¿POR QUÉ PONER LÍMITES
A LOS HIJOS?
Te contamos la importancia de
poner límites a los niños.
Si no enseñamos que hay
límites, lo lamentaremos
Papá y mamá se lamentaban de no
haber sabido poner límites a la niña, que al ser hija única, había
aprendido a tan corta edad a manipular a su antojo a la familia.
Finalmente, todos aprendieron la lección, aunque a un precio
excesivamente caro: en la vida hay límites y nada puede hacerse de
forma caprichosa, ya que la voluntad de uno no puede prevalecer
por encima de todos.
Aunque situaciones como la que he
mencionado difícilmente se presenten en nuestro entorno, es una
realidad que con frecuencia vemos episodios de berrinches
infantiles en el supermercado, en el centro comercial o en el
templo. Y casi siempre nuestra primera impresión es: ¡Pobres papás,
este niño ya les tomó la medida!
Pero en realidad deberíamos decir:
¡Pobre niño, sus padres son incapaces de enseñarle que hay límites
en la vida! Y así es. Una situación de niño caprichoso en casa se
convierte en pesadilla para los padres de familia, aunque el
problema más grave se lo causamos a los hijos, pues lo que nosotros
no seamos capaces de enseñarles, se los tendrá que enseñar la vida.
Una actitud caprichosa
afectará toda la vida
Un niño caprichoso sufrirá mucho en
la escuela ya que ni maestros ni compañeros reaccionarán ante sus
veleidades y lo harán sujeto de burlas. Un joven caprichoso, que
ignore sus límites, será rechazado por los amigos. Un hombre
caprichoso se enfrentará a los jefes en el trabajo, a la autoridad
representada por un policía de tránsito o por un juez, tendrá en
contra a los vecinos, a los compañeros de trabajo y no digo a los
amigos porque dudo que llegue a tenerlos. Y no quiero ni pensar en
lo que será cuando llegue a la vida matrimonial, pero lo que
probablemente le espere puede ser un permanente sufrimiento; será
infeliz y muy probablemente haga infelices a los que estén cerca de
él.
La incapacidad para entender los
límites en la vida nos condena a una inmadurez en la que el
principal afectado es justamente el que tiene esa incapacidad. Su
vida estará a merced de los bandazos: hoy sí me hicieron caso, hoy
no me tomaron en cuenta, hoy me siento bien, hoy estoy deprimido o
insatisfecho.
Los berrinches infantiles expresados
por adultos son ridículos, pero tienen su origen en una actitud que
no fue corregida y encauzada a tiempo por los padres. Por ello,
cuando accedemos a todos los caprichos de los hijos, o cuando nos
compadecemos equivocadamente de ellos y somos incapaces de
mostrarles los límites, más que un beneficio les hacemos un gran
mal.
Pero algunos de ustedes se preguntarán ¿y cómo hacer para marcarles
esos límites de manera que no resulte traumático?. Pues hay varios
métodos que son de sentido común y de experiencia exitosa, más que
puramente pedagógicos.
Y de ellos hablaremos en nuestra
próxima colaboración, aunque les anticipo que se fundamentan
justamente en el cariño y en el amor bien entendido, no en un afán
de ser extremadamente estrictos con los hijos por el simple hecho de
serlo.
Los hijos podrán no entenderlo por
una horas, pero si lo hacemos adecuadamente, no sólo lo entenderán
sino que terminarán por agradecérnoslo.
ALGUIEN QUIERE LO QUE TU TIENES, ALGUIEN TIENE LO QUE
TU QUIERES.
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