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SISTEMA
CIRCULATORIO
El sistema circulatorio tiene
varias funciones, sirve para llevar los alimentos y el oxígeno a las
células, y para recoger los desechos metabólicos que se han de
eliminar después por los riñones, en la orina, y por el aire
exhalado en los pulmones. De toda esta labor se encarga la sangre,
que está circulando constantemente. Además, el aparato circulatorio
tiene otras destacadas funciones: interviene en las defensas del
organismo, regula la temperatura corporal
La organización funcional de un animal
superior depende de un proceso de diferenciación celular en virtud
del cual las células quedan funcionalmente especializadas y se opera
la división del trabajo fisiológico entre todas ellas. Por ejemplo,
una neurona, dotada para captar y transmitir informaciones del medio
ambiente, no se ocupa en buscar alimento, defenderse y reproducirse.
Pero necesita vivir en un medio que garantice su supervivencia. Esto
se lo producirán otras células organizadas con esos propósitos.
SISTEMA CIRCULATORIO:
Suministra a todas las células del cuerpo los materiales necesarios
para su consumo y las libera de los productos de desecho. La sangre
es el vehículo de transporte para este proceso además transportar
hormonas y otras sustancias. El corazón sirve como de bomba para
impulsar la sangre a todos los tejidos; y llega a estos por medio de
las arterias, arteriolas y capilares. Una vez realizada la misión de
recoger los productos de desecho de las reacciones bioquímicas de
las células son llevados de vuelta al corazón por medio de las
venas.
La sangre:
Está constituida por diversos corpúsculos: eritrocitos (5.000.000
por milímetro cúbico de sangre), cuya función principal es
transportar el oxígeno; leucocitos (7.000 por mm3), intervienen en
los mecanismos de defensa del organismo; plaquetas (300.000 por
mm3), permiten el proceso de la coagulación de la sangre. Además de
estos componentes hay otros como proteínas (7 por 100), sales
minerales (1 por 100) y sustancias como urea, glucosa, colesterol,
vitaminas, hormonas, etc. El volumen total de sangre en el hombre
adulto es de unos 5 litros, o sea el 7 por 100 de su peso.
Coagulación de la sangre y grupos sanguíneos:
Este fenómeno se produce gracias a una proteína que se encuentra en
el plasma, el fibrinógeno. Esta se convierte en fibrina, y esta
forma una red esponjosa que retiene el plasma y sus componentes. La
coagulabilidad de la sangre es una garantía contra las pérdidas
sufridas por hemorragias.
Los principales grupos sanguíneos son A, B, AB y O. Estos reaccionan
entre ellos debido a que algunos componentes proteicos de los
eritrocitos se comportan como antígenos para otros individuos y
reaccionan con anticuerpos de estos. Los antígenos se llaman
aglutinógenos y los anticuerpos del plasma aglutininas. Teniendo
esto en cuenta el grupo O es donante universal por no tener
aglutinógenos y el grupo AB es receptor universal por no tener
aglutininas.
El corazón:
Está formado por un tejido contráctil especial: el músculo cardíaco
o miocardio. En el corazón hay cuatro cavidades con otras tantas
válvulas. La aurícula derecha recibe la sangre venosa de las venas
cava superior e inferior y la manda al ventrículo derecho a través
de la válvula tricúspide. De ahí por una contracción pasa la sangre
por la válvula pulmonar y se dirige a los pulmones por la arteria
pulmonar para ser oxigenada. De vuelta del pulmón entra en la
aurícula izquierda por las venas pulmonares y llega al ventrículo
izquierdo una vez que atraviesa la válvula mitral. Aquí gracias a la
contracción del miocardio sale la sangre oxigenada por la válvula
aórtica hacia la aorta y esta distribuye la sangre oxigenada por
todo el organismo. Todo el miocardio queda dominado por la actividad
del nódulo seno auricular que gracias a su ritmo de autogeneración
de impulsos transmite estos a todo el corazón.
Ciclo y gasto cardíaco:
Cada 0,8 segundos nace en el nódulo S-A un impulso cardíaco. Las
aurículas se contraen y fuerzan la sangre hacia los ventrículos.
Cuando el impulso llega al nódulo A-V se provoca la contracción de
los ventrículos (sístole). Al anularse el impulso los ventrículos se
relajan (diástole) y la presión ventricular y arterial desciende.
Los cambios de potencial eléctrico en las distintas regiones del
corazón se miden por un electrocardiograma. En condiciones normales
un ventrículo expulsa unos 70 ml de sangre con cada latido, y como
el número de latidos por minuto es de unos 70, resulta que cada
ventrículo lanza a la circulación unos cinco litro de sangre por
minuto. Este es el gasto cardíaco. El gasto cardíaco se acomoda a
las necesidades del organismo. Por ejemplo, el ejercicio puede hacer
que el gasto aumente a 30-40 litros por minuto. Los mecanismos que
entran en juego para regular el trabajo del corazón son dos: el
propio corazón y el mecanismo nervioso, regulado por el simpático y
parasimpático cuyo origen está en el centro cardiorregulador situado
en el bulbo raquídeo.
Circulación vascular y presión arterial:
La sangre está distribuida por todo el sistema de tal forma que a
medida que se ramifican las arterias y las arteriolas va
disminuyendo el diámetro de los vasos; pero el área de los capilares
va en aumento. A pesar de que el área de la región capilar es mayor,
los capilares solo contienen el 4 por 100 de la sangre. La velocidad
de la sangre es inversamente proporcional al área de la sección
transversal. De modo que en los capilares la velocidad es mínima.
Por otra parte la presión en las arterias oscila entre un valor
máximo, correspondiente a la sístole ventricular, y un valor mínimo
o diastólico. La diferencia entre ambos se conoce con el nombre de
presión del pulso y en personas jóvenes normales es de 40 mm. Hg
(120-80). Si las arterias se ponen rígidas por enfermedad o edad, la
presión sistólica subiría.
Los factores entre los que determinan el valor de la presión
arterial son la actividad cardiaca y la resistencia periférica, y
esta última está en relación con el calibre de las arteriolas. La
media aritmética de la presión sistólica y diastólica es de 100 mm.
Hg. Si las necesidades del individuo reclaman un mayor riego
sanguíneo, o en el caso de que aumente la resistencia al flujo, se
hace necesario un reajuste del sistema. Un aumento de la presión
arterial lo resuelve. Pero la hipertensión cuando es de carácter
crónico constituye un proceso patológico. Por otro lado, la
vasodilatación, aunque se local, ocasiona un descenso de la presión
arterial.
Sistema linfático:
Se calcula en más de 3.500.000.000 el número de capilares. Debido a
su estructura los componentes del plasma sanguíneo son filtrados a
través de ellos con excepción de las grandes moléculas de proteínas.
El intercambio de sustancias entre el plasma y el líquido tisular se
realiza gracias a la diferencia entre la presión hidrostática y la
presión osmótica de las proteínas del plasma. También cuenta la
presión del líquido tisular y la de las proteínas de este, pero en
mucho menor porcentaje. Cuando disminuye la presión hidrostática y
aumenta la de las proteínas por mayor concentración de estas, se
permite el regreso de los componentes del plasma hacia los capilares
y el sistema circular.
Pero hay un segundo sistema de drenaje -el linfático- cuya función
principal es retirar de los espacios tisulares las proteínas en
exceso. Este sistema posee sus propios capilares linfáticos y está
provisto de válvulas que transportan la linfa en una sola dirección.
Esta desemboca en el punto de unión de las venas subclavia y yugular
derecha y pasa al sistema circulatorio general.
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Fuente
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