Forme una gran
"O" con los labios. Abra. Respira. Introduzca el alimento a comer.
Trate de llegar lo más lejos posible. Chupe, use su lengua, saque,
vuelva a introducir. Haga ligeros gemidos. Disfrute. Aguante a
momentos la respiración, trate de no hacer arcadas y, por supuesto,
por su bien y el de los demás, intente no vomitar. Se supone que lo
que está haciendo es sexy. No lo olvide.
¿Por qué algo que para las mujeres
puede ser incluso a veces tan automático, a ellos puede llevarlos al
paraíso? ¿Por qué no hay hombres que se resistan a ello? Les gusta,
les encanta. No hay hombre que se resista a un buen sexo oral ni
mujer que no lo haya hecho alguna vez (bueno, en su mayoría). Se
dice que un 74 por ciento de los varones han recibido alguna vez
sexo oral. Me pregunto ¿dónde ha vivido el otro 26 por ciento?
Pero, ¿qué hay de nosotras? ¿Los
hombres se han preguntado si verdaderamente nos gusta? Debo decir, y
tengo un amplio auditorio femenino que estoy segura puede
respaldarme, que en un inicio no. Tranquilos hombres, no se
espanten. Dije "en un inicio". Después, una le toma el gusto y el
placer. Para mí, por ejemplo, en la actualidad ésta es una de mis
actividades favoritas en el juego previo. Incluso a veces como única
acción.
Una aprende a regañadientes con lo
que (medio) ve en las pelis porno, lo que (medio) escucha, lo que
habla con las amigas, lo que su intuición (siempre tan sabia) le
dice que hay que hacer. Y así se lanza una al ruedo de las
felaciones, como en todo, por supuesto, sin saber demasiado.
Al final y con el tiempo, una se va
convirtiendo en una experta. Aprende que no hay que introducir
demasiado el pene o tocar la campanilla con él porque de manera
natural una tendrá una arcada (no chicos, no es que su maravilloso
pene nos dé asco, es que hay cosas de la naturaleza que simplemente
no podemos controlar), que no hay que usar los dientes nunca jamás
en ese acto y una aprende a envolverlos con los labios superiores.
Una aprende también cómo respirar aún
con algo lo suficientemente grande en la boca como para ahogarnos,
cómo evitar morder y por el contrario sólo chupar; una aprende a
jugar con el misterio, a no introducir todo a la primera, a tener
ritmo y no tener un vaivén sin ton ni son. Hacer una buena felación
es como tocar una melodía: saber los acordes, improvisar si es
necesario, disfrutar del sonido, ir en in crescendo y ver
cómo la audiencia recibe con placer nuestra obra de arte.
¿Por qué les gusta a ellos? Bueno, a
quién no le gustan las obras de arte. La felación reúne en una misma
acción lo que ellos adoran de nosotras y del sexo en general: es
fácil, da suficiente placer, permite tener fantasías, el hombre es
el que recibe en una posición que puede controlar y ella puede jugar
cierto papel de subordinación en la fantasía.
Ella lo hace y en algunas ocasiones
él conduce. Que él se venga dónde y cómo, es asunto aparte.
Dependerá de las parejas decidir hacerlo y la confianza para
beberlo, untarlo vaciarlo, escupirlo, usarlo como gel o mascarilla.
Léase el semen, por supuesto.
Y para las amantes de lo primero,
tipos de semen y sabores habrá como papilas para degustarlos. Por
eso, entre ese amor y odio de las féminas al líquido seminal, al
final todo es cuestión de práctica, de ritmo y de afinar el paladar
exquisito para convertirse en toda una sibarita deluxe.
Si una ha elegido lo primero, una
poco a poco le va tomando el gusto. Como a todo. Si hay que convivir
con eso la vida entera, qué mejor que acostumbrar la garganta
profunda desde la primera vez. ¿No?
La felación se trata de una
masturbación controlada con otras herramientas bastante útiles como
la lengua, el paladar, la saliva y, además, como si ello no fuera
suficiente, las manos. ¿¡Ahora entienden las mujeres por qué ellos
no pueden resistirse!? Si yo fuera hombre, igualmente querría a mi
chica todo el tiempo allí.
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