Los champiñones son sabrosos y
fáciles de preparar, son de consistencia un poco delicada, por lo
que debes tener cuidado en tu elección cuando acudes al
supermercado.
La consistencia de los champiñones es como porosa y
cualquier magulladura cambia por completo su aspecto, por lo que al
elegirlos procura que sean de superficie clara y lisa.
Si los compras por paquete, asegúrate que estén recién empacados y
que la superficie de los champiñones no sea oscura.
Una vez que estás en casa y vayas a almacenar los champiñones por
unos días, debes saber que la humedad es un enemigo de los
champiñones, así que retíralos inmediatamente de su
envoltura plástica o de lo contrario, se “sudarán” y realmente
perderán su buen sabor y aspecto.
Lo mejor es guardarlos tal como están
en una bolsa de papel (como las que se usan para el pan), en un
recipiente plástico pero con una servilleta de papel absorbente que
los cubra por todos lados para que se absorba la humedad y no se
dañen los champiñones o también puedes utilizar un trapito seco.
Después, los almacenas en el refrigerador.
Cuando vayas a prepararlos, lo primero es limpiarlos.
Generalmente traen consigo partículas de tierra y materia orgánica
necesaria para su desarrollo; antes de remojarlos para desinfectar o
ponerlos debajo del chorro de agua, será mejor que retires esas
impurezas con un trapito seco; deberás hacerlo suavemente, para que
los champiñones se mantenga íntegros, sobretodo las “rejillas” que
se encuentran en su parte inferior. Ya que eliminaste las impurezas,
ahora si puedes darles una enjuagada breve para terminar con la
limpieza.
Una característica de los champiñones (hongos en general), es que no
contienen clorofila y por lo mismo, no sintetizan el almidón ya que
no utilizan la luz del sol (generalmente se encuentran en la sombra
o bajo árboles y hojas). El resultado es que tienen un bajo
valor calórico y son un buen complemento para tu
alimentación sana y balanceada. Los champiñones proporcionan
fósforo, vitamina B2 y un poco de proteínas.
¿Cómo prepararlos? Bien, crudos se pueden
agregar a las ensaladas, ya sea enteros o en rodajas. Puedes
hervirlos en agua con un poco de limón para que no se ennegrezcan,
también se pueden freír con aceite de oliva y ajo, puedes agregarlos
a guisados e incluso asarlos. Las sopas o cremas de champiñones son
otra delicia culinaria que debes incluir en tu menú.
Otra opción es comprar los champiñones enlatados, aunque su sabor es
ligeramente diferente por la salmuera para su conservación, son
deliciosos como guarnición y agregados a cualquier platillo