¿Llega el narcoterrorismo a México?
Sebastián Marroquín,
hijo del conocido narcotraficante colombiano Pablo Escobar,
cabecilla del cártel de Medellín, relató a principios de este año
que el primer coche bomba en la historia de Colombia explotó el 13
de enero de 1988 afuera de su casa.
El artefacto no produjo víctimas
mortales pero, además de romper "los vidrios de todas las viviendas
de Medellín en un kilómetro a la redonda", provocó la ira de
Escobar.
Ese ataque contra su familia,
aparentemente perpetrado por el rival
cártel de Cali, hizo que
el narcotraficante ordenara "la explosión de más de 200 bombas por
todo el país hasta casi lograr la claudicación de todos los poderes
del Estado frente al poder del narcotráfico", escribió Marroquín en
un artículo para la revista Expansión.
Ciudad Juárez,
Chihuahua, en el norte de México,
registró el 15 de julio pasado el primer atentado con coche bomba en
la historia de la localidad.
El analista
Jorge Luis Sierra, experto
en temas de seguridad, afirmó que no es el primero en el país. Uno,
que fue atribuido a la guerrilla del
Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN), pero reivindicado por el grupo
guerrillero Partido Revolucionario
Obrero Campesino Unión del Pueblo (PROCUP), estalló el 8 de
enero de 1994 en un centro comercial de la Ciudad de México, sin
causar muertes.
En junio de ese año, el cártel de los
hermanos Arellano Félix
colocó uno enfrente del hotel Camino
Real de Guadalajara, en el estado de Jalisco, con la finalidad
de matar a su rival, Ismael
El Mayo Zambada, aunque
el artefacto detonó antes de tiempo.
El ataque en Ciudad Juárez, en el que
murieron cuatro personas, fue atribuido por el gobierno federal a
una reacción de La Línea, brazo
armado del cártel de Juárez,
tras la captura del sicario Jesús
Armando Acosta Guerrero,
El 35.
Al día siguiente, a través de la
Procuraduría General de la
República (PGR), el gobierno mexicano negó que el atentado
con coche bomba se tratara de un acto de
narcoterrorismo.
Y el domingo, un graffiti
presuntamente escrito por miembros del
cártel de Juárez sobre un
muro de la localidad, advirtió de ataques similares si Estados
Unidos no investiga los supuestos vínculos entre la
Policía Federal mexicana y
los narcotraficantes.
Los objetivos del
narcoterrorismo
Jaime Libreros,
experto en seguridad de la
Universidad Externado de Colombia, señaló que, en la época
de Escobar, Colombia vivió un fenómeno de narcoterrorismo, pues los
cárteles buscaban "un cambio en el control político; no se trataba
sólo de que la autoridad dejara de perseguir a los criminales, el
objetivo era crear un nuevo modelo político manejado por
narcoterroristas".
"En México, en cambio, los cárteles
no van en busca de un nuevo modelo político, lo que defienden es su
estilo de vida. A través de la violencia pretenden que la autoridad
los deje seguir traficando; que nos los extraditen y que su dinero
esté seguro", dijo Libreros a CNNMéxico.
A diferencia de Libreros, la
investigadora Vanda Felbab-Brown,
del Instituto Brookings,
con sede en Estados Unidos, cuestionó el concepto de
narcoterrorismo para definir lo
vivido en Colombia durante la década de 1980, pues consideró que no
explica la realidad.
Los narcotraficantes "no tienen una
agenda ideológica; quieren control político, poder, que los
políticos no los molesten, pero no quieren tirar el sistema o tomar
el país", mencionó.
La especialista en narcotráfico dijo
a CNNMéxico que el nivel de violencia en la Colombia de los años 80
era "peor en muchos sentidos" al que vive México actualmente.
“Los narcotraficantes trataban
sistemáticamente de asesinar jueces y fiscales, y mataron a varios
cientos de ellos; aún no vemos eso en México”, señaló.
Ambos expertos coincidieron en que lo
que sucede en México no puede ser calificado de
narcoterrorismo, ya que los
cárteles mexicanos
recurren a actos violentos para eliminar rivales, efectuar ajustes
de cuentas, demostrar a la sociedad que la policía es vulnerable e
inhibir que la ciudadanía los denuncie.
De acuerdo con Libreros, actos como
el coche bomba de Ciudad
Juárez o los mensajes en mantas o bardas dejados en el estado de
Tamaulipas no cumplen con
los tres elementos que caracterizan al
narcoterrorismo: perseguir un
objetivo político, reivindicar
causas sociales y legitimar las actividades criminales.
Para Sierra, sin embargo, aunque el
narcotráfico no persigue un fin ideológico, el ataque "es terrorista
en la medida que es un acto que busca modificar la voluntad del
enemigo y de la sociedad", un componente de una "guerra
psicológica" que intenta generar miedo y que tuvo
repercusión nacional.
México y Colombia, casos
distintos
Felbab-Brown dijo que el
contexto en el que el gobierno colombiano combatió al narcotráfico
en los 80 era distinto al de México en la actualidad. En Colombia,
por ejemplo, había fuertes grupos
paramilitares que no existen en México.
Además, "un punto clave en la lucha
del gobierno colombiano fue que logró desmantelar a la mayor parte
del cártel de Medellín con
ayuda de su rival, el cártel de Cali, que creía que de esa manera se
quedaría con el mercado de las drogas".
"En buena medida esa ha sido la
estrategia del gobierno mexicano: perseguir y arrestar a grandes
narcotraficantes; la diferencia es que en México hay muchos más
cárteles a los cuales hacerles frente", agregó.
Sierra también desconfió de las
comparaciones entre México y Colombia. "Son situaciones distintas",
dijo, porque en Colombia había grupos paramilitares y los
narcotraficantes mexicanos
tienen mayor poder de fuego y áreas de influencia que los
colombianos de los 80.
"México no ha podido reducir la
fuerza del narcotráfico; ha detenido a mandos medios, a algunos
mandos altos, pero el narcotráfico ha demostrado gran capacidad para
suplirlos", sostuvo Sierra.
Ante esa incapacidad, explicó, "cada
gobierno mexicano ha priorizado la lucha contra el cártel que le
representa más riesgo para la
seguridad nacional".
Así, mientras en el sexenio de
Felipe Calderón el combate
se ha centrado en los cárteles del Golfo y de los hermanos
Beltrán Leyva, en el de
Vicente Fox (2000-2006) se
ubicó en el de los hermanos
Arellano Félix.
Felbab-Brown dijo que algunos
factores que ayudaron a Colombia a combatir el narcotráfico fueron
las reformas policial y judicial, aunque ella y Sierra dudaron que
México esté en posibilidades de aplicar soluciones similares, por la
debilidad de sus instituciones.
El sistema de justicia de México es
ineficaz y la corrupción
es un problema que padecen los cuerpos policiales, ejemplificaron.
La especialista señaló que hechos
como el coche bomba y las masacres
que se registran en México muestran "qué tan baratas se han vuelto
las balas y las vidas", mientras para Sierra son un reflejo no de
que México sea un "Estado fallido", sino de que “va en retroceso en
materia de seguridad y la violencia va en aumento".

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