Los profesores no podían ocultar su
inconformidad. La aprobación hace tres años en el Distrito Federal
de la ley que permite la interrupción voluntaria del embarazo hasta
antes de las doce semanas de gestación los había hecho reaccionar de
esa manera. Lo evidenciaban en clase ante sus alumnos de impecable
bata blanca.
Elizabeth Santillán, de 23 años,
estudiante de la Facultad de Medicina de la Universidad La Salle,
recuerda la molestia de sus maestros. Esta escuela privada reconoce
de manera abierta que impulsa “la defensa de la vida desde el
momento de la concepción”.
“Como una institución que se
fundamenta en una filosofía católico-cristiana, el respeto a la vida
humana es esencial”, dice Pedro Argüelles Domenzain, director de la
Facultad de Medicina de la Universidad La Salle.
Provida desde la academia
Los lasallistas no son los únicos que
defienden esta postura, también lo hacen los profesores de la
Universidad Panamericana, relacionada con el Opus Dei, y de la
Anáhuac, vinculada a los Legionarios de Cristo. En las aulas de
todas estas instituciones se hace énfasis en la ética personalista,
que considera al ser humano como eje central de la vida.
Es a través de las materias de
bioética y ética médica, donde los profesores llevan este
planteamiento a los alumnos. “Está comprobado que la vida humana
empieza desde la concepción. Estudios importantes en biología
molecular hechos apenas hace cinco años dicen que el cigoto es un
individuo que funciona en forma inicial. Esta afirmación puede que
no sea muy comprensible para quienes no están en la ciencia”, dice
María de la Luz Casas, jefa de bioética de la escuela de medicina de
la UP.
La también consejera de la Comisión
Nacional de Bioética deja claro que ella no impone razones morales
en sus clases, sino argumentos científicos.
Para Nubia Andrea Ramírez, de 22
años, estudiante del octavo semestre de medicina en la UP, no hay
dilema, pues la dignidad humana debe estar ante todo. “Estoy en
contra del aborto pero no porque asista a una escuela de inspiración
católica. Así pensaba incluso antes de entrar a la carrera”.
El riesgo, caer en el
adoctrinamiento
Lo cierto es que en algunas ocasiones
las creencias o posiciones personales del profesor pueden
privilegiar que unos temas sean prioridad sobre otros durante la
jornada estudiantil.
“Es un riesgo y un reto como
profesores tener suficiente madurez moral para que por encima de
nuestras convicciones y ante dilemas como el de la interrupción
voluntaria del embarazo, seamos capaces de ir más allá, pensando en
que no estamos adoctrinando a los futuros médicos sino presentando
un panorama sobre el cuál tenemos que reflexionar”, dice Joaquín
Ocampo, profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM.
Leonardo Ortiz, de 22 años y
estudiante del sexto semestre de esta carrera en La Salle, reconoce
que sus maestros “abarcan aspectos éticos y filosóficos cargados a
favor del derecho a la vida”.
Ocampo advierte que la propia
naturaleza de las escuelas de inspiración religiosa, provoca que
temas como la cancelación del embarazo no sea tratado de una manera
imparcial. “Ellos están en su derecho de hacerlo y somos respetuosos
de esas posturas”.
María de la Luz Casas dice: “Nosotros
sólo decimos lo que apunta la deontología médica, desde Hipócrates
hasta las últimas declaraciones, que se orientan a proteger al
embrión en el sentido que la vida humana es preciosa. No se les
induce a una forma de pensamiento o de acto. Ante la situación de
aborto cada quien actuará como su conciencia le dicte”.
Andrea Tello, Guillermo Mondragón y
Ramón Mora, los tres de 20 años y estudiantes de La Salle, no han
debatido en clase el tema del aborto, pero adelantan su posición:
“Siempre había dicho que sí al aborto pero ahora veo que el embarazo
precoz es cuestión de irresponsabilidad”, dice Andrea. “El aborto no
es natural y rechazarlo no es asunto que tenga que ver con la
religión”, señala Ramón.
