LOS AMIGOS DE MI HIJO
ADOLESCENTE
Es propio de la etapa adolescente el preguntarse y cuestionar la
autoridad de los adultos en general, y de los padres y profesores en
particular.
Es
en esta edad cuando el joven se muestra más sensible con lo justo y
lo injusto, es más crítico con todo lo que le rodea, le da gran
importancia al grupo de amigos y se forman las “pandillas”, por
encima de cualquier otra relación.
Por ello es muy frecuente que con la llegada de la adolescencia y la
importancia que cobra el grupo de amigos empiecen los problemas en
casa. Los padres intentan preguntar e indagar sobre lo que hacen sus
hijos mientras están fuera de casa y sobre las amistades que tienen
y eso hace que los hijos se agobien por los continuos
interrogatorios. Y es aquí donde a menudo empiezan… ¡los conflictos
con la autoridad!
¿Qué necesita un
adolescente?
Durante la adolescencia, el joven tiene dos
necesidades básicas:
· Necesidad de afecto, de aprobación, de
reconocimiento, de aprecio de sus virtudes y de su valor personal,
de aceptación por el propio grupo…
· Necesidad de participación, en la medida en que
siente la fuerza de la emancipación, necesita la seguridad que le
proporciona el grupo.
Aunque a veces no nos lo parezca los adolescentes
buscan la aprobación y el cariño de sus familiares y de las personas
que les rodean. En esta búsqueda de aprobación, tratan de encontrar
amistades con quienes compartir sus inquietudes y ponen todas sus
energías para ser aceptados.
Es muy importante no perder la comunicación con
nuestro hijos durante esta etapa, e incluso incentivarla más. Para
ello y a pesar del cambio de actitud que pueda manifestar nuestro
hijo, es importante mostrar una actitud de:
· comprensión y afecto hacia él ya que, a pesar
de los cambios, sigue necesitando de nosotros
· demostrar una sincera preocupación por lo que
le sucede
· valorar y aceptar de manera auténtica sus
capacidades
· manifestar nuestro apoyo incondicional en
situaciones difíciles para que sepa que pase lo que pase puede
confiar en nosotros
· compartir tiempo, experiencias y charlas con
él, también sobre nuestras preocupaciones
· fijar unos límites y disciplina respecto a las
actividades y horarios, de acuerdo a cada ocasión
La preocupación por las amistades
Durante este período, el adolescente se reúne con
sus amigos con los que comparte intereses comunes y en los que
buscará la aceptación por un grupo social diferente al de su familia
y con la intención de encontrar respuestas a sus inquietudes. Para
ello se relaciona con un grupo de chicos-as de su misma edad, que
hablan un lenguaje similar al suyo y que comparten con él un interés
por modificar valores y actitudes familiares y sociales que le
parecen inapropiadas. Su grupo de amigos tiene gran importancia para
él, y a su vez, el grupo ejerce una gran influencia en las
decisiones que puede tomar, aunque no siempre sean las más adecuadas
para su desarrollo emocional.
Es evidente que a los padres les preocupa, la clase
de amigos que eligen sus hijos y este es un punto de fricción de las
relaciones entre padres e hijos ya que los padres casi nunca ven con
buenos ojos las amistades de los hijos, tal vez porque intuyen que
pueden llegar a tener tanto peso como ellos. Durante la adolescencia
los padres se preocupan cada vez más por las influencias que se
ejerzan sobre las vidas de sus hijos. Para evitar situaciones no
deseables para el joven (desde el susto de una fuga del hogar hasta
la caída en la drogadicción, o un embarazo no deseado) vale la pena
hacer un esfuerzo por conocer a los amigos de nuestros hijos y ser
conscientes del tipo de jóvenes con los que se relaciona. Una buena
manera es darles facilidades para que hagan reuniones en la propia
casa para que puedan charlar con intimidad, escuchar música, tomar
sus bebidas favoritas, ver una película…. El hijo adolescente que
está a gusto con su familia trae a sus amigos a casa.
Es importante no mantener al hijo bajo permanente
vigilancia pero tampoco descuidarse, lo ideal es mantener una
atención que parezca indiferente pero que nos procure suficiente
información sobre la clase de amigos con los que se relaciona.
La importancia de pertenecer a un grupo
En el grupo, el adolescente busca la seguridad,
cuanto más indefenso se sienta más buscará a los otros e intentará
identificarse con ellos, incluso sacrificando algunas de sus propias
creencias o rasgos personales. El grupo le permitirá reafirmarse
pues puede olvidar sus actitudes defensivas o su temor a ser
incomprendido puesto que todos sienten y piensan lo mismo. Además en
el grupo se le toma en serio.
Entre los componentes del grupo, los adolescentes
tienen la impresión de comportarse y vivir como adultos, de ser
adultos y vivir en su propia “sociedad” con sus reglas.
