De Estados Unidos viene el famoso
nombre de los "terrible two" para esta etapa, los "terribles dos
(años)". Es que la mayoría de los papás estaría de acuerdo en
describir el inicio de esta etapa de independencia como la edad de
los berrinches. El chico quiere hacer casi todo por sí mismo, y la
mamá se impacienta. O se atemoriza, porque ese "querer hacer"
implica un riesgo, como el vivido por Tomás, quien peleaba por ser
él quien cerrara la puerta del auto. ¿Dónde está el límite?
Marina se había entusiasmado al ver
los primeros intentos felices que había hecho su bebé, Bautista,
para levantarse solito y caminar: "Me sentí orgullosa de verlo pasar
de arrastrarse a gatear y ahora caminar", recuerda. "Pero pronto
choqué con la realidad de que ese pasaje me iba a demandar todo tipo
de cuidados". Es que con la caminata los bebés experimentan los
primeros signos de independencia importante en sus vidas. Ahora
pueden llegar al enchufe, quieren explorar los aparatos
electrónicos, tiran del cable o del mantel de la mesa, desenrollan
felices el papel higiénico... Por primera vez, el orgullo por las
pequeñas proezas del niño se transforma en urgente necesidad de
poner disciplina en algunos campos. Porque, junto con esa sensación
de libertad, el niño no quiere que se lo contradiga y no está muy
dispuesto a aceptar los límites.
¿Por qué poner disciplina en
la crianza del bebé?
Ante todo, la disciplina ayudará al
niño a distinguir que hay cosas que están bien y otras que están
mal. Y que no da lo mismo. "Aun cuando falta mucho tiempo para que
lo comprenda completamente, es ahora (alrededor del décimo mes)
cuando se le debe empezar a enseñar con el ejemplo y la guía",
opinan las autoras de "Todo sobre el primer año de tu vida",
Eisenberg, Hathaway y Murkoff .
También, disciplinar es importante para sembrar en el niño las
semillas del autocontrol.
Poner límites es enseñarle al niño a
respetar a los demás, de modo que pueda superar con éxito el paso
del egocentrismo propio del bebé a ser un niño y un adulto
comprensivo y tolerante
Por último, poner límites es útil
para proteger al propio niño- ya que la falta de dichos límites
puede ser fuente de inseguridad y ansiedad.
¿Cómo poner límites?
Poner límites o disciplinar no debe
estar asociado a "reglas" o castigos. La palabra "disciplina", en
realidad, está derivada de un término latino que significa
"educación". Por eso, las conductas que cada familia tome para
marcar los límites deben estar guiadas por el deseo de hacer un bien
futuro para sus hijos. Es importante que el bebé sienta en cada "no"
que sigue siendo amado por sus padres, aun cuando su conducta sea
censurable en ese momento.
Una forma de distinguir estas dos
cosas es evitar frases que, en lugar de marcar la negatividad del
acto, rotulan al chico: no decirle "fuiste malo" sino "hiciste esto
mal", por ejemplo.
"La disciplina eficaz tiene que ser
individualizada", afirman Eisenberg, Murkoff y Hathaway. Si hay más
de un niño (o más hijos), hay que respetar sus personalidades
buscando el mejor modo de llegar a unos y otros con las
observaciones sobre su conducta. El bebé que se asusta cuando se le
eleva la voz, no necesitará más que firmeza para marcar el límite.
Aquel que es desenfadado e indiferente, precisa signos más
evidentes.
Hay que tener en cuenta las
circunstancias. Un chico que habitualmente necesita advertencias
enérgicas, puede sentirse abatido si está cansado o molesto por
alguna razón (el corte de dientes o la reacción de una vacuna, por
ejemplo).
La constancia es importante. Si hoy
está prohibido subirse a un mueble, pero mañana se le permite; si
lavar las manos era obligatorio un día pero otro no, el bebé aprende
que no hay orden en el mundo que lo rodea. Si los papás no son
coherentes cada día, el bebé no creerá en las nuevas órdenes que se
le den. Tener en cuenta que la memoria de los niños es muy limitada.
Es preciso repetirles las órdenes para que los "sí" y los "no"
queden fijados. Y no sobrecargarlos de negativas, para no frustrar
su independencia.
Corregir y recompensar es mejor que
castigar. Un niño pequeño no podrá asociar fácilmente un castigo con
el hecho que generó el mismo.
Necesidad de límites
Los niños de todas las edades
necesitan control y orden. Como no pueden gobernarse a sí mismos
todavía, verse sin control los asusta. Los límites que los padres
fijan son para ellos puntos de referencia y de apoyo seguro, que le
darán confianza mientras exploran y crecen. Por eso, las autoras del
libro "Todo sobre el primer año de tu hijo", sostienen con firmeza:
"Extender demasiado esos límites, con el pretexto de que "apenas es
un bebé", no es justo ni para el niño ni para aquellos cuyos
derechos se vulneran. Una tierna edad -al menos a partir de los diez
meses- no ha de significar disponer de carta blanca para que tire
del pelo al hermanito o rompa la revista que mamá todavía no ha
leído".