“Más allá de que la escuela donde
estudio tenga relación con la Iglesia católica; considero que cada
caso en situación de aborto debe ser analizado. Yo estaría dispuesto
a colaborar sólo en caso de violación o que la vida de la madre esté
en riesgo”, comenta Guillermo.
Argüelles Domenzain explica que en La
Salle existen dos materias que contemplan estos temas, la de ética
médica en cuarto semestre, vista desde una perspectiva inspirada en
una filosofía católico cristiana, con una ética personalista y el
respeto a la vida humana. La otra, bioética, en octavo semestre
donde además de subrayar la importancia de la vida se analizan los
derechos de los médicos para oponerse a realizar un aborto.
La objeción de conciencia
Jorge Aranda lo tiene claro. Si el
estudiante de octavo semestre de la UP tuviera que atender la
solicitud de aborto de una mujer embarazada, se negaría a realizarlo
porque va contra sus preceptos morales. “Por eso vine a esta
universidad, porque sus valores coinciden con mi forma de ver la
vida”, dice.
En las escuelas de inspiración
cristiana se subraya de manera especial la negativa que por ley un
médico puede objetar para no interrumpir el aborto. “Consideramos
importante que los alumnos comprendan cuales son las aplicaciones y
los límites de la objeción de conciencia, derecho reconocido en los
códigos de ética de la Secretaría Salud del Distrito Federal”, dice
Casas.
La UNAM contempla también en sus
clases la objeción de conciencia a favor del aborto. “Si hay una ley
que dice que prohibe la interrupción voluntaria del embarazo, por
razones de conciencia el médico puede justificar que accedería a
participar en este aborto, por ejemplo en casos de violación. El
problema surge cuando no está permitida la objeción de conciencia
por la ley”, explica Ocampo.
Argüelles aclara que el primer
planteamiento de los médicos es preservar la vida, pero, nunca
influirán sobre la decisión personal. “Las mujeres pueden solicitar
interrupción y uno puede negarse sin agredir o tratar de convencer”.
A partir de la ley aprobada en la
Asamblea Legislativa del Distrito Federal, cualquier médico al que
le llegaran a solicitar un aborto debe plantear otras opciones a
esta intervención.
En la UP existe una clase llamada
alternativas al aborto, donde les piden a los alumnos un plus en su
vocación de servicio. Además de decirle a la joven que está
embarazada, le deben plantear caminos a su situación, desde la
atención psicológica y trabajo social hasta oportunidades de
adopción con el fin de que no tomen una decisión bajo estrés.
Imparcialidad desde las aulas
Todas las universidades abordan la
ley en el Distrito Federal y aquellas que protegen la vida desde el
momento de su concepción en 18 estados de República. No obstante,
los matices surgen. En la UNAM se enseña que la interrupción
voluntaria del embarazo se desarrolla en un estado laico. “Se ve
desde una perspectiva general, abierto, sin ángulos específicos,
subrayamos el respeto a otras posturas y evitar satanizar a los que
piensan diferente”, dice Ocampo.
Mauricio Osorio, ginecólogo egresado
de la UNAM (1992-1996), recuerda que antes del 24 de abril de 2007,
fecha en la que se aprobó la ley en el DF que permite a una mujer
abortar hasta antes de las 12 semanas de embarazo, si una chica
llegaba con un aborto inducido se le atendía, pero daban aviso al
Ministerio Público.
Por ser una institución de gobierno
federal, el Instituto Nacional de Perinatología donde labora, no
interrumpe embarazos a petición de la paciente.
Desde su posición de especialista en
reproducción asistida dice: “Sería contradictorio anular la vida de
un ser vivo, siendo que me dedico al auxilio de las mujeres que
quieren embarazarse. Esta actitud va más allá de mis creencias
religiosas, es una cuestión ética, que muchos médicos obvian ante la
generosa ganancia que en poco tiempo representa hacer un aborto”,
dice Osorio.