¿CÓMO TOMAR
DECISIONES?
En nuestra vida diaria todo el día tomamos
decisiones, la mayoría de veces sin darnos cuenta. ¿Se han puesto a
pensar la importancia de tener un buen mecanismo lógico para saber
decidir? Como cambiarían nuestras vidas si supiéramos tomarlas?
Esta semana me he
permitido transcribir un artículo de Manel Baucells, destacado
profesor del IESE de Barcelona, nombrada como la mejor escuela de
negocios del mundo según el ranking MBA de The Economist del año
pasado. Cabe mencionar, que Manel, me dio su autorización para
publicarlo.
“Frecuentemente
las decisiones tienen consecuencias que se extienden a lo largo del
tiempo. Sin embargo, como el futuro siempre implica un cierto grado
de incertidumbre, a menudo es difícil evaluar estas consecuencias y
depender únicamente de nuestra intuición para tomar decisiones
acertadas. Cuando tomamos decisiones que tienen que ver con el
tiempo, muchas veces nos vemos afectados por una serie de
parcialidades y errores de percepción. Nuestra intuición hace que
actuemos como si el futuro fuera más “difuso” de lo que realmente
es, y tendemos a prestar demasiada atención al presente. Por
ejemplo, podemos dejar para más adelante el ahorro para la
jubilación, incluso a pesar de que tengamos medios para ahorrar y
una probabilidad alta de disfrutar de una vida larga. Además,
solemos imaginar que el tiempo tomará una dimensión distinta en el
futuro. Cuando hacemos planes, tendemos a subestimar el tiempo que
nos lleva completar los trabajos, o a sobreestimar el tiempo que
tenemos y a querer hacer demasiado.
En los últimos
años, el modo en que las personas enfocan las decisiones que
implican una valoración del tiempo se ha convertido en un asunto de
investigación importante para economistas y psicólogos. Existen tres
tendencias que afectan a nuestra imparcialidad y explican cómo éstas
nos pueden llevar a tomar decisiones poco acertadas, o incluso
lamentables. Las conclusiones de este artículo nos pueden ayudar a
mejorar la calidad de nuestras decisiones y a entender mejor qué
mueve el comportamiento de los consumidores.
La primera
tendencia, llamada descuento subjetivo, hace que tratemos el futuro
como si fuera mucho menos importante que el presente. “Descontamos”
el futuro a un nivel muy alto, y damos poca importancia al pasado
lejano. El descuento subjetivo también lleva a dejar las cosas para
más adelante: cuando el coste que supone completar una tarea en el
presente se magnifica, preferimos retrasar la finalización de la
misma hasta el último momento anterior a la fecha límite. (Por
supuesto, la tarea se puede retrasar indefinidamente si no existe
tal fecha límite.) El descuento subjetivo puede rectificarse de
varios modos: estableciendo fechas límite más frecuentes y de más
corta duración, usando el poder de voluntad, comprometiéndose más
con las tareas y pidiendo más control sobre ellas.
La segunda
tendencia, la evaluación de las experiencias prolongadas, viene
marcada por la manera en que la previsión (antes) y el recuerdo
(después) alteran nuestra percepción del valor de un evento o
experiencia. Aumentamos o disminuimos el valor del evento
dependiendo de si se compara favorable o desfavorablemente con
nuestra situación actual. Además, solemos recordar la intensidad de
un evento (un viaje, concierto, etcétera) como la media entre el
momento álgido y el final. Esta diferencia de percepción explica por
qué preferimos saber las malas noticias lo antes posible y retrasar
las buenas, de modo que podamos saborear más estas últimas. No es
fácil mejorar nuestra evaluación de las experiencias prolongadas. La
clave está en ser consciente de esta tendencia y en usar el sentido
común para entender cómo puede afectar la situación.
La tercera
tendencia, las preferencias cambiantes, significa que el valor que
asignamos a distintas alternativas varían a lo largo del tiempo, a
causa de diversos factores, que incluyen la situación, la influencia
social, la edad o la probabilidad que percibimos sobre posibles
resultados. De todos modos, raramente somos conscientes de estos
cambios en nuestras preferencias y asumimos que por lo general éstas
no van a cambiar a lo largo del tiempo. Para superar esta tendencia,
lo mejor que se puede hacer es tomar cierto tiempo para
“refrescarse”, distanciarse y reevaluar la situación. Las
preferencias cambiantes llevan a otros cambios en la cuarta y última
tendencia: la habituación del consumidor. Esta tiene lugar cuando
nuestra actitud hacia el consumo de ciertos bienes cambia a lo largo
del tiempo. Por ejemplo, cuando uno va al supermercado con hambre,
tiende a comprar bastante mas que cuando está saciado. Cuando una
persona pasea por un centro comercial y ve un descuento, en algunos
casos tiende a comprarlo inmediatamente, ya después se da cuenta que
actuó instintivamente, en lo que se llama compra compulsiva. En ese
caso, la decisión tomada no necesariamente era la correcta. Ser
consciente y aprender eficazmente de experiencias pasadas puede
ayudarnos a superar o reducir estas tendencias.
Por tanto,
siguiendo unas guías muy simples antes de tomar una decisión, la
mayoría de las faltas de imparcialidad más comunes que cometen las
personas se pueden reducir mucho o casi evitarse, permitiéndonos
tomar decisiones que conlleven un valor futuro más alto (¡aunque tal
vez no sea inmediato!) y a una mayor satisfacción general.”
Por otro lado, y
en relación a este tema, quisiera agregar también un resumen
publicado recientemente por la revista Harvard Business Review sobre
la toma de decisiones. En el mismo se menciona que las malas
decisiones a menudo pueden rastrearse a la forma en que se tomaron:
las alternativas no estaban claramente definidas, la información
adecuada no se había reunido, los costos y beneficios no se
ponderaron con precisión. Pero en ocasiones, el error está en el
proceso de toma de decisiones en lugar de la mente del tomador de
decisiones. La manera en que funciona el cerebro humano puede
sabotear las elecciones que hacemos.
En este resumen,
tomado de la versión online de la revista, John S. Hammond, Ralph
Keeney y Howard Rafia, examinan ocho trampas psicológicas que
afectan la forma en que tomamos decisiones de negocios. La trampa
del anclaje nos lleva a darle un peso desproporcionado a la primera
información que recibimos. La trampa del statu quo nos hace caer en
el sesgo de mantener la situación actual, aun cuando existen
alternativas mejores. La trampa del costo hundido nos inclina a
perpetuar los errores del pasado. La trampa de la evidencia
corroborante nos lleva a buscar información que respalde una
predilección existente y a descartar la información contraria. La
trampa del marco de referencia sucede cuando establecemos
incorrectamente un problema, socavando todo el proceso de toma de
decisiones. La trampa del exceso de confianza nos hace sobreestimar
la precisión de nuestras predicciones. La trampa de la prudencia nos
hace ser demasiado precavidos cuando hacemos estimaciones de sucesos
inciertos. Y la trampa del recuerdo nos impulsa a darle un indebido
peso a hechos recientes y dramáticos. La mejor forma de evitar todas
estas trampas es la toma de conciencia.
¿CÓMO TOMAR
DECISIONES?
¿COMO TOMAR DECISIONES
ACERTADAS?
APRENDER A TOMAR
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