¿CÓMO CORREGIR A MI
HIJO ADOLESCENTE?
Cuando
corrijas a tu hijo adolescente debes examinar previamente si no eres
tú en parte responsable de aquello que pretendes corregir.
Corregir no es una tarea fácil y menos
aún cuando los hijos son adolescentes: porque el adolescente tiende
a enjuiciarlo todo, todo lo critica y rechaza a menudo las
correcciones de sus padres como una injerencia en su vida.
No obstante, los padres tenéis el deber de corregir. De ayudar al
hijo a quitar sus defectos y desvelar la riqueza de su forma de ser
y entender las cosas. De ayudarle a ser él mismo pero cada día un
poco mejor. Pero para que la crítica en la familia sea positiva
conviene adoptar una serie de reglas:
- En primer lugar, la crítica y la corrección debe combinarse con el
uso frecuente de elogios. Es decir, debes ser capaz de ver también
lo que tu hijo hace bien y decírselo. Por muy desastre que te
parezca tu hijo, seguro que tiene también valores positivos que
debes esforzarte en reconocer.
- Además es necesario corregir con mucho cariño. Por tanto la
crítica debe ser serena y ponderada, sin precipitaciones y sin
apasionamiento. Cuidadosa, sin ironía, sin sarcasmo, como se corrige
a un amigo.
- En tercer lugar, cuando corrijas a tu hijo adolescente debes
examinar previamente si no eres tú en parte responsable de aquello
que pretendes corregir. Cuando uno empieza por reconocer su propia
culpa es más fácil que el corregido vea nuestro consejo como una
ayuda y no como una acusación.
- En cuanto a la forma de corregir no debes intentar atajar todos
los defectos de una vez. Será necesario corregir poco a poco, y a
solas, ya que corregirle en público puede resultar humillante. Sin
comparar con sus hermanos, sus primos u otras personas, él es él y
también tiene sus virtudes.
- Debes asimismo ser prudente y no juzgar sin escuchar sus
argumentos. Como en los juicios, el bien debe ser supuesto y el mal
debe ser probado. En un clima de confianza, aun a riesgo de que te
engañen. Eligiendo bien el momento para corregir cuando ambos estéis
lo suficientemente tranquilos para hablar y para escuchar.
Poniéndote en su lugar e intentando comprender sus razones.
- Y además centrarte en el tema: no hay nada más negativo que
emplear frases como «Tú nunca me haces caso». «Siempre estás
fastidiando». «Nunca entiendes nada»... Además de negativas, seguro
que no son ciertas. La corrección debe ser específica y concreta:
sin exageraciones, sin generalizaciones, sin sacar la «lista de
agravios» a la menor ocasión.
- Finalmente debes saber perdonar y confiar en tu hijo, dándole
tiempo para mejorar y oportunidad de enmendarse.
ALGUIEN QUIERE LO QUE TU TIENES, ALGUIEN TIENE LO QUE
TU QUIERES.
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