Protegiéndose y cobijándose los unos a los otros se
sienten fuertes e independientes, no hay nada que no puedan hacer en
grupo, mientras que solos se pueden sentir desgraciados frente al
mundo de los adultos. El problema puede venir cuando el grupo que le
ofrecía al adolescente un marco de seguridad que le permitía avanzar
en la maduración de su personalidad, entorpece su salida de este
limitado contexto social. En vez de ser el trampolín donde el joven
se lanza a la vida, se convierte en su refugio y el medio para huir
de su responsabilidad. La dependencia al grupo conlleva, algunas
veces, la renuncia de los propios ideales o de la propia forma de
pensar del adolescente.
Los grupos son temporales y es normal que el
adolescente salga de él para comprometerse en relaciones personales.
Aunque evidentemente siempre habrá adolescentes que dediquen su
tiempo y energía a unos ideales de actividad de grupo, en
asociaciones de ayuda social, ecologista, …
El fenómeno de la pandilla
La pandilla es una institución social más seria que
el grupo, con unas reglas, objetivos, y jerarquías… A ella acude el
adolescente también en busca de seguridad. Pero en ella el chico
encuentra una compensación a sus sentimientos de inferioridad. En la
“pandilla” se le proporcionará estima, afecto, y todo el calor que
le haya faltado hasta entonces.
El adolescente que no tiene unos padres en quien
identificarse, ni un núcleo familiar estable en el que cobijarse,
busca en la pandilla una nueva familia que satisfaga sus
necesidades. Para el adolescente no problemático, la época de estar
en grupo sólo representa un momento de su evolución hacia la madurez
y la autonomía. Por el contrario, para el chico problemático, la
pandilla es el punto de llegada y no irá mucho más lejos.
Es interesante resaltar que la “pandilla” suele
formarse con jóvenes del mismo sexo, aún cuando la atracción por el
opuesto coincida con ésta etapa, y esto es consecuencia de la
reafirmación que busca el adolescente, alejándose de la comunicación
parental, y vertiéndola casi exclusivamente en los amigos. Más tarde
los grupos de amigos empiezan a ser mixtos, también con la
existencia de un líder, para pasar a continuación a la formación de
parejas.
¿Pueden los amigos desplazar a los padres?
En apariencia si. Las amistades permiten un
alejamiento parcial de los padres y un primer paso hacia la
independencia. Algunos padres se resisten a este alejamiento,
quieren seguir siendo imprescindibles y usan la autoridad de forma
arbitraria, intentando dominar al hijo que parece írsele de las
manos. Pero el nacimiento de la amistad en la adolescencia supone
que la familia no es ya la única influencia importante en la vida de
los hijos sino que los amigos influyen tanto o más que los padres, y
esto puede ser motivo de conflictos. Pero los amigos de los hijos
también pueden ser elementos colaboradores en la acción educativa de
la familia.
Los hijos adolescentes siguen necesitando a sus
padres, aunque no sean conscientes de ello o aunque no lo
reconozcan. Es preciso concederles oportunidades para que puedan
hacer con sus padres algunas de las cosas que hacen con sus amigos:
opinar, aconsejar, hablar de cualquier tema con libertad, ayudar…
Muchos padres intentan que sus hijos les confíen sus preocupaciones
personales sin que ellos les hayan hablado nunca de sí mismos. Otros
padres dan muchos consejos sin pedir ninguno a cambio, olvidan que
la razón fundamental de la amistad es la reciprocidad.
Lo más importante y, a su vez, lo más difícil es
lograr el equilibrio en la relación padres- hijos adolescentes.
¿Se puede ser amigo de nuestro hijo
adolescente?
Es difícil pero no imposible, los amigos comparten
intereses, inquietudes y sentimientos. Por ello, la amistad entre
adultos y adolescentes es difícil pues tienen objetivos y
preocupaciones distintas. Además hay que tener en cuenta que una
cosa es tener una vía fluida de comunicación, en ambas direcciones,
basada en la confianza y otra cosa es querer atribuirnos las
cualidades de la amistad, reservadas para los que son de una misma
generación.
Los adolescentes sienten admiración por los adultos
que son coherentes en su comportamiento habitual. El adulto necesita
tener prestigio entre los adolescentes, porque la admiración es una
vía necesaria para acercarse al chico. Pero ello no es suficiente.
Se necesita también saber adaptarse al mundo de los adolescentes y
respetar su manera de ser.
La clave para conseguir una buena relación entre
padres e hijos está en la confianza, fiarse de los hijos es una
condición indispensable para que los hijos se fíen de los padres y
les hablen de sus cuestiones personales.
Para conseguir esta comunicación
padres-hijos es necesario:
· Dedicar tiempo a estar juntos, compartiendo
alguna actividad y conversando sobre ello (acompañarles a sus
partidos o actividades extraescolares, a clase, yendo juntos al
teatro o al fútbol).
· Compartir alguna preocupación personal con tu
hijo y pidiéndole su opinión (temas al alcance de su nivel
madurativo: problemas de trabajo, de salud…)
· Respetar su intimidad y sus silencios, sin
intentar hacerle hablar de algo que no quiera. No presionarlo y
mantenerse receptivos para que el joven sepa que puede contar con el
apoyo de los padres.
ALGUIEN QUIERE LO QUE TU TIENES, ALGUIEN TIENE LO QUE
TU QUIERES.
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