No, no fue en el Bar Bar, lujoso
antro que desde el caso Cabañas anda de boca en boca. Lo del portero
-también del América- Guillermo Ochoa sucedió en otro romántico pero
no menos embriagador lugar, el bar Love.
Ahí, el joven guardameta se había ido
a divertir con su actual novia, hasta que en la salida del lugar, el
otrora galán de la chica le atizó un golpe en el rostro. Un arrebato
de celos sin importancia que ya "llovió", pero que reverdeció
laureles a partir del incidente del paraguayo Salvador Cabañas,
debido a la alerta que generó la vida nocturna entre los
futbolistas.
Lo curioso es que el agresor de
"Memo" trabaja en un programa de televisión y fue la novia del
propio futbolista la que evitó que el incidente creciera.

Después, como sucede en nuestro
México, quisieron ocultar el incidente -como si se tratara de algo
extraordinario- y aseguraron que el morete que le dejó el altercado
al guardameta de la Selección Nacional lo había sufrido en un
entrenamiento.
Claro, ni modo de aceptar esa vida
nocturna que involucra a tantos deportistas y gente del espectáculo.
La sugerencia es la misma, con todo y
que se sabe que tienen todo el derecho de divertirse: crear
conciencia entre la gente del futbol, no sólo por el riesgo de
exponerse ante individuos que con algunas copitas de pronto se les
van encima -como ha ocurrido en repetidas ocasiones-, sino ante la
necesidad de ejercer una verdadera responsabilidad, como deportistas
que son, y trasladar su ejemplo a las nuevas generaciones
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