APRENDER A TOMAR
DECISIONES
Frente a una
situación desconocida o cargada de emoción, la mayoría de las
personas dejan de razonar y tienen reacciones instintivas que no son
beneficiosas.
Un grupo de niños de 8 años juega en
el aula con cubos de colores que se ajustan entre sí. Ésta podría
ser una escena de juego en casi cualquier escuela del mundo. Pero en
ésta, en Stuttgart, Alemania, en realidad los alumnos están
recibiendo su primera lección sobre razonamiento probabilístico. Los
cubos representan los atributos de los niños – cubos rojos para las
niñas y azules para los varones; un cubo amarillo adosado a uno rojo
para las niñas que usan anteojos, un cubo verde unido a uno azul
para los varones que no usan anteojos. Los alumnos tienen así una
representación simbólica de sus compañeros como grupo. Al juntar los
cubos en diversos recipientes- el de las niñas y el de los varones,
el de los que usan anteojos y el de los que no los usan- se
comienzan a dar cuenta de las probabilidades, en este caso de que un
niño use o no anteojos. Es un juego que no es del todo juego -sin
embargo los niños están interesados.
Se trata de un experimento diseñado
en 2005 por Elke Kurz-Milcke del
Institute of Mathematics and Computing en Ludwigsburg,
Alemania, con la idea de que lo mejor es aprender lo más temprano
posible. Enseñar a niños a ocuparse de frecuencias y probabilidades
los ayuda a prepararse para las complejidades e incertidumbres del
mundo actual y puede contribuir a que tomen decisiones acertadas
durante el resto de sus vidas.
Gerd Gigerenzer, psicólogo del
Max Planck Institute for Human
Development en Berlín acuerda con esto “A comienzos del siglo
XXI, casi todos los que viven en una sociedad industrial saben leer
y escribir, pero no saben cómo comprender la información sobre los
riesgos e incertidumbres en nuestro mundo tecnológico” señala. A
principios de 2009, Gigerenzer inauguró el Harding Center for Risk
Literacy en el Max Planck Institute para tratar de corregir esta
situación. Gigerenzer y su equipo de cinco científicos tienen un
doble objetivo. El primero es investigar cómo las personas perciben
el riesgo y el segundo es mejorar las aptitudes estadísticas y de
toma de decisiones a través de programas educativos. Gigerenzer está
convencido de que se puede enseñar a las personas a mejorar sus
aptitudes para la toma de decisiones.
Sin embargo, estas ideas son
polémicas. “Hay una gran división entre los investigadores,”
manifiesta Dan Kahan, quien estudia la percepción del riesgo en la
Yale Law School en New Haven, Connecticut. Señala que muchos
especialistas, sobre la base de las investigaciones existentes,
creen que la población nunca será capaz de tomar la mejor decisión
basada sobre la información científica disponible.
Por lo tanto, opina, “la toma de decisiones de riesgo se debe
concentrar más en instituciones alejadas de la política” que deben
orientar a la población al presentar la información de manera más
adecuada.
Ambas partes, sin embargo, acuerdan
en que la toma de decisiones incorrecta es generalizada y afecta el
bienestar general. Frente a una situación desconocida o cargada de
emoción, la mayoría de las personas dejan de razonar y tienen
reacciones instintivas que no son beneficiosas. Recordemos los
temores tan difundidos en los últimos 10 años en Gran Bretaña y los
Estados Unidos sobre el posible vínculo entre el autismo y la vacuna
triple viral. A pesar de la falta de datos sólidos sobre esa
asociación, muchos padres prefirieron no vacunar a sus hijos, lo que
llevó al aumento de los casos de sarampión que podría ser mortal.
También en las cuestiones ambientales hay opiniones exageradas sobre
ciertos riesgos. Por ejemplo, los temores persistentes sobre los
peligros de las cosechas modificadas genéticamente en Europa, a
pesar de estudios que muestran que los riesgos son considerablemente
menores de lo que se cree.
Aún aquellos de los que cabría
esperar mayores conocimientos, como los médicos, los periodistas
médicos o los financistas, con frecuencia caen en las mismas trampas
que los demás. En un experimento, Gigerenzer pidió a 160 ginecólogos
que interpretaran estadísticas básicas sobre las probabilidades de
que una mujer padeciera cáncer de mama cuando su mamografía era
patológica. Sólo el 21% respondió correctamente.
El problema, según muchos
investigadores en neurociencia cognitiva y psicología, es que se
emplean dos sistemas cerebrales para tomar decisiones. Uno es
instintivo - opera desde el inconsciente y a menudo es manejado por
las emociones. El otro es conciente y racional. El primer sistema es
automático, rápido y muy eficaz en situaciones tales como caminar en
una calle con mucha gente, lo que exige integrar información
compleja de manera casi instantánea y ejecutar acciones muy
practicadas. El segundo sistema es más útil en situaciones
novedosas, tales como decidir sobre un plan de ahorro, lo que exige
un análisis deliberativo.
Desafortunadamente, el primer sistema
se suele imponer, aún cuando la deliberación podría haber sido más
útil.
Es por ello que muchos investigadores
piensan que es muy difícil intentar mejorar la toma de decisiones a
través de la educación, donde predomina el sistema racional.
