CÓMO AGRADAR A LOS
SERES QUERIDOS
A menudo, debido al ritmo de vida
que llevamos o a la errada creencia de que el afecto se
sobreentiende y no necesitamos expresarlo, descuidamos las
relaciones
“La confianza da asco” reza un viejo
proverbio español, en referencia a la humana tendencia a confundir
la familiaridad o la cercanía con una persona, con nuestro presunto
derecho a hacer, decir, omitir o plantear lo que se nos antoje sin
tener en cuenta los deseos, necesidades y sentimientos del otro.
Esto suele aplicarse a casos como las
relaciones de pareja, en el que uno de los miembros, en general el
masculino, suele descuidar su aspecto, buenos modales y atenciones
con su persona amada. “Ya sabes que te quiero, no necesito
decírtelo”, suele escucharse decir a este tipo de hombres.
Ocurre cuando el vínculo se ha
formalizado o entrado en la convivencia, y han quedado atrás los
apasionados tiempos del noviazgo, durante el cual cada uno ponía el
máximo empeño en seducir y atender a la persona que deseaba
conquistar, y que una vez conquistada comenzó a pasar a segundo
plano.
Pero lo de “la confianza da asco”
también refleja la actitud que tenemos con la gente querida que nos
rodea –familiares, amigos, compañeros de trabajo- a quienes dejamos
de prodigar nuestras caricias, tanto físicas (por medio del tacto y
el contacto), como verbales (a través de expresiones y palabras
cariñosas).
Esto afirma el psicólogo y
risoterapeuta José E. Fernández, quien dirige el Centro Joselías de
Terapias y recuerda que “a menudo nos “olvidamos” de agradar o mimar
a quienes nos rodean porque se supone que ya saben que los queremos
y no hace falta demostrárselo. Hacerlos sentir bien, nunca está de
más”.
Una actitud tierna hacia los demás
Según este experto, “la ternura es
una expresión con la que se halaga a los demás y se recibe cariño de
ellos de forma altruista.
Es una actitud hacia el otro, que
nace del sentimiento de respetar y mimar a las personas que
queremos, sin esperar nada a cambio”.
“Regalamos afecto a nuestra gente
querida cuando tenemos hacia ellos una actitud de comprensión,
tolerancia y tacto en nuestra relación y nos manifestamos de una
forma atenta y cortés”, señala el psicólogo, que recuerda que se
puede dar afecto a través de las palabras, los gestos, las acciones
y los mimos y caricias.
Para expresar nuestro afecto y
agradar a quienes más queremos pero a veces olvidamos, Fernández
aconseja “transmitir calidez y amabilidad en la conversación,
haciendo que la comunicación provoque en la otra persona respuestas
cálidas y amables, y dándole tiempo para que se explique tan
ampliamente como necesite”.
“Nuestros gestos hacia quienes
queremos y apreciamos deben ser suaves y tiernos. Una palmada o un
gesto de reconocimiento manifiestan que quien la recibe nos importa.
Una sonrisa de complicidad ayuda a percibir una cercanía
desinteresada”, señala.
Según el psicólogo, “cuando somos
pequeños dejamos que nos mimen y nos hagan arrumacos, pero a medida
que crecemos no permitimos que nos los hagan, ni los hacemos a los
demás, porque los asociamos a algo ridículo e infantil.
Hemos de recuperar la capacidad de
realizar y permitirnos recibir esos gestos llenos de ternura”.
Por otra parte, asegura, “al alcanzar
la adultez dejamos de expresar la ternura con caricias a los demás,
porque lo consideramos “cursi”, o no nos dejamos acariciar por
pudor, pero a la mayoría nos gusta que nos acaricien. De nuevo,
hemos de intentar volver a la infancia, cuando dábamos y recibíamos
el contacto físico con menos pudor y más honestidad”.
“Una mirada, llamada telefónica,
sonrisa o palabra amables, un dulce, ceder el asiento, un pequeño
regalo, una carta afectiva.... Son muchas las acciones con las que
podemos demostrar al otro que le tenemos en cuenta y que tiene un
gran valor como ser humano para nosotros”, finaliza Fernández.
ALGUIEN QUIERE LO QUE TU TIENES, ALGUIEN TIENE LO QUE
TU QUIERES.
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