¿CÓMO SUPERAR LA
PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO?
La pérdida se identifica como una
experiencia negativa, desagradable e indeseable, pues evoca
sentimientos de dolor, ansiedad y tristeza.
Ciudad de México (México). Las experiencias de pérdida constituyen
un aspecto inseparable del proceso de la vida: las sufrimos una y
otra vez en diferente forma e intensidad, pero siempre implican la
separación de alguien o algo que nos es tan significativo que lo
consideramos parte de nosotros.
La pérdida se identifica como una experiencia negativa, desagradable
e indeseable, pues evoca sentimientos de dolor, ansiedad y tristeza;
por tanto, no resulta extraño que tratemos de defendernos o
protegernos de ella, evitándola o negándola, ya que es una vivencia
que nos afecta en las esferas del pensamiento, del sentimiento y de
la conducta.
Nuestras pérdidas incluyen también las renuncias conscientes e
inconscientes de nuestros sueños románticos, la cancelación de
nuestras esperanzas irrealizables, nuestras ilusiones de libertad,
de poder y de seguridad, así como la pérdida de nuestra juventud,
aquella irreverente individualidad que se creía para siempre ajena a
las arrugas, invulnerable e inmortal.
Antes de iniciarse el proceso de duelo, es necesario que se preceda
de una pérdida, y esta pérdida debe ser considerada como
significativa. Sin embargo, ¿qué se necesita para que esta pérdida
sea significativa?
La respuesta tiene que ver con la vinculación. A lo largo de
nuestras vidas nos vemos en la necesidad de irnos relacionando con
otras personas, de modo que creamos un vínculo y este proceso es, en
buena medida, producto del aprendizaje.
Bowly (1995) llega a la conclusión de que el apego es un
comportamiento instintivo producto de sistemas de conducta que se
desarrollan como resultado de la interacción del niño con el
ambiente y con la madre. El apego se refiere a “cualquier forma de
comportamiento que hace que una persona alcance y conserve
proximidad con respecto a otro individuo diferenciado y preferido”.
Para Sherr (1989) las pérdidas producen “desorden psicológico”, ya
que generan dolor y pérdida del control; sin embargo, resulta mejor
enfrentarlo que ignorarlo, ya que no se puede borrar ni hacer a un
lado. Y, por el contrario, se le hace frente se puede integrar,
aceptar e incluso volverse productivo.
Las pérdidas y los duelos, se viven de maneras muy distintas. Cada
persona experimenta su duelo, de acuerdo a los significados,
emociones y cogniciones que estos le representan. De hecho, no
existe un acuerdo en cuanto a la duración del duelo, es difícil
precisar un lapso determinado de tiempo, ya que también influye el
tipo de pérdida, y las características individuales de cada caso.
El enfrentamiento con la pérdida da lugar a muchos cambios en la
persona, surgen nuevas interrogantes así como una visión diferente
de la vida, donde se plantean nuevas expectativas y prioridades. En
muchas ocasiones es necesario realizar una nueva reestructuración de
la vida en el tiempo presente, una nueva comunicación con los seres
queridos e incorpora el aprendizaje de las experiencias pasadas.
DUELO PATOLÓGICO-
SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO
¿QUÉ PODEMOS HACER POR
UN VIUDO/A?
ALGUIEN QUIERE LO QUE TU TIENES, ALGUIEN TIENE LO QUE
TU QUIERES.
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