Establecidos por las autoridades
estatales o municipales en turno, los reglamentos para el
funcionamiento de centros nocturnos o bares en el país no se
cumplen o se cumplen “a medias” y de acuerdo con las necesidades
de sus respectivos propietarios y la disposición de los
funcionarios para incrementar las arcas públicas o enriquecer
sus bolsillos.
“Es mejor flexibilizar la ley
para poderlos tener bajo control y regulados”, admitió Zacil
Moguel Manzur, directora de Protección y Regulación Sanitaria de
los Servicios de Salud de Yucatán, donde se emitió en diciembre
pasado un nuevo reglamento que amplió por dos horas —hasta las
cuatro de la madrugada— el horario de atención al público en los
llamados giros negros en todo el estado.
Tras la experiencia pasada por
las autoridades del Distrito Federal por la agresión contra el
futbolista paraguayo Salvador Cabañas en el Bar Bar, donde fuera
del horario permitido en la madrugada del domingo 24 de enero
uno de sus clientes “VIP” le disparó una bala en la cabeza, en
Yucatán las autoridades admitieron que “no se puede tapar el sol
con un dedo”.
Según Moguel Manzur, hasta la
ampliación del horario los casi 4 mil bares, cantinas,
discotecas, centros nocturnos, cabarets, videobares y canta-bar
que funcionan en Yucatán tenían permiso para operar hasta las
dos de la mañana, pero muchos de ellos bajaban sus cortinas para
seguir en la clandestinidad atendiendo a la clientela varias
horas más, principalmente donde se ofrecen espectáculos de
bailarinas desnudas.
El nuevo reglamento, en cambio,
no sólo amplió el horario de servicio, sino que legalizó de paso
los espectáculos “al desnudo”. “Casi siempre bajaban su cortina
en apariencia de que habían terminado sus labores y en su
interior seguían vendiendo licor y presentando sus
espectáculos”, aseguró la funcionaria.
Bailarinas exóticas, stripers
hombres y las llamadas “teiboleras” son parte del espectáculo
nocturno en los principales centros turísticos del país, como
Cancún en el paradisiaco Caribe mexicano; la norteña Tijuana, en
la frontera con Estados Unidos, o el popular puerto de Acapulco,
en el Pacífico, donde los horarios de servicio se adaptan a la
doble moral de muchos funcionarios o a las necesidades
económicas de los gobiernos municipales o estatales.
Entre la gloria y el infierno
Parte de la historia negra de
Tijuana es su zona de tolerancia que provoca sentimientos
encontrados entre la población, por ser foco de infección e
inseguridad, pero también una enorme fuente de riquezas,
generador de empleo y tabla de sobrevivencia para muchos,
especialmente las mujeres.
La llamada Zona Norte, colindante
con el “bordo” donde se refugian cientos de indigentes y
adictos, se asienta en las calles más antiguas de la ciudad
fronteriza donde confluyen la prostitución, las bebidas
embriagantes y sustancias prohibidas, así como el tráfico de
drogas y de personas, además del robo a transeúntes y de
vehículos.
En decenas de bares, cantinas y
restaurantes que operan todos los días cientos de residentes de
la frontera y migrantes procedentes de todo el país laboran como
bailarinas, sexoservidoras, meseros, músicos, “jaladores” y
porteros.
Ahí se puede ir de La Gloria al
Infierno — dos de los más conocidos bares de la zona— con sólo
caminar unos pasos, o bien efectuar la visita de las siete casas
—como acostumbran turistas asiáticos, europeos o estadounidenses
atraídos por el sexo— empezando por el Adelita Bar, punto de
referencia de la Zona Norte y donde laboran unas 80 prostitutas
procedentes de todo el país.
En Tijuana los centros nocturnos
tienen permiso para operar hasta las tres de la madrugada, pero
muchos de ellos alargan sus horarios mediante el pago de “horas
extras” al municipio.
Sin embargo, el presidente
municipal de Tijuana, Jorge Ramos Hernández, ordenó cancelar ese
mecanismo con la intención de reducir accidentes de tránsito que
durante las madrugadas y fines de semana se disparan, con un
alto costo social y económico.
“Nos van a hundir”, comentó uno
de los meseros del Adelita Bar, donde además de las
sexoservidoras, laboran un centenar de meseros, garroteros,
cantineros, supervisores y gerentes. Una de las asociaciones de
bares de Tijuana calculó en 20 mil las personas que laboran en
la Zona Norte.
Entre clases
Para el municipio Benito Juárez,
cuya cabecera es Cancún, el más exclusivo balneario del Caribe
mexicano, existen dos clases de parroquianos: los de la ciudad,
que sólo pueden consumir alcohol hasta las 11 de la noche, y los
de la zona turística que lo pueden hacer hasta las cuatro de la
madrugada.
Sin embargo, la Ley de Hacienda
establece la posibilidad de obtener permisos por “horas extras”,
cuyo costo depende de la zona y el giro. Aunque, de cualquier
manera, muchos de esos negocios acostumbran también bajar las
cortinas y seguir atendiendo a la clientela hasta pasada la
madrugada.
“Aquí en Cancún se consigue vino
a cualquier hora y si de mujeres se trata, es cosa de
trasladarse al 21 para seguirla”, comentó un joven residente en
referencia a la zona de centros nocturnos que opera en ese
kilómetros de la carretera hacia Mérida, Yucatán.
Al margen de la ley
El director de Reglamentos y
Espectáculos del municipio de Acapulco, en Guerrero, Óscar
Rangel Miravete, admitió que no todas las discotecas, bares y
table dance que operan en el puerto respetan horarios o revisan
a todos los parroquianos, por lo que trabajan al margen de la
ley, y permiten el ingreso de hombres armados que han causado la
muerte de parroquianos.
En el puerto guerrerense hay 200
de esos negocios, con horarios distintos y en un ambiente de
inseguridad debido a que los socios y clientes VIP no son
revisados. En su mayoría los centros nocturnos con variedad y
algunas discotecas funcionan de las 10 de la noche a las cinco
de la mañana, aunque en temporadas turísticas pueden solicitar
al ayuntamiento un ampliación de dos horas, con un pago
adicional de 4% sobre el costo de su licencia mensual.
Rangel Miravete aseguró que 40%
de los 200 bares, discotecas y centros nocturnos de Acapulco
violan la ley. Algunas discotecas, como Baby’O y la de música
grupera VIP, cierran hasta las ocho o nueve de la mañana,
pasando del horario establecido por las autoridades.
Aun bares con permisos
especiales, como los denominados “after hour” (después del
horario), no respetan el cierre. En la zona turística del puerto
hay tres de esos establecimientos —Next, Kaos y Princess— que
han sido multados y algunas veces clausurados.
El director de Reglamentos y
Espectáculos municipal reconoció que se han registrado actos de
violencia en bares y discotecas de la zona turística.
El año pasado dos turistas fueron
heridos de bala afuera de una discoteca y otro fue golpeado en
un bar, refirió. (Con información de Julieta Martínez, Yazmín
Rodríguez Galaz, Adriana Covarrubias y Adriana Varillas)
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