Despertó desnuda, en la orilla de la
cama. Las sábanas en el piso; a un lado, sus jeans con los calzones
atorados entre las piernas. No pudo cerrar los ojos hasta dos días
después de aquella mañana, luego de que los abrió en un hotel de
alfombras rojas. Sabía por qué estaba ahí, se lo decía su cuerpo. La
habían violado. Fueron dos hombres, pero no recordaba detalles.
Sólo 15 horas antes se había
arreglado en la recámara de su amiga. Se alació el pelo, se probó
varios atuendos. Se tomaron fotos, se mandaron besos frente al
espejo. A la fiesta llegaron juntas. Se recuerda con las manos
ocupadas por vasos de vodka, bailando, divertida, brincaba como sólo
se puede cuando se tienen 20 años. Estaba muy contenta. Salió de la
mano de dos nuevos amigos. Lo último que recuerda es haberse subido
a un automóvil negro.
Su nombre es anónimo como los rostros
de sus agresores, quienes siete horas antes de que la víctima
despertara en un hotel, le pusieron a su bebida una sustancia
conocida como “viola fácil”. Sus nombre oficial es GHB (gamma-hidroxibutirato).
Fue bautizado en el mercado de las drogas ilícitas como éxtasis
líquido y está siendo utilizado para cometer abuso sexual y
violación.
No tiene olor, ni color y su sabor es
levemente salado, pero imperceptible si se mezcla con cualquier
líquido. Sus letales efectos son idóneos para los agresores. Quien
lo ingiere entra en un sueño inducido por más de siete horas, pierde
sus reflejos, su fuerza. En los primeros 15 minutos pareciera que la
persona está muy borracha, pero una hora después cae en un sueño
profundo donde la víctima despierta con amnesia, en el mejor de los
casos, pues mezclado con alcohol puede provocar la muerte.
El delito ante la autoridad
Hasta septiembre de 2009 en la
capital del país, mil 762 mujeres han realizado una denuncia por
delitos sexuales en la Procuraduría General de Justicia del Distrito
Federal (PGJDF); 848 han sido por abuso sexual y 914 por violación.
Más de 70% se cometieron intramuros, es decir, en casa habitación,
hoteles, establecimientos, centros de trabajo, escuelas,
estacionamientos y hospitales. Otro dato es que 80% de los agresores
son conocidos por las víctimas.
Juana Camila Bautista es la fiscal de
Delitos Sexuales de la PGJDF y dice que a esta institución han
llegado este tipo de casos, aunque aclara que el uso de sustancias
para cometer delitos sexuales es aún bajo comparado con el número de
violaciones y abusos sexuales que se comenten en casa por
padrastros.
“Las víctimas refieren que se
quedaron dormidas y que lo último que recuerdan es que estuvieron
bebiendo alcohol o bien tenemos una averiguación donde la víctima
dice haberse despertado cuando el agresor estaba encima de ella, y
que nunca se pudo defender”, dice.
Cuenta otro más: “Una maestra de un
CBETIS bebía con sus alumnos para luego dormirlos con drogas y
abusar de ellos”, dice. Aunque asegura que los casos de violación
con sustancias aún son pocos y denunciados, lo que no significa que
no esté ocurriendo.
El doctor Raúl Fernández Jofre es
director del Centro Toxicológico de la Secretaría de Salud del
Distrito Federal y en la sala de urgencias del centro a su cargo
también se cuentan historias. “Aquí hemos estabilizado y mantenido
en observación hasta 24 horas a jovencitas a las que se les mezcló
sin su consentimiento GHB en sus bebidas”, dice.
Cuenta que una madrugada llegaron dos
chicas del norte del país acompañadas por varios jóvenes. Una de
ellas, las más chica, con 18 años, tenía la presión baja,
dificultades para respirar y no podía sostenerse por sí misma, su
compañera con mejor semblante, decía que habían tomado sólo bebidas
energetizantes en una fiesta. Minutos después comenzaron a sentir
demasiada euforia, se deshinibieron al grado que una de ellas, antes
de sentirse mal, tuvo relaciones sexuales con dos chicos.
Después vinieron horas de confusión.
