El apego exagerado a los hijos provoca depresión
La salida de los hijos del hogar
familiar forma parte del proceso de la vida; esa despedida llega en
algún momento sea porque se van a casar, porque se marchan a
estudiar en una universidad en otro lugar o simplemente porque
quieren ser más independientes.
En general, el despegue de los hijos
es motivo de celebración para los padres, porque comienzan a
percibir a sus hijos como personas responsables y capaces de tomar
las riendas de sus propias vidas.
Pero algunas veces lo que debería ser
motivo de alegría puede transformarse en una pesadilla para los
adultos. Se trata del llamado "síndrome del nido vacío", causado
cuando la persona -generalmente la madre- presencia cómo sus hijos
ganan autonomía y salen de casa. Al no conseguir lidiar con sus
sentimientos de pérdida, la nostalgia termina tomando proporciones
perjudiciales para la vida de quienes se quedan en la casa familiar.
Las causas del fenómeno
El síndrome del nido vacío aparece entre personas que se vinculan
mucho a los hijos y cuya rutina de vida suele estar volcada a
atender las necesidades de aquellos. Casi como un intercambio, la
madre hace todo para facilitar la vida del hijo, quien a su vez le
retribuye con su compañerismo y presencia. "En general ese síndrome
afecta a las mujeres, que son las que se quedan en casa y por eso
tienen un vínculo más estrecho con los hijos", explica el sicólogo
Sandro Caramaschi, de la Universidad Federal del Estado de Sao
Paulo, Brasil. Además, muchas veces las mujeres son más propensas a
la depresión, y la nostalgia se convierte en un sufrimiento intenso.
Cómo contener la tristeza
Los profesionales del área consideran
al síndrome del nido vacío como una crisis existencial pasajera.
Dependiendo de algunos factores como el número de hijos y la
personalidad de la madre de familia, todo puede mejorar con la
adaptación a una nueva rutina. "En el trayecto pueden exacerbarse
los síntomas de tristeza, y en tales casos es aconsejable el
tratamiento sicológico", dice Caramaschi.
Selma, un ama de casa que vive en las
afueras de Sao Paulo, relata que cayó en depresión durante dos meses
cuando su hija menor salió de casa para estudiar. "Mi hija me
acompañaba durante el día, y cuando se mudó a una ciudad vecina me
venció la tristeza; me sentía vacía y lloraba mucho por saber que
estaba lejos y que no estaría en casa el fin de semana. Esa era la
parte más difícil", recuerda Selma. La historia sin embargo tuvo un
viraje inesperado: la hija de Selma consiguió una vacante en una
universidad en la misma ciudad donde vivía antes, y siguió sus
estudios, pero viviendo en la casa familiar". Se trata de una
excepción, ya que la mayoría de las veces el hijo hace su vida y
nunca vuelve a vivir bajo el mismo techo que sus padres. Cortar ese
cordón umbilical imaginario puede ser doloroso al principio, pero es
crucial para la salud emocional de los padres.
Es importante, en suma, que las
madres vayan preparándose para la salida de los hijos de casa antes
de que la hora llegue. Para ello, deben separar su vida de la vida
de sus hijos tanto como les sea posible. "Salgan a pasear, amplíen
sus redes sociales, comiencen nuevas actividades (remuneradas o no),
pero que sean hechas fuera de casa y les ayuden a salirse del molde
de la madre clásica, muy atenta de las necesidades de su prole",
explica el sicólogo.
Quienes están sufriendo el síndrome
del nido vacío o están por entrar en esa situación, deben
relacionarse con diferentes personas y buscar el apoyo de quienes ya
pasaron por el mismo dolor; matricúlese en cursos o empiece a
frecuentar un gimnasio. Así, de a poco, se pueden reorganizar los
proyectos individuales, sacando el foco de la ausencia del hijo.
Fuente
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