CONOCERSE Y CONFIAR EN
SÍ MISMO
El autoconocimiento es muy importante para todos,
y especialmente para los directivos. Como se recordará, se trata del
mandato délfico en que tanto insistió Sócrates: "Gnothi seauton".
Más recientemente, han sido los expertos en inteligencia emocional y
desarrollo de directivos los que han apuntado la importancia de que
nos conozcamos mejor, evitando la indiferencia y, desde luego, el
autoengaño.
Difícilmente podríamos mejorar nuestro
rendimiento si no fuéramos bien conscientes de lo que nos falta, y
aún de lo que nos sobra, en nuestro perfil profesional. Pero no se
trata sólo de conocer nuestras fortalezas y debilidades: también de
reconocer y gestionar bien nuestras emociones y cultivar la
confianza en nosotros mismos.
Son muchos los expertos que insisten en la importancia que para los
directivos adquiere la conciencia de sí mismos; entre ellos, los
estudiosos de la inteligencia emocional: Bar-On, Salovey, Mayer,
Goleman, Boyatzis, Caruso, Cooper, Sawaf, Parker, Handley, Higgs,
Dulewicz, Ryback, Boeck y muchos más. Para todos, el conocimiento de
uno mismo (self-awareness) constituye una
importante dimensión de la inteligencia emocional. En definitiva,
una persona emocionalmente inteligente, además de relacionarse bien
con los demás y comprenderlos (habilidades sociales o
interpersonales), se conoce y se “relaciona” bien consigo misma
(aspectos intrapersonales).
Autoobservación
A pesar de la dificultad del autoconocimiento, no podemos permanecer
indiferentes ante esta necesidad de conocernos mejor, porque esta
despreocupación retrasaría nuestra madurez, obstaculizaría la
comprensión de lo que nos acontece en nuestras relaciones personales
y nos procuraría inquietudes o desazones evitables. Parece saludable
practicar la autoobservación: el sencillo ejercicio de escuchar
nuestra voz u observarnos en un vídeo puede suponer un cierto
descubrimiento enriquecedor. Si pudiéramos ser espectadores de
algunos de nuestros comportamientos desacertados, seguramente
evitaríamos la reincidencia. Quizá, en su caso, nos daríamos cuenta,
por ejemplo, de lo ridículo o contraproducente que resulta
subestimar la inteligencia de los demás, hacer atrevidas
extrapolaciones al argumentar, escenificar gestos de suficiencia o
autoridad, o incurrir en explosiones e implosiones emocionales.
Obviamente, los buenos directivos observarían más virtudes que
vicios, sin caer por ello en la complacencia.
Autoengaño
Pero habíamos hablado del “autoengaño” (oportuna referencia aquí al
libro “El punto ciego” de Daniel Goleman, y de paso a la gran
contribución de este autor a la difusión del concepto de
inteligencia emocional, mediante sus libros y conferencias sobre el
tema). Con el “autoengaño” queremos referirnos especialmente al
peligro de poseer una exagerada visión de nuestras capacidades y
quizá una cierta ignorancia de nuestros defectos y excesos. Parece
un riesgo entre personas que han destacado sensiblemente en alguna
actividad, porque algunos podrían acabar pensando que son buenos
para casi todo. Hablando concretamente de los directivos, el haber
tenido algún éxito importante presume, pero no asegura
necesariamente, éxitos posteriores. Como tampoco cabe pensar que el
poseer un gran despacho asegure tener siempre una opinión más
valiosa que la de los subordinados, en todas las cuestiones que se
planteen.
Autoengañarse (como consecuencia de éxitos anteriores) puede llevar
a los directivos a disfunciones como la siguientes: incapacidad para
reconocer errores, arrogancia, sed de poder, rechazo a las críticas,
narcisismo, persecución de objetivos poco realistas, huida hacia
arriba, jactancia, juicio a las personas en términos de
blanco/negro, necesidad de parecer perfecto o hábito de trabajo
compulsivo. Según un estudio de Robert E. Kaplan, un directivo con
estos rasgos está orientado al fracaso. Pero un directivo que se
conozca bien a sí mismo difícilmente se caracterizará por estas
cosas.