Empezaron a sentirse borrachas, sin haber probado una gota de
alcohol, la más pequeña comenzó a sudar y a temblar sin explicación
alguna. Los análisis del Centro Toxicológico dieron positivo en GHB
y Taurina.
El fármaco en el cuerpo
El doctor Fernández Jofre dice que el
GHB es utilizado principalmente para cometer delitos sexuales y
robos. “Con dos miligramos de la sustancia la gente se deshinibe, se
ponen contentos e incluso puede elevar el apetito sexual, pues al
ser un depresor actúa igual que el alcohol, de dos a cuatro
miligramos los consumidores empiezan a perder el control de sí
mismos y con arriba de cuatro miligramos se pueden presentar un paro
respiratorio o un coma”, asegura.
El especialista explica que la
sustancia en la mayoría de los casos es mezclada con alcohol y no se
previene la cantidad, lo que puede ser mortal, pues al tomar dos
sustancias que son depresoras del sistema central nervioso, se
potencializan los efectos del alcohol. Entonces se produce una
intoxicación que tiene como resultado una amnesia: la gente no sabe
qué ocurrió, el efecto de la sustancia empieza a los 15 minutos y
dura dos horas, si es que se administra en bajas cantidades o de lo
contrario puede alargarse hasta 8 horas.
“Cuando hay abuso la persona entra en
un sueño muy profundo, donde no hay mecanismo de defensa porque es
un sueño inducido por un fármaco, es decir, que no sienten,
simplemente al despertar se dan cuenta de que fueron víctimas de un
delito sexual”, dice.
Hasta el Centro Toxicológico del DF
llegan pocos casos, pues acuden quienes son rescatados por amigos,
antes de que el agresor concluya su objetivo.
“Los desintoxicamos, estabilizamos y
tenemos en observación y se le da seguimiento médico y psicológico”,
dice.
Fernández Jofre explica que acudir a
un centro como éste puede salvarle la vida a cualquiera que se
encuentre intoxicado por alguna droga ilegal o legal como en el caso
del alcohol.
La alerta desde 2006
Ya desde 2006 el FBI (por sus siglas
en inglés, Buró Federal de Investigaciones) había alertado a la
Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federla que en las
calles de la ciudad de México circulaban nuevas drogas sintéticas
que regularmente no se conocían.
En un documento detallaban que además
de los estupefacientes usados regularmente como el crack , hachís y
cocaína, la población consumidora, en su mayoría jóvenes, estaba
probando nuevas sustancias como las llamadas pastillas “yaba”, el
GHB, los “palitos mojados” y los “poppers”.
En el caso del GHB, en los años 90 se
puso de moda como un medicamento entre los fisicoculturistas para
aumentar la masa corporal e incluso se vendía en las tiendas de
productos nutricionales, aunque nunca se demostró que efectivamente
cumpliera con el objetivo.
Hoy es considerada como una sustancia
peligrosa que ha sumado adeptos y que podría convertirse en un grave
problema de salud pública, pues una sobredosis puede hacer perder la
conciencia a quien lo consume después de 15 minutos y en el peor de
los casos, lo puede hacer entrar en coma o provocar la muerte.
Las secuelas
De cualquier modo, las víctimas
sienten la muerte en vida. La fiscal en delitos sexuales del DF dice
que ser abusada (o) sexualmente o violada (o) es una marca que se
queda para siempre.
Aunque invita a la denuncia para
terminar con la impunidad, además, asegura Bautista, el Gobierno
capitalino cuenta con Centros de Terapia de Apoyo a Víctimas de
Delito Sexual, donde se les da tratamiento médico, psicológico y
ayuda para poder superar día a día la desgracia que vivieron.
“En estos centros se les otorgan
medicamentos necesarios para prevenir infecciones de transmisión
sexual y embarazos no deseados, pero es importante no dejar pasar 72
horas, además de no bañarse antes de acudir a levantar la denuncia,
pues así habrá pruebas suficientes para defender a la víctima y
castigar al agresor”, explica.
La fiscal en delitos sexuales asegura
que en el 60% de los casos los agresores son castigados penalmente.
Los conozca o no la víctima. Y pide que la gente denuncie dónde se
venden estas sustancias, para prevenir los delitos