MONTERREY DERROTA
A SANTOS 5-3 Y OBTIENE CUARTO TÍTULO
Por segundo diciembre seguido, en
la ciudad de Monterrey, Chupete entregó más alegrías que Santa Claus.
Con dos golazos, Humberto Suazo se empeñó en hacer vibrar a la
afición de los Rayados, y comandó a su equipo a conquistar la cuarta
estrella de la historia, y a dar la vuelta olímpica en el Estadio
Tecnológico por primera vez desde 1986.
Con una calidad avasallante, el
chileno demolió a la frágil defensa lagunera, y se convirtió en la
gran figura del Monterrey que con total justicia goleó 3-0 al Santos
Laguna en el juego de vuelta (5-3 global) de la final del Apertura
2010, y se proclamó monarca por segunda ocasión en los últimos 12
meses.
El autogol de Davino, que dio una tenue ventaja al cuadro de La
Comarca en el juego de ida, fue a todas luces insuficiente. Y es que
Rayados borró del campo a un equipo que se quedó sin arrestos
anímicos y futbolísticos para rebelarse ante el claro dominio regio,
que de principio a fin, impuso su mejor futbol.
Una de las razones principales de que la final se haya inclinado de
un solo lado tal vez se ubique en las bancas. Vucetich, que sigue
sin perder ninguna final, dio una cátedra a Romano, que volvió a
tropezar en una instancia decisiva, lo que le ha sucedido por cuarta
ocasión.
Desde el silbatazo inicial de Armando Archundia, que se despidió del
arbitraje con una labor sólo regular, Monterrey convirtió su ataque
en un oleaje permanente que sacudía el arco de Oswaldo Sánchez.
A los 5 minutos Humberto Suazo ya había tenido dos muy claras, una
que había impactado con la zurda en el travesaño y otra en la que su
remate, nuevamente con la pierna izquierda, había sido contenido por
Oswaldo Sánchez. Para el chileno la tercera fue efectivamente la
vencida. A los 28’, tras realizar una pared con su socio Aldo de
Nigris, remató con un derechazo raso y esquinado para mandar a
guardar el balón en el fondo de la portería santista e igualar el
global a tres tantos.
En esa primera media hora de partido –en realidad era un monólogo de
Rayados- la única jugada de peligro que provocó el Santos Laguna se
produjo por una doble pifia lamentable. Duilio Davino, quien
conquistó su quinto título como profesional, quiso pasarle la pelota
a su portero y se la entregó equivocadamente a Christian Benítez. El
ecuatoriano, tal vez sorprendido por el regalo, no atinó a disparar
con dirección del marco regiomontano. Sin saberlo esa sería la única
jugada clara de gol producida por el campeón de goleo.
Benítez y Quintero fueron una sombra en toda la noche, gracias al
estupendo trabajo de la defensa regia, en donde se destacó, ahora sí
impecablemente, el pampero José María Basanta.
Para premiar su gran desempeño, el futbol le regaló al argentino la
posibilidad de marcar el 2-0, cuando con un testarazo incómodo
superó la marca de Baloy y mandó el esférico al fondo del arco de
Sánchez, luego del cobro de un tiro de esquina, cuando se jugaban
los 71 minutos.
Para redondear el gran triunfo del Monterrey tuvo que aparecer una
vez más Suazo, quien en un alarde de su gran habilidad y
contundencia marcó un gol maravilloso, en el que se fue colando a
gran velocidad entre defensas laguneros y definió con un toque suave
ante la salida de Oswaldo Sánchez, para sellar el 3-0 definitivo y
rotundo.
La fiesta ya era completa. Rayados tenía su cuarta estrella en la
bolsa y Vucetich, aquel que hace unos meses desestimó una oferta
para dirigir a la Selección, su ingreso a la elite de los
entrenadores más ganadores. Vuce, primer DT que gana dos títulos con
el Club Monterrey, llegó a cinco trofeos de liga en la Primera
División igualando a Manuel Lapuente y Javier de la Torre, en el
tercer lugar entre los técnicos más exitosos, sólo por debajo de
Raúl Cárdenas e Ignacio Trelles.
Del historial de Romano, una vez más vencido en el gran juego, más
vale escribir en otra ocasión…

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