar con nuestros amigos espirituales sobre
las instrucciones que hayamos recibido y las experiencias que
estemos teniendo.
Además de recordar
nuestro objeto de meditación, nuestra práctica principal durante los
descansos también ha de consistir en proteger las seis puertas de
los poderes sensoriales. Por lo general, cuando nuestros poderes
sensoriales de la vista, del oído, del gusto, del olfato, del cuerpo
y de la mente entran en contacto con sus respectivos objetos –las
formas, los sonidos, los olores, los sabores, los objetos tangibles
y otros fenómenos-, generamos con facilidad perturbaciones mentales
que nos hacen cometer acciones perjudiciales, que a su vez
ocasionarán sufrimiento como resultado. Cuando hayamos eliminado la
mente del autoaferramiento –la raíz de todas las perturbaciones
mentales-, el contacto entre nuestros poderes sensoriales y sus
objetos no nos hará generar engaños. hasta que logremos esta
realización, debemos protege las puertas de nuestros poderes
sensoriales.
La forma de proteger
las puertas de los sentidos no consiste en evitar el contacto con
los objetos de los poderes sensoriales, sino en proteger la mente de
ser influenciada por ellos. Hemos de impedir esta influencia desde
el primer momento en que el poder sensorial entra en contacto con el
objeto. Por ejemplo, cuando vemos un objeto muy hermoso, de
inmediato debemos dirigir nuestra atención hacia otra cosa. La razón
por la que generamos apego hacia objetos bellos es porque, desde el
momento en que entramos en contacto con ellos, permitimos que
nuestra atención se detenga en su contemplación y acabamos pensando
sólo en ellos. Iniciamos, entonces, un intenso proceso de
pensamientos comparable con una meditación analítica, familiarizando
nuestra mente con los diferentes aspectos, manifiestos y ocultos, de
nuestro objeto. Como resultado de la mencionada “meditación
analítica”, generamos un intenso sentimiento de apego hacia el
objeto, el cual permanece con nosotros hasta el punto de que no
podemos olvidarnos de él.
Por ejemplo, cuando
nos encontramos con una persona muy atractiva, después de verla
seguimos contemplando su belleza y la imaginamos con todo detalle:
su cuerpo, su sonrisa, sus ojos, la expresión de su cara, sus
cabellos, etc. Recordamos todos sus rasgos, de la cabeza a los pies.
¡Qué extraordinario poder de concentración! Esta incorrecta
“meditación analítica” hace que surja en nosotros un apasionado
deseo de poseer el objeto, lo cual nos impulsa a ir en su búsqueda.
Si no conseguimos encontrarnos con él, nos sentimos descorazonados.
¿De donde viene este sentimiento de decepción? ¡De nuestra
meditación errónea! Por lo tanto, si queremos liberarnos de
semejante sufrimiento, cada vez que tropecemos con un objeto
hermoso, deberíamos dejarlo a un lado y no permitir que nuestra
mente se fije en él. De igual manera, cuando alguien nos diga algo
desagradable, no deberíamos prestarle atención, sino actuar como si
fuéramos sordos. De esta forma evitaremos enojarnos. Este mismo tipo
de práctica es aplicable también a los restantes objetos de los
poderes sensoriales.
Si protegemos las
puertas de nuestros poderes sensoriales durante el descanso de la
meditación, nuestra concentración durante la sesión formal de
meditación será muy buena. Yhe Tsongkhapa dijo que el descanso de la
meditación es más importante que la sesión misma, pues ésta se
reduce a unas pocas horas al día, mientras que el descanso de la
meditación abarca casi toda nuestra vida. Si practicamos
correctamente durante el descanso de la meditación, lo estaremos
haciendo durante la mayor parte de nuestra vida, y nuestra
concentración durante las sesiones de meditación también mejorará
mucho.
En los descansos de
la meditación, debemos de hacer uso de nuestra sabiduría del Dharma
para ser capaces de transformar todas nuestras experiencias en la
práctica. Si lo conseguimos, no tendremos la necesidad de depender
por completo de los libros de Dharma con el objeto de mantener una
mente virtuosa cuando no estemos meditando. Cuando vayamos de
compras, por ejemplo, nuestra sabiduría nos mostrará que unas cosas
revelan un mensaje acerca de la impermanencia, otras uno acerca de
las faltas de la existencia cíclica, otras nos enseñan compasión y
otras paciencia. Si practicamos de este modo, volveremos a casa con
actitudes mentales más virtuosas. De otro modo, regresaremos con una
pesada carga de engaños.
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