El chiapaneco Josué y su esposa
Fárida afirman haber sobrevivido al Apocalipsis en el terremoto de
Haití.
Josué Sánchez Gutiérrez, de 36 años;
su cónyuge Fárida Ortiz Chávez, de 29, y sus hijas Yaretshy Nicolle
y Victoria Fernanda, de 3 y 6 años, respectivamente, llegaron a
Tuxtla Gutiérrez este fin de semana, procedentes de Puerto Príncipe.
En la casa familiar de la colonia San
Juan Sabinito, recuerdan entre sobresaltos y temores, los episodios
de dolor, muerte y horror padecidos en aquel país de Las Antillas.
"Fue como una gigantesca serpiente hambrienta que surgió de la
tierra, que no pudo tragarnos", narraron.
"Pensamos en el fin del mundo con la
caída de las casas, el reguero de muertos y heridos en las afueras;
38 segundos bastaron para la muerte y la desolación", describió la
familia.
Insistieron en haberse salvado milagrosamente, ya que las
circunstancias, horas antes del cataclismo, evitaron que perecieran
bajo los escombros, como les ocurrió a miles de lugareños, agregaron

Josué, operario técnico de profesión,
cuenta que la cercanía de la fábrica embotelladora, donde trabajó
por siete años, con el aeropuerto de la ciudad, le permitió salir y
protegerse de los efectos de las réplicas del terremoto, así como de
la caída de los edificios.
Esa tarde, recuerda que Fárida y sus
dos hijas no acudieron a la escuela a recibir clases de francés,
debido a un retardo. Las instalaciones educativas cayeron y mataron
a todos sus ocupantes.
Una vez que lograron reunirse para
emprender el retorno a casa, en las afueras de la ciudad, vieron
horrorizados la magnitud del desastre natural.
"La primera sacudida que duró 38
segundos fue como si saliera debajo de la tierra una gigantesca
serpiente que buscaba devorar todo a su paso, fue un ruido seco y
espantoso que anticipó la destrucción", relató Josúe.
Enseguida, el escenario de la muerte
y el dolor.
"En el trayecto observamos filas de
muertos y heridos sobre las calles, que nos parecían interminables",
recordó el sobreviviente.
A salvo y lejos de la tragedia, la
familia de Josué y Férida celebran que estén vivos. Los festejan con
tamales, garnachas, guisos de cochito, gallina d rancho y bebidas
regionales de pozol y taxcalate