¿CÓMO HACER EJERCICIOS
ESPIRITUALES?
La experiencia de unos ejercicios
espirituales es tan rica y tan variada, que pueden ser muchas las
maneras de hacerlos y presentarlos. Habrá que tener siempre en
cuenta la capacidad, la necesidad by las disposiciones de la persona
que los hace. Aquí hay unas cuantas sugerencias que en la mayoría de
los casos pueden a ayudar a hacerlos bien y con provecho.
Al
entrar en ejercicios, hay que caer en la cuenta, desde el comienzo,
que la actividad principal durante ellos es la oración en sus
diversas formas. Siendo as�, en ejercicios el mayor tiempo hay que
dedicarlo a ella y a su preparación, mas que a otras actividades,
como seria� leer algunos libros, o escuchar largas exposiciones
sobre las verdades de nuestra fe o los misterios de xto. (EE 2)
Con este
fin, hay que poner gran empeño en guardar el ambiente o atmósfera de
oración, y poner todos los medios para conseguirlo. Es la razón
principal por la que se recomienda guardar silencio durante toda la
experiencia de ejercicios.
Como
disposición b�sica para buscar y hallar la voluntad de Dios, que es
lo que primeramente se busca, es muy conducente entrar con ánimo y
liberalidad (EE5)
Si se
hacen con seriedad los ejercicios, requieren siempre un gran trabajo
personal y mucha constancia en la manera de llevar el ritmo de las
diversas actividades. Es muy conveniente que cuando se hacen los
ejercicios individualmente, se fije un programa o distribución del
tiempo que se guarde con fidelidad, sobre todo en lo que se refiere
a los tiempos de oración. Algo que tener en cuenta de un modo
especial cuando tal vez se sienta cierta falta de devoción, o
incluso desolación o falta de animo.
Veamos
algunos detalles sobre cada una de las actividades principales de
estos d�as de ejercicios:
~
La oración en ejercicios.
En la oración siempre es Dios quien tiene la iniciativa, y en su
bondad esta dispuesto a ayudarnos para que nos comuniquemos con �l,
pero quiere que pongamos de nuestra parte todo el esfuerzo y
colaboración posibles. La oración, pues, hay que prepararla,
conviene fijar un programa, señalar los temas sobre los que se va a
orar y a reflexionar. Si se hacen los ejercicios con un director,
este es por lo general quien va sugiriendo los temas. Muchas son las
formas de orar (meditación, contemplación, etc.), y la que cada uno
haya de seguir depender� de la ayuda de Dios y de la experiencia que
se tenga. Los mismos ejercicios son siempre una escuela de oración y
cuanto m�s esta se practique, mas se aprende. La oración tiene su
pedagogía y su evolución, y es un tema sobre el que se puede leer
algo. En la mayor�a de los casos puede ayudar mucho, para entrar en
oración el tener en cuenta los preámbulos que se�ala San Ignacio en
su libro:
1. Antes de comenzar
la oración recogerse unos momentos y hacer un acto de fe, que nos
recuerde la presencia de Dios;
2. reflexionar un
instante sobre lo que se va a hacer, con quien se va a hablar;
3. Tráigase a la
memoria el tema sobre el que se va a hacer oración, releyendo si es
preciso el texto de la escritura que puede servir de base;
4. Si se considera una
ayuda, se puede hacer uso de la imaginación con una representación
del pasaje que se medita o las circunstancias del mismo, lo cual
puede hacer m�s f�cil el� recogimiento y la concentración de espíritu;
5. Ofrézcanse desde el
comienzo todas las actividades de la oración a Dios y pídasele su
ayuda, es un acto de humildad siempre agradable a Dios.
6. Si la oración va
dirigida a un fin concreto, como seria por ejemplo, sentir dolor por
los pecado propios, conviene pedir desde el comienzo la gracia que
se desea conseguir.
Esta
preparación inmediata para la oración, en realidad no pide mucho
tiempo y con un poco de practica se hace sin demasiada reflexión y
naturalidad, entrando suavemente en la oración propiamente dicha,
que es abrir el corazón para que nos penetre la palabra divina, nos
hable Dios al corazón, y con el corazón y el afecto le hablemos a
el. Este trato intimo con Dios se refleja de un modo especial en lo
que llamamos coloquios que se hacen propiamente hablando. Conviene
tener en cuenta, que aun cuando en cualquier sitio se puede hablar
con Dios, pero en una oración mas recogida, -como la que se puede
esperar durante unos ejercicios espirituales- el lugar y las
circunstancias externas deben ser tales que de todas formas la
favorezcan. El pasear, por ejemplo, puede ser mas o menos apto para
reflexionar, pero no lo es para el tiempo que se dedique a la
oración propiamente dicha. Durante los ejercicios conviene seguir un
programa de las diversas actividades; cabria pues, preguntarse
cuanto tiempo conviene dedicar cada día a la oración. El dialogo con
el director puede ayudar a fijarlo. Para una pedagogía en la oración
es de gran utilidad reflexionar y examinarse sobre la experiencia
misma de oración. Ver si se han puesto los medios, reflexionar sobre
el proceso de la misma, las negligencias que haya podido haber;
tratar de discernir las mociones del espíritu, dar gracias, etc.
