Estos niños presentan la mayoría de estas
características:
1.- Capacidad limitada para la implicación
emocional.
2.- Alteración de la modulación sensorial, con
limitación de su capacidad para percibir las sensaciones.
3.- Capacidad limitada para imitar y compartir
la atención.
4.- Capacidad limitada para comprender estados
mentales, para la abstracción y el simbolismo.
Frecuencia: El TEA se ha etiquetado siempre como un
"trastorno raro" por su infrecuencia pero ahora se está describiendo
un aumento preocupante en los últimos años (1 de cada 200 niños).
Esto implica la conveniencia de realizar diagnósticos precoces para
comenzar cuanto antes con la "atención temprana" que condiciona un
mejor pronóstico. En una elevada proporción se asocian crisis
epilépticas.
Síntomas clínicos: Los síntomas clínicos son más evidentes a
partir de los dos años. Puede sospecharse si los niños no responden
a su nombre o no muestran interés en compartir sensaciones o placer
siendo síntomas guías de alarma que deben conducir a la visita del
especialista. También existen signos muy frecuentes en el 2º- 3º año
de vida como el que no miran adecuadamente, no señalan con el índice
y no muestran o comparten las cosas con los demás. Entre los
síntomas clínicos iniciales en el primer año de vida está la
indiferencia por los padres, o no sonreír como otros niños, fija la
vista ante estímulos luminosos, no le interesan los juguetes
ofrecidos y huele o chupa las cosas más de la cuenta. En el 2º año
de vida muestran una dificultad para compartir la atención e interés
con los demás, a veces adoptan posturas peculiares y movimientos
raros de los pies, con estereotipias curiosas como aleteo de las
manos. Tienen relaciones emocionales inapropiadas con llanto y
rabietas imprevistas. Posteriormente en el tercer año de vida
mantienen un interés interpersonal limitado, su contacto visual es
escaso, y sobre todo destaca es el desarrollo irregular del habla o
bien es muy escasa, presentando también ecolalia, siendo también más
evidentes alteraciones de autoestimulación con movimientos como
balanceo, movimientos repetitivos, aleteos, girar sobre si mismo o
caminar de puntillas.
Criterios conductuales más relevantes del diagnóstico: Aparte
de los síntomas clínicos referidos los criterios conductuales se
engloban en los siguientes tres apartados:1). Alteraciones de la
integración social recíproca en la cual el niño evita la mirada o no
responde cuando son llamados; 2). Alteraciones cualitativas de la
comunicación con lenguaje muy afectado tanto a nivel del lenguaje
receptivo como expresivo. El lenguaje es inmaduro, con ecolalia o
uso de jerga ininteligible o con una melodía anormal; 3). Patrones
de comportamiento e intereses peculiares y actividades restrictivas
y estereotipadas.
Diagnóstico: El diagnóstico es clínico y las exploraciones
complementarias neurológicas suelen ser negativas aunque sean
necesarias para descartar que exista una problemática neurológica
subyacente. Es frecuente encontrar anormalidades de los registros
electroencefalográficos, especialmente en fases de sueño. Siempre es
preciso un estudio neuropsicológico específico mediante pruebas o
exámenes psicopedagógicos que confirmen la sospecha diagnóstica
inicial y planteen un programa terapéutico.
Tratamiento: Por una parte se pueden dar fármacos como
Risperidona que modula los trastornos de conducta, y por otra parte
es preciso realizar un programa de "atención temprana" mediante una
intervención psicopedagógica en centros específicos que incluyen
terapia del lenguaje, psicomotricidad, terapia ocupacional y
técnicas de modificación de la conducta para conseguir una mejor
integración tanto a nivel familiar como el entorno escolar del niño,
que en ocasiones deben ir a centros especiales. Existen unos
programas terapéuticos subvencionados por la Conselleria de Sanidad
de la Comunidad Valenciana que facilitan una completa asistencia
hasta los seis años de vida a través de los centros concertados para
los niños que presentan Trastornos del Espectro Autista (TEA).
El INVANEP tiene una gran experiencia en el diagnóstico
diferencial y pruebas complementarias necesarias para niños con
sospecha de TEA, estando en conexión con los centros
neuropsicológicos apropiados para la intervención psicopedagógica
que se precise.