A la par de la violencia desatada en
el país por los cárteles del narcotráfico y el combate a éstos,
las organizaciones criminales iniciaron una nueva estrategia que
afecta directamente a la sociedad civil: el despojo de
propiedades y tierras.
El terror impuesto por la operación
de grupos delincuenciales y que en algunas zonas del país han
obligado a la población a abandonar sus casas, se suma ahora la
amenaza, la intimidación o el chantaje para forzar a la gente a
entregar sus inmuebles en diferentes partes de la República.
Escasamente documentado el daño
ocasionado a la población civil por estos casos, el problema
comienza a ser evidente en puntos considerados como bastiones o
centros de operación de los cárteles de La Familia Michoacana,
el del Golfo, el de los hermanos Beltrán Leyva, de Juárez, de
Sinaloa o el de Tijuana.
Se encuentra el caso del rancho
La Lagunilla, ubicado en el poblado de Bustamante, Nuevo León,
del cual fue despojado su dueño por parte de Los Zetas para
convertirlo en campo de entrenamiento de sicarios, y que
posteriormente infantes de Marina aseguraron tras un
enfrentamiento en el que murieron ocho de los integrantes de ese
grupo criminal.
Otra historia similar ocurre en
el municipio de Periban, Michoacán con el llamado cártel de La
Familia Michoacana, de acuerdo con denuncias de los afectados y
documentos en poder de EL UNIVERSAL.
El despojo de La Huerta
Toda la familia de Domingo Méndez
Leyva, propietario del rancho productor de aguacate La Huerta,
con una extensión de 13 hectáreas, está amenazada de muerte si
continúan intentando recuperar su terreno del que fueron
despojados desde 2006.
Llamadas telefónicas amenazantes,
agresiones directas e irregularidades judiciales, conforman
parte de este caso impiden incluso a los Méndez Leyva regresar a
su tierra para continuar trabajando sus tierras que producían
anualmente entre 90 y 110 toneladas de aguacate y una cantidad
similar de durazno.
Empleado en Estados Unidos desde
la década de los años setenta, Domingo Méndez Leyva adquirió La
Huerta en 1974 con parte del dinero ahorrado como operador de la
Chrysler. Desde aquella época, cada periodo de vacaciones
regresaba para ponerse a trabajar en sus tierras, supervisaba la
cosecha, podaba y limpiaba árboles, fumigaba o realizaba mejoras
en la finca en la que imaginaba sería empleo una vez que se
pensionara o jubilara de su trabajo en el vecino país del norte,
pero desde 2006 sucedió lo que no imaginó: fue despojado de sus
tierras, según el testimonio de la familia Méndez Leyva.
Primero se le dijo que el terreno
era de otro dueño y que éste lo había heredado su descendencia.
Demostró en todas las instancias judiciales ser el único
poseedor legal de La Huerta, con sus escrituras evidenció
judicialmente que eso era sólo una treta por querer arrancarle
el patrimonio de él y su familia. Tras más casi tres años de
enfrentar el costo de un juicio injustificado y una serie de
advertencias y amenazas, ganó el proceso con el que un hombre,
Miguel Pulido Martínez, intentaba quedarse con su propiedad,
pero lo peor de la historia estaba por suceder.
Presiones a juez y a
abogado
Lo que inició como una disputa
judicial al final puso en evidencia el fondo real del problema.
En realidad, presuntos integrantes del cártel conocido como La
Familia Michoacana estaban operando para quedarse con la
propiedad, luego de saber que Domingo Méndez Leyva trabajaba en
Estados Unidos y sólo regresaba en vacaciones a laborar a sus
tierras que cuidaban algunos de sus familiares y peones.
Luego de ganar todos los
procesos, incluido un amparo definitivo, el 22 de octubre de
2009, día en que el juez de Primera Instancia Civil de Los
Reyes, Michoacán, Gregorio Romero Esquivel, debía ejecutar la
sentencia de devolución del predio, éste alegó no estar seguro
de encontrarse en el sitio de restitución de tierras y
determinó, junto con su secretaria de acuerdos, Albina Sánchez
Álvarez, aplazar hasta nueva fecha el cumplimiento del fallo que
obligaba a que se le entregara el rancho La Huerta a Méndez
Leyva.
A la inusual decisión del juez se
sumó un hecho por demás alarmante. El abogado Jorge Ariel
Mendoza, representante legal de Méndez Leyva, quien obtuvo que
se fijara el 14 de enero de 2010 como nueva fecha de ejecución
de la sentencia, fue levantado y posteriormente dejado en
libertad. Esa situación obligó a que la familia del afectado
decidiera el pasado 10 de noviembre de 2009 retirarlo de la
defensa, aunque inexplicablemente éste apareció el 8 de
diciembre del mismo año ante el juez Romero Esquivel acompañado
de su contrincante en el juicio, Miguel Pulido Martínez, para
firmar la renuncia a ejecutar la sentencia del juicio que ya se
había ganado.
“Váyanse o serán
ejecutados”
Paralelamente, la familia Méndez
Leyva comenzó a ser acosada. Primero, un grupo de sujetos
armados levantó a un familiar a quien torturaron, golpearon y
simularon que le matarían. Luego, cuando algunos de ellos
decidieron acudir personalmente al juzgado fueron prácticamente
echados del lugar, y casi de inmediato se sucedieron las
llamadas amenazantes que advertían que el rancho era propiedad
de La Familia Michoacana, que si intentaban recuperarlo serían
ejecutados.
La familia Méndez Leyva abandonó
la zona, pero no la lucha. El 14 de enero pasado, cuando se
suponía que ahora sí debería devolvérseles su rancho, fueron
notificados legalmente de que su ex abogado había decidió
renunciar a que se ejecutara la sentencia en su favor, aún
cuando éste no tuvo nunca el poder para decidir el destino de
los bienes de la familia afectada ni tenía ya la representación
legal en el juicio. En el juzgado el caso se dio por concluido y
se les informó que se archivaría, aunque algunos empleados les
dijeron lo que ellos ya sabían: “son los de la Familia
Michoacana, los que se quieren quedar con sus tierras”.
Nos han dicho en anónimos y en
llamadas telefónicas, según denuncia la familia Méndez Leyva,
que si volvemos a reclamar nuestras tierras nos ejecutaran. Nos
han asegurado que ya nos tienen ubicados incluso en donde
actualmente vivimos, pero anuncian que van a exponer su caso
ante el presidente Felipe Calderón, el gobernador de Michoacán,
Leonel Godoy, y el Tribunal Superior de Justicia de Michoacán,
porque están decididos a que no haya impunidad, ni se repitan
casos de este tipo con otra gente en esa entidad o en el país.