Esta reflexión sobre la oración es una ayuda y una preparación para
el dialogo con el acompañante, ya que el tema principal del mismo
son las mociones del espíritu durante la oración del día.
~
Dirección espiritual. Nos
referimos aquí al trato con el acompañante de ejercicios durante los
mismos. Desde luego es de desear tener esta ayuda, la de una persona
que nos acompañe en el camino espiritual. Es conveniente dedicar
todos los días algún tiempo fijo a esta entrevista. El dialogo suele
comenzar con la propia presentación y las disposiciones que se
tienen al comenzar ejercicios. Durante los mismos, el tema ordinario
son las mociones del espíritu durante la oración y durante el día,
las dificultades encontradas, las luchas o sentimientos que se han
tenido, etc. La experiencia del director puede ayudar a mejor
discernir los propios sentimientos. Si se desea una verdadera ayuda
espiritual, es necesario tener plena confianza con el acompañante y
abrirse con Él en todo lo referente a la vida del espíritu y que
tenga relación con el presente. Téngase en cuenta que el papel del
acompañante no es ir adelante del ejercitante. No es la persona que
va a resolver sus problemas, sino una ayuda, un testigo en el
discernimiento espiritual, que le anime a enfrentarse mejor con los
problemas propios, los cuales uno mismo tiene que resolver siempre.
~
Lecturas en tiempos de
ejercicios. Entre las actividades espirituales dentro de los
ejercicios, esta el hacer algunas lecturas espirituales. Ese
ejercicio no es la tarea principal del ejercitante, y por lo tanto
debe mirarse como mero complemento o reposo conveniente. Esta
lectura debe ir dirigida como una ayuda para reflexionar sobre
nuestra vida espiritual, mas que como medio de adquirir nuevos
conocimientos especulativos, mas a la praxis que a la teoría. en
general que hable mas al corazón que a la mente.
~
Revisión de vida. Para
facilitar la integración de la vida de fe, renovada en ejercicios,
con la experiencia humana, es muy útil dedicar un tiempo a lo que
llamamos revisión de vida: un examen de nuestra vida toda a la luz
de las nuevas gracias recibidas, de las exigencias del evangelio,
mejor conocido y sentido en los ejercicios. Para facilitar esta
revisión se puede se�alar para cada día algún aspecto particular de
nuestra experiencia religiosa: nuestra vida de oración, nuestras
relaciones interpersonales ante las exigencias de la caridad,
nuestras responsabilidades en la vida de familia o en la vida
religiosa con sus votos.
~
Apuntes espirituales.
Pueden ser útiles para concretar y resumir el fruto de cada una de
las meditaciones o del día. Deben ser estrictamente personales, esto
es, escribirse para provecho propio. Pueden ayudar a renovar o
repetir mas tarde las experiencias que se han tenido durante
ejercicios. Desde luego no se trata de hacer literatura ni de
preparar el material para nuestro futuro apostolado.
~
Examen al fin del día. Es
conveniente al terminar el día y dentro tal vez de las oraciones de
la noche, hacer un breve examen de cómo ha transcurrido el día, para
recordar las gracias recibidas y agradecerlas, ver las negligencias
tenidas y corregirlas y con todo ello ir disponiéndose mejor para
los días que queden de ejercicios. El contenido del examen podría
recaer sobre estos puntos:
1. Que actividades he
tenido; si están relacionadas con el momento de los ejercicios y el
tema del día.
2. como las he hecho: si
con diligencia y descuido, poniendo o no los medios para hacerlas
bien;
3. cual ha sido la calidad
del recogimiento interior, en nuestros pensamientos o afectos;
4. con que animo
espiritual o físico nos encontramos, y que medios se pueden poner
para mejorarlos.
5. El examen se concluye
con una breve oración de agradecimiento.
~
El ritmo de los
ejercicios. No es fácil decir en general cuantos días de ejercicios
serán los convenientes para cada semana. Depender de su experiencia,
de su necesidad y preparación. En realidad hay que fijar de antemano
los días que se van a dedicar a ellos. Lo que sí hay que tener en
cuenta es: no tener ansia por ir adelante, por ir de prisa, por
avanzar algunos temas, por saber lo que va avenir. Antes al
contrario, conviene poner énfasis en hacer bien las cosas y sentir
internamente lo que se esta meditando y haciendo.
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