BENCHMARKING
Los criterios de comparación por
estándares de éxito - benchmarking - han demostrado que el concepto
es aplicable a cualquier situación de negocios. Solamente se
requiere conocer a fondo la operación de la empresa y tener la
capacidad de valorar adecuadamente sus fortalezas y sus debilidades
productos propios lo mejor ajeno y
obtener la superioridad al emular las fortalezas de los mejores en
el terreno, consiguiendo rebasarlos.
Una sociedad bien educada, más conocedora que nunca de sus derechos
y deseosa de hacerlos valer, es muy consciente de su selección de
entre diversas ofertas de productos. La publicidad por sí sola es
insuficiente cuando se tienen asociaciones de consumidores y
revistas especializadas que proporcionan comparación de estándares
exitosos - benchmarking - con productos competitivos.
El valor agregado se convierte en la naturaleza de la respuesta a la
competencia y la calidad sólo es una parte de ella, en tanto que el
consumidor pueda percibir la calidad en este sentido y no la calidad
"objetiva" que, por ejemplo, se apega a las normas del fabricante.
En el caso de las computadoras pegadas a la Red hacen que estas
comparaciones sean tan fáciles de hacer, que hasta las empresas más
insignificantes puede tener un sitio donde se muestre su producto y
ventajas, comparados con otros productos similares.
El establecimiento de medidas de referencia hizo furor en el
escenario de los negocios a comienzos de los años noventa. El
Benchmarking todavía es popular y se habla con el atraso natural de
ello en nuestros países a veces como una novedad.
Muchos estiman que no pasó de ser una respuesta transitoria a muchos
ejecutivos en la incesante búsqueda de opciones en la re invención
de todos los procesos posibles y con ello, reducir tiempos, costos y
mejorar la calidad.
No todos los tratadistas de mercadeo creen que el benchmarking ha
sido productivo, dado que muchas empresas gastaban demasiados
recursos para seguir las medidas de referencia de los procesos de
otras compañías y, al hacerlo, retrasaban de manera innecesaria el
inicio del diseño y la implantación de mejoras adaptadas a las
necesidades de sus clientes. Decía Stan Paliwoda:
"La práctica del benchmarking ha llevado a copiar lo que otros hacen
en lugar de introducir mejoras a los procesos. En una era en la que
las razones detrás del éxito japonés se difundieron con amplitud y
fueron materia de incontables seminarios, resulta ridículo ver a las
empresas posponer el trabajo arduo que tienen que realizar para
mejorar sus procesos con el potencial de producir el desempeño
máximo. Estos procesos son fáciles de identificar, puesto que casi
siempre son los que implican los costos de operación y activos más
elevados".
La práctica de criterios de comparación por estándares de éxito en
empresas de nuestros países, aparte de ser objeto de investigación
por parte de estudiantes de mercadeo, no creo que se hayan aplicado
para nada o muy escasamente.
El proceso de establecer criterios válidos de comparación requiere
enormes cantidades de tiempo, personal y sistemas. Esto significa
inversiones considerables en dinero y recursos necesarios para otros
fines, para la gran mayoría de las empresas de nuestros países las
cuales no pasan de 90 empleados, quedando calificadas como PYMES.
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