Dos de los escépticos más
sobresalientes son Richard Thaler y Cass Sunstein, conocido
economista el primero y profesor de Harvard y director de la Oficina
de Información y Asuntos Normativos de la Casa Blanca el segundo. El
libro de Thaler y Sunstein “Un pequeño empujón” (Nudge,
2008) insta a los gobiernos y las instituciones a dirigir las
opciones de las personas de manera que mejoren sus vidas – enfoque
al que ellos llaman “paternalismo libertario”.
Algunos ejemplos son incorporar
automáticamente a las personas a los programas de donación de
órganos a menos que opten específicamente por negarse; programas
para disminuir el embarazo adolescente en los que las niñas reciben
un dólar por cada día en que no se embarazan. En general, la idea de
este enfoque es brindar incentivos y presentar la información de
manera que aumente las probabilidades de que las personas tomen
decisiones con buen criterio.
Gigerenzer está de acuerdo en mejorar
la forma de presentar la información, por ejemplo mostrar las
estadísticas de salud de manera más clara para el médico y para el
paciente. Pero no acuerda con los que emplean exclusivamente el
enfoque de Thaler y Sunstein, que no confía en la capacidad de las
personas para aprender y razonar por sí mismas.
Algunos, señala, atribuyen todas las decisiones incorrectas a
procesos mentales que las personas no pueden controlar. Sostiene que
numerosos indicios indican que se puede aprender a rediseñar la
mente- o al menos aprender ardides cognitivos que contribuyan a que
se puedan reconocer y compensar sus tendencias.
En la década de 1980, por ejemplo,
Richard Nisbett y colegas, de la Universidad de Michigan en Ann
Arbor, descubrieron que media hora de entrenamiento en razonamiento
estadístico mejoraba significativamente la capacidad de racionalizar
los problemas cotidianos.
Daniel Kahneman de la universidad de
Princeton y ganador del premio Nobel en economía por su trabajo de
vanguardia sobre la psicología de la toma de decisiones, apoya de
manera cautelosa el optimismo de Gigerenzer sobre la educación. “La
intuición rige la toma de decisiones,” indica Kahneman.
Sin embargo, señala que es posible mejorar el pensamiento crítico a
fin de poder detectar mejor cuándo se podría cometer un error, para
prevenirlo o corregirlo.
Investigadores hallaron que uno de
los ardides cognitivos más eficaces es estudiar el problema desde la
perspectiva de un extraño; considerar lo contrario de cualquier
decisión que se esté por tomar y sopesar múltiples opciones
simultáneamente en lugar de aceptar o rechazar una a la vez .
Jonathan Baron, de la Universidad de Pennsylvania, y otros
investigadores hallaron que algunas personas logran esto mucho mejor
que otras. Una clave sobre el origen de las diferencias surge de las
matemáticas. Las personas con aptitudes de razonamiento numérico
pueden interpretar mejor los datos sobre situaciones de la vida
real, como el funcionamiento y la calidad de los hospitales y los
seguros de salud.
Ellen Peters, de Decision Research en
Oregon, señala que aquéllos que emplean los números más eficazmente
para la toma de decisiones lo hacen porque otorgan importancia
emocional a los números y consideran que de alguna manera
representan la realidad –lo que se conoce como “significado
afectivo”.
Esto es lo que su colega Paul Slovic
denomina “aprender a sentir los números”. Es partidario de enseñar a
los niños a manejar los números dentro de un contexto, desde que
aprenden a contar. Por ejemplo, los docentes deberían describir el
número 10 como algo tangible –como ser 10 cucuruchos de helado – de
modo que los niños puedan recordar el número en relación con el
mundo real.
La meta de Gigerenzer es que estas
ideas formen parte de la educación integral. Gran parte de su
trabajo educativo está dirigido a los adultos que afrontan el riesgo
en sus vidas profesionales. (médicos, periodistas y otros grupos de
especialistas). “Tenemos toda una sociedad, incluidos los jueces y
los médicos, que no está recibiendo preparación para el mundo
tecnológico moderno que abarca muchas clases de riesgos,”
manifiesta.
La clave, dice, es que las escuelas
enseñen problemas estadísticos del mundo real - por ejemplo,
calcular las probabilidades de que alguien con prueba de VIH
positiva tenga realmente el virus o comparar los peligros de ir en
moto en diferentes países. “Nuestro objetivo es que la estadística
no se enseñe como una disciplina matemática, sino como una
disciplina de resolución de problemas,” dice Gigerenzer.
Gigerenzer ha tenido cierto éxito: en
muchos estados alemanes actualmente es obligatorio comenzar a
enseñar análisis de datos y probabilidades desde el primer año y la
idea también se está instalando en los Estados Unidos. “Sin
embargo”-señala Gigerenzer, en casi todo el mundo se enseñan las
matemáticas de la certeza, no de la incertidumbre.
Al final, es probable que tanto el
enfoque educativo como el “pequeño empujoncito” sean importantes, ya
que cuando se trata de tener mejores criterios, la gente- y las
sociedades - necesitan toda la ayuda posible.
“Socialmente, puede ser más útil el
“empujoncito”, pero las personas y las instituciones también quieren
pensar con más claridad,” opina Max Bazerman, de Harvard.
Sunstein actualmente es asesor del
presidente de los EE. UU. Barack Obama, con lo que su enfoque parece
estar ganando capital político. La reforma del sistema educativo
será más difícil.
Sin embargo, los niños de ocho años
de la clase de Stuttgart que mencionamos, al finalizar la escuela
estarán bien preparados para afrontar las incertidumbres del mundo
moderno.
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