DAVID A. BRADING
Y EL PATRIOTISMO CRIOLLO-BICENTENARIO
Indiscutible presencia de la
historiografía mexicana, David A. Brading es autor de decenas de
artículos y de varios libros que se han convertido en clásicos y que
impiden definir su especialidad.
Me da mucho gusto estar con usted
esta mañana, doctor Brading. Es un honor y un privilegio poder
conversar con un historiador tantas veces leído y admirado. Antes de
reflexionar sobre algunos aspectos de una parte de su obra, que es
extraordinariamente importante para la historiografía mexicana
—sobra decirlo, pero no quiero dejar de enfatizarlo—, me gustaría
que nos contara cómo comenzó su interés por México.
En cierto artículo en el que nos ofrece algunas notas
autobiográficas, usted relata que en 1961 era un estudiante de
visita en México y comenzaba a interesarse por varios temas que
desembocarían después en sus principales libros. ¿Qué ocurrió a
partir de entonces? Es decir, ¿cómo se dio el proceso de formación
entre ese año y la publicación de Los orígenes del nacionalismo
mexicano (1973), que es la obra con la que usted comienza a destacar
en la historiografía mexicana? No sé si podamos hablar un poco sobre
esta primera etapa.
David Brading: Bien; yo fui estudiante, primero en la Universidad de
Cambridge y después pasé un año en la Universidad de Yale con beca
suficiente para financiar toda una visita a México, como por dos
meses, en el verano de 1961. Visité las ciudades del centro y sur;
recorrí el Bajío; descubrí Guanajuato, San Miguel de Allende y
Querétaro. Realmente fue entonces cuando me encontré, en cierto
modo, con un país que he querido y con un pasado que he querido
estudiar.
Después de otra aventura entré al programa de doctorado de la
Universidad de Londres, que duraba tres años, y fui haciendo
investigación tanto en Sevilla y Madrid como en México y Guanajuato,
incluso en Morelia. Después obtuve mi doctorado, y durante seis años
impartí cursos de historia mexicana en la Universidad de California.
Durante aquellos años en Berkeley, en los primeros cuatro, fui
escribiendo mi primera obra, Mineros y comerciantes en el México
borbónico,2 pero a la vez tuve que inventar cursos de historia
mexicana para cubrir mis horas de clase. Mi primera tarea fue hacer
un curso —¡desde Moctezuma hasta la actualidad!— sin tener ninguna
formación en la historia mexicana, ni más conocimiento que mis
propias investigaciones sobre el siglo XVIII. Entonces, por ejemplo,
para hacer mis conferencias sobre México en el siglo XIX tuve que
leer —porque realmente la bibliografía en inglés era muy pobre— a
los historiadores mexicanos: comenzando por fray Servando Teresa de
Mier, Carlos María de Bustamante, Lucas Alamán, José María Luis
Mora, Lorenzo de Zavala y terminando con Justo Sierra y Francisco
Bulnes. Así fue mi programa de lecturas.
Gabriel Torres Puga: Es decir que su curso se convirtió en la base
de sus preocupaciones historiográficas.
DB: Precisamente; me fue necesario hacerlo. Muchas veces leía obras
desde las ocho de la mañana en la biblioteca para mi conferencia de
las doce del día.
GTP: ¿Así comenzó la elaboración de Los orígenes del nacionalismo?
DB: Bueno, comencé leyendo a estos autores y en seguida quedé
sorprendido porque iban al contrario de todo lo que uno podía
esperar, pues siempre se decía que la independencia había sido el
efecto de la Revolución francesa, o que ésta fue afectando y
causando las revoluciones de independencia en América Latina; pero
al leer la obra de fray Servando uno encuentra una serie de temas
que van en un sentido muy distinto: el interés por el guadalupanismo,
su jansenismo o la fascinación por el pasado de México —o sea, el
Anáhuac— y este énfasis historicista para justificar la
independencia. En vez de apelar a los derechos humanos, la política
liberal más bien apelaba a la historia; lo hizo Mier y también su
gran amigo y discípulo Carlos María de Bustamante. Estas dos
personas fueron creando una especie de protonacionalismo, una
ideología de lo mexicano para justificar la insurgencia y después la
independencia de México. Después, por mis lecturas de historiadores
como Alamán, Mora y Zavala, he podido demostrar que esa fascinación
por el pasado cayó como víctima de la lucha entre liberales y
conservadores, y que este 'protonacionalismo insurgente', su
ideología terminó siendo rechazada por los dos lados.

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