Feedback
Hemos de insistir en que cuando nos autoengañamos, no solemos ser
suficientemente conscientes de ello. Simplemente, nosotros creemos
que poseemos determinadas cualidades (o que carecemos de ellas),
pero se nos escapa la realidad. No parece gratuito que en los
últimos años se haya extendido el feedback
multifuente o feedback de 360º en las empresas.
Un buen directivo desea conocer la opinión sincera que los demás
tienen de él y valora esta información; sabe que entre los puntos de
vista que ha de considerar deben estar, al menos, los de sus
colegas, su jefe y sus colaboradores. Si no somos suficientemente
autocríticos, por lo menos hemos de ser receptivos al
feedback, propiciando que este sea sincero y edificante. La
verdad es que para un subordinado puede resultar complicado
manifestar face-to-face a su jefe la opinión que
le merece su actuación: por eso se suele recurrir a la anónima
cumplimentación de cuestionarios. Uno puede naturalmente equivocarse
al opinar sobre una persona –colega, jefe o subordinado–, pero ha de
procurar ser objetivo y sincero.
No sólo hemos de conocernos bien; también hemos de ser conscientes
de las ventajas que conllevan las virtudes y de los problemas que
acarrean los defectos. Insistimos: “hemos de ser conscientes de las
ventajas que conllevan las virtudes y de los problemas que acarrean
los defectos”. Esto nos motivará a la mejora, porque todos tenemos
margen para ello.
Confianza en uno mismo
Y no se acaba todo cuando, teniendo una buena conciencia propia,
estamos tratando de mejorar nuestro perfil profesional; además hemos
de creer en nuestras capacidades: hemos de tener confianza en ellas:
hemos de tener confianza en nosotros mismos. Eso sí, no deberíamos
confiar en nosotros mismos hasta no estar seguros de conocernos
bien: de otro modo podríamos padecer algún traspié. Conozcámonos,
por consiguiente, y confiemos en nuestras capacidades. Los
directivos que se conocen bien y confían en sí mismos pueden
defender, sin apoyo de nadie, lo que consideran acertado, y pueden
asumir decisiones importantes aun bajo presiones e incertidumbres;
además, inspiran confianza en quienes les rodean. Por el contrario,
las personas que carecen de confianza en sí mismas tienen
dificultades para tomar decisiones y retroceden ante el mínimo
riesgo.
Conclusión
Ya algún sabio de la Antigüedad –creemos que Tales de Mileto–
destacó la dificultad de conocernos a nosotros mismos; pero hemos de
convenir en que vale la pena el esfuerzo. Y en que vale la pena la
consiguiente mejora de nuestro perfil personal y profesional, en el
margen que nos corresponda. Si el lector nos ha acompañado hasta
aquí en nuestras reflexiones, tal vez se lo haya propuesto
(conocerse mejor) como objetivo para este nuevo año 2002.
Y para concluir estos párrafos, añadiríamos que, como es sabido, el
directivo no debe únicamente conocerse bien a sí mismo: debe también
conocer con precisión la unidad funcional o empresa de que es
responsable. A este fin, vendrían bien unas palabras de Maquiavelo
en “El Príncipe”: “se rodeará de colaboradores que no le
engañen; les preguntará y se asegurará de que no le digan sólo lo
que le guste oír; recelará de quienes le ofrezcan demasiadas
explicaciones…”.
En definitiva y si el lector nos lo acepta, seamos más conscientes
de nuestras realidades, tratemos de mejorarlas, y recordemos
finalmente que la inteligencia emocional nos permite ser más felices
en la vida y más eficaces en nuestro ejercicio profesional. Como
dijo Maurice J. Elias, la inteligencia emocional nos está
permitiendo darnos cuenta de lo que significa ser seres humanos
completos.
APRENDER A CONFIAR EN
UNO MISMO
REGLAS PARA SER FELIZ
EN PAREJA
BASES PARA CONFIAR EN
UNO MISMO
SECRETOS PARA SER
FELIZ
¿CÓMO SER FELIZ?
ALGUIEN QUIERE LO QUE TU TIENES, ALGUIEN TIENE LO QUE
TU QUIERES.
- Como vender por Internet
- Como comprar por Internet
- Guías de compras (Lo que debes
saber antes de comprar)

|
|