HOMEOPATÍA. CÓMO
ACTÚA Y SUS BENEFICIOS
Aunque la Ciencia todavía no ha
explicado por completo cómo funciona la Homeopatía, es un hecho que
millones de personas en todo el mundo se han beneficiado con su
acción curativa a lo largo de dos siglos de historia. ¡Conozca más
sobre ella!
Adentrarse en el mundo de la
Homeopatía es apasionante, de ahí que llame la curiosidad de muchas
personas cuando se enteran de que algún familiar, amigo o conocido
suyo ha sido tratado exitosamente con ella. No obstante, hay que
reconocer que el escepticismo persiste en muchos, ya sea porque es
poco lo que se difunde sobre esta rama de la Medicina o debido a que
se han formado una idea distorsionada.
La mejor forma de hacer frente a las
dudas es con información, sobre todo cuando proviene de una voz
autorizada como la del Dr. David Duarte, médico homeópata adscrito a
la Asociación Nacional de la Industria Farmacéutica Homeopática, A.C.
(Anifhom), quien dictó la conferencia
Homeopatía: qué es, cómo actúa, y qué beneficios obtienes con su uso,
en el marco de ExpoSALUD y
Bienestar 2009.
“La Homeopatía lleva aproximadamente
200 años de práctica, y podemos definirla como un sistema médico, no
sólo terapéutico, que tiene un conjunto de ideas y fundamentos
diferentes a los de la alopatía. Es vitalista porque postula la
existencia de una fuerza sin la que la vida no podría explicarse, y
eso la distingue de la escuela convencional, que ve al ser humano de
manera mecanicista o anatomista”, es decir, atendiendo sólo los
fenómenos observables en la materia.
Antes de Hahnemann
Durante su ponencia, el experto
señaló los antecedentes de esta rama de la Medicina para detallar
sobre sus fundamentos. “Cuando se habla de Homeopatía casi siempre
se vincula con su descubridor, el alemán Samuel Hahnemann
(1755-1843), pero lo cierto es que el principio de semejanza
(sostiene que una enfermedad puede ser curada mediante un
medicamento que genere síntomas similares) ya se conocía y fue
enunciado por el griego Hipócrates (460-377 a.C.), conocido como el
padre de la Medicina occidental”.
De acuerdo con el Dr. Duarte,
Hipócrates enunció que “las enfermedades por causa conocida (o más
bien, de origen material próximo, como cuando alguien se enferma por
comer tacos en la esquina) deben curarse por contrarios, mientras
que las enfermedades de causa desconocida (o de causa distante al
cuerpo y la materia, como un desorden por estrés o problemas
familiares), deben curarse por lo semejante”.
Más aún, el especialista señala que
en la Ilíada (el poema más
antiguo de la literatura occidental, escrito por Homero) hay un
ejemplo curioso sobre la aplicación del principio de semejanza. En
el inicio de la expedición contra Troya, los aqueos, dirigidos por
Aquiles, desembarcaron por error en la ciudad de Misia, donde fueron
atacados por el rey Télefo y sus tropas.
Télefo fue herido por la lanza de
Aquiles y, como no sanaba, consultó a un oráculo para saber qué
podía hacer. El oráculo le dijo que su lesión “sólo sanaría al ser
curada por lo mismo que la causó”. Así, Télefo se disfrazó y le
pidió ayuda a Aquiles, quien se negó por no ser médico; no obstante,
uno de sus compañeros de expedición, Odiseo, dedujo que si la lanza
había causado la herida, también podría cicatrizarla. Entonces se
hizo una talladura de la punta, se colocó sobre la herida, y ésta
cicatrizó.
La Medicina que cura por lo
semejante, narra el Dr. Duarte, “también fue practicada por los
árabes, como ocurrió con los médicos Avicena (980-1037) o Maimónides
(1135-1204). Ellos fueron grandes médicos y alquimistas que
practicaban la medicina griega, pero además de comulgar con ella le
hicieron muchas aportaciones”.
En sus escritos, Hahnemann criticaba
duramente a los médicos de su época, pero se refería con mucho
respeto sobre los conocimientos de los especialistas árabes. “Esto
no se reconoce frecuentemente en los libros de Historia de la
Medicina, pero la teoría de Hahnemann derivó de esta línea
greco-árabe de pensamiento, cuyo máximo expositor fue el suizo
Teofrasto Paracelso (1493-1541)”.
Más aún, abunda el ponente, los
escritos de Paracelso y Hahnemann son muy parecidos en cuando a
planteamientos sobre el ser humano y la curación. La labor del
médico alemán fue dar una nueva lectura a este conocimiento,
reestructurarlo y enriquecerlo con sus propias aportaciones, dándole
una nueva forma a la que nombró Homeopatía.
El nacimiento de una
nueva Medicina
El Dr. Duarte describe a la
Homeopatía como “un fenómeno maravilloso e increíble al que no hemos
podido terminar de entender. Podemos decir que es fenomenológica, lo
que significa que observamos sus efectos curativos, pero no podemos
explicar cómo suceden. Hacen falta muchos años de investigación para
lograrlo”.
