¿POR QUÉ NOS
CUESTA DECIR QUE NO?
¿Alguna
vez te has encontrado en una situación en la que aceptas hacer algo
que en realidad no querías?
A todos nos ha
pasado. Te invitan a una boda a la que no tienes ganas de asistir,
pero dices “si, claro, ahí estaré”. Tu tía te regala un suéter con
puntos morados para navidad y al preguntar si te gusta, dices: “¡me
fascina!”. Tus compañeros del trabajo organizan una cena y aunque
prefieres irte a descansar a tu casa, no sabes cómo negarte y
terminas asistiendo.
Hay muchas
razones por las cuales nos cuesta
trabajo decir “no”. Por supuesto, depende de la situación,
y de la persona. Hay situaciones en las que es prácticamente
imposible decir “no”, como cuando tu jefe te “pide” que te quedes a
una junta muy importante después de tu horario de trabajo. Existen
otras en las que suele ser más fácil, como cuando llega a pedirnos
dinero en la calle quien obligadamente te limpia el parabrisas del
carro.
La dificultad
para decir “no” es algo normal y adaptativo en cierta medida. Como
en todas las conductas humanas, existen los extremos, y mientras más
nos acercamos a uno u otro, comenzamos a tener problemas.
En el caso de
saber decir “no”, en un extremo están las personas a las que
prácticamente nunca les cuesta trabajo decirlo. Estas personas que
de primera instancia pudieran parecer muy seguras de si mismas,
suelen tener muy poca capacidad para empatizar con las necesidades
de los demás y por lo mismo tienen fuertes problemas
interpersonales.
En el otro
extremo están aquellos a los que les es prácticamente imposible
decir “no”, y viven su vida resolviendo las necesidades de otros
anulándose a sí mismos y a sus propias necesidades y deseos.
El decir “no”
es difícil cuando implica ir en contra de las expectativas o deseos
de otro, es decir, cuando nos piden algo o esperan algo de nosotros,
ya sea una reacción determinada, una opinión, una conducta, etc., o
cuando otra persona manifiesta su deseo y depende de nosotros
satisfacerlo.
Mencionamos
anteriormente que esta dificultad para negarnos es, en cierta medida
adaptativa, ya que efectivamente hay situaciones en que socialmente
nos es más conveniente y funcional decir “si”, aunque en el fondo
quisiéramos decir “no”.
El conflicto
surge específicamente cuando se encuentran dos necesidades opuestas.
Si alguien nos pide hacer algo que sí deseamos hacer, no hay
conflicto alguno. Son dos necesidades que van en la misma dirección.
Pero si nos piden hacer algo que nosotros no deseamos hacer, es
cuando entramos en conflicto. Tenemos que decidir a qué necesidad
darle prioridad, si a la mía, o a la del otro.
ALGUIEN QUIERE LO QUE TU TIENES, ALGUIEN TIENE LO QUE
TU QUIERES.
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