Para aclarar su idea, el experto
indica que en la época de Hahnemann (finales del siglo XVIII e
inicios del XIX) se empleaban sustancias muy fuertes para tratar
enfermedades, por ejemplo, arsénico, que en dosis de 100 a 200
miligramos es mortal. Sencillamente, si la persona sobrevivía a
estos “remedios”, se curaba.
A Hahnemann le molestaba mucho la
agresividad de dichos procedimientos, y buscó la forma de
administrar medicamentos sin afectar a los pacientes. La clave la
encontró en Paracelso, quien sostenía que toda sustancia tiene la
capacidad de ser un veneno o un medicamento, y que la diferencia se
encuentra en la dosis.
El médico alemán tuvo una idea
genial: diluir el veneno para reducir su toxicidad. “Este fenómeno
es muy interesante, porque lo que hacemos en Homeopatía es diluir 1
parte de la sustancia en 99 partes iguales de agua, y las agitamos.
Luego, de la solución resultante tomamos una parte y otras 99 de
agua, y repetimos la operación, por ejemplo, 30 veces. La Química
dice, a través de una fórmula conocida como el número de Abogadro,
que después de 12 repeticiones ya no hay sustancia activa en la
solución, pero los médicos homeópatas observamos que entre más
diluimos, más efecto tiene el medicamento e influye en planos más
profundos”.
El siguiente paso de Hahnemann
representó una labor agotadora, y consistió en hacer una
recopilación de los efectos que genera cada sustancia. Para ello,
contó con la participación de numerosos voluntarios que tomaban nota
de sus reacciones.
Este procedimiento “pudo llevarse a
cabo en ratones, conejos o perros, pero la constitución y
funcionamiento orgánico de los animales no es como en los seres
humanos; reaccionamos diferente y tenemos distintos temperamentos.
Por eso, Hahnemann hizo preparados homeopáticos de diversas
sustancias tóxicas y, sabiendo que eran inofensivas, las administró
a sus colaboradores. A esto le llamamos experimentación pura”.
El médico alemán no decía el nombre
de la sustancia que administraba para evitar sugestiones.
“Imaginemos el trabajo de atender a 200 o 300 personas con sus
respectivas anotaciones. Con esa cantidad monstruosa de información,
Hahnemann creó los primeros libros de registro de síntomas, llamados
materia médica”.
En las notas de los voluntarios
aparecieron síntomas muy comunes, presentados, digamos, en un 80% de
los casos, pero otros tenían una frecuencia menor, de 60, 50 o 40%,
e incluso algunas manifestaciones ocurrían sólo en 5 o 10 personas.
En el caso del arsénico, “la mayoría de la gente reportó cansancio,
agotamiento con esfuerzo pequeño, ansiedad, dolores ardorosos, temor
a la muerte, agitación física o mental de la 1 a las 3 de la mañana,
vómito violento, ardor al orinar y micción involuntaria”.
Hecha esta recopilación, el siguiente
paso fue la administración de los preparados homeopáticos como
medicamentos. Así, cuando llegaba con Hahnemann un enfermo con asma
(inflamación de las vías respiratorias que genera tos e incapacidad
para respirar) ocasionada por humedad, que se agravaba por la
madrugada, que tenía mucha ansiedad y sentía que iba a morir, le
administraba arsénico tratado homeopáticamente, ya que esta
sustancia genera síntomas similares, y lograba la curación por ley
de semejantes.
“Esa es la razón por la que los
homeópatas somos muy preguntones y muy específicos al indagar sobre
los síntomas; lo que a nosotros nos interesa es individualizar el
tratamiento, y para ello debemos conocer todos los detallitos de las
manifestaciones. Somos muy meticulosos porque no podemos dar
medicamentos para enfermedades, sino para personas”, enfatiza el Dr.
Duarte.
Yendo más a fondo, subraya que los
médicos alópatas dan el mismo tratamiento a todas las personas con
una misma enfermedad; en cambio, los médicos homeópatas analizan
cada caso y con base en ello se administran los medicamentos. “No le
recetamos lo mismo a una persona con asma que es gordita, de 35 años
y que presenta crisis cuando se acuesta, se asusta o toma agua, que
a una persona con asma que es delgada, de 20 años y que siente temor
a la muerte. No recetamos al asma, sino a la persona, que tiene una
forma particular de sufrir una enfermedad, con su propia historia
personal y familiar”.
Esto, señala el ponente, también toma
en cuenta un principio que es tan antiguo como la humanidad misma,
llamado el poder curativo de la naturaleza. “Hay un dicho que me
encanta y que dice que los médicos no curamos; la naturaleza se cura
sola y el médico sólo la acompaña y le da lo que pide”.
Concluye el Dr. David Duarte: “Veamos
otro ejemplo. Hay niños con fiebre a los que les da mucha sed o
calor, pero otros que tienen mucho frío. Aunque en ambos casos
hablamos de temperatura elevada, en el primer caso el cuerpo pide
enfriarse, mientras que en el segundo desea calentarse; así, no
siempre es bueno enfriar al niño, porque estaríamos en contra de lo
que requiere. Los médicos homeópatas estamos a favor de la
naturaleza y tratamos de escuchar lo que nos dice”.

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