EL NEGOCIO DE LA
VIDA ETERNA
Conocer a detalle la genética de cada
recién nacido puede traer ventajas y desventajas; pero el genoma
humano será una revolución que puede detonar grietas económicas y
sociales
El secreto de la vida eterna se persigue
desde hace siglos. A más de uno le partía la cabeza pensar que podía
enterarse de qué moriría, a qué edad y si había forma de evitarlo.
El hecho de descubrir los genes del ser humano sería fuente de
información inagotable y solución a problemas inexplicables.
La secuenciación del genoma humano
ocurrió en 2000; desde entonces surgió la posibilidad de prevenir y
personalizar la salud, al grado de crear productos y tratamientos
para cada ser humano.
Pero con este descubrimiento se
abrieron nuevas interrogantes. “(La genómica) será una gran
cachetada que haga reaccionar a unos para mejorar sus condiciones de
vida y que para otros sea un factor que juegue en su contra y
reitere su condición de subordinados”, profetiza Tonatiuh Ramírez,
director general del Instituto de Biotecnología de la UNAM.
La genómica no resolverá problemas
económicos si no hay una decisión política: es posible que la
pobreza, el hambre y el resurgimiento de enfermedades (como la
tuberculosis) convivan con la detección temprana del sida y el
cáncer.
Otra pregunta es si el estilo de vida
terminará por reducir los beneficios de la genómica. “La paranoia y
el estrés psicosocial generan enfermedades más graves, que no tienen
que ver con la genética”, apunta Warren Lockette, profesor de la
Universidad de San Diego e investigador del Departamento de Defensa
de EU, quien participa en proyectos sobre riesgos a la salud en
América Latina.
Mientras, los efectos del
descubrimiento del código de la vida todavía son un relato de
ciencia ficción.
Diga 33
Los genetistas harán el mapa que
guiará a los médicos y pacientes.
En la sala de partos, una madre
recibe junto con su bebé un listado de padecimientos a los que será
propenso y la dieta, la rutina de ejercicio, el clima y el estilo de
vida que su hijo deberá seguir.
Las primeras lágrimas del recién
nacido fueron las que dieron la información genética y revelaron su
alto riesgo para desarrollar diabetes, insuficiencia renal y
arterioesclerosis.
Al seguir las instrucciones del
inmunogenetista, su hijo podrá vivir 100 años o más. Con ese
diagnóstico, podrá incluso hacer un alto a los 50 años, estudiar y
ejercer dos o más carreras, tener un hijo, jubilarse a los 80 y
esperar una muerte natural.
Ésa será una escena común en los
países desarrollados. En México, habrá pocas empresas que ofrezcan
este tipo de servicios y será larga la lista de espera. Por eso, el
segmento socioeconómico alto tendrá que viajar al extranjero y pagar
el alto costo de estas predicciones de vida.
La mayoría de los mexicanos vivirá 80
años, pero con graves problemas económicos y de salud. “Si ahora aun
con adelantos científicos no hemos resuelto los problemas de salud
pública y la gente sigue muriendo de enfermedades de la pobreza
–diarrea y complicaciones posparto–, menos lo haremos con técnicas
más sofisticadas que pocos van a entender y poder pagar”, señala
Raúl Ondarza-Vidaurreta, doctor honoris causa de la Universidad
Paris XII y especialista en bioquímica de la Facultad de Medicina de
la UNAM.
El costo de esa tecnología y sus
servicios, el déficit de genetistas y especialistas en
inmunogenética, geriatría, proteómica y neurociencias son los
obstáculos que México tendrá que resolver para lograr que la
medicina genómica llegue a todos.
Al menos 157 escuelas de medicina en
el mundo ya sumaron la genómica como materia estructural. En México,
las de la UNAM y la Universidad La Salle la tienen desde hace 15
años, y la primera creó el año pasado su Centro de ciencias
Genómicas. Pero el número de nuevos profesionales con conocimientos
en medicina genómica será insuficiente para atender a más de 105
millones de mexicanos y el nuevo estilo de vida para no enfermarse
restringirá el acceso. Eso determinará la salud pública y financiera
del país.
Con la secuencia del genoma, la
práctica médica acelerará cada vez más su inserción en la
tecnología. Los fríos estetoscopios o el ‘diga 33’ serán remplazados
por computadoras, unidades que clasifican los genes y analizan sus
riesgos en la salud, expedientes clínicos electrónicos, chips y
dispositivos digitales.
Una muestra de saliva, lágrima o
sangre revelará la información de los riesgos de salud genéticos que
predisponen a un paciente a desarrollar diabetes, cardiopatías,
arteroesclerosis o mal de Parkinson.
Con esa información, el médico
diseñará la terapia ‘génica’ para retrasar o eliminar esas
enfermedades. “La mancuerna genetistas-médicos será determinante
porque cumplirán una función preventiva más que curativa”, apunta
Gerardo Jiménez Sánchez, director general del Instituto Nacional de
Medicina Genómica (Inmegen). El genetista hará el diagnóstico de las
enfermedades y el médico diseñará el estilo de vida que deberá
cumplir para evitarlas.
Las visitas al consultorio serán
fugaces o eventuales. El paciente llegará con su gadget médico que
contendrá su perfil genético, niveles de glucosa y presión arterial
del último mes.
El médico podrá descargar y analizar
esa información en su computadora, o recibirla por internet. Incluso
el mismo paciente podrá incorporarla diariamente a su expediente
clínico electrónico. No seremos inmortales ni se extinguirán los
pacientes y los médicos que necesiten el contacto humano. Viviremos
más; pero igual que hoy, no será para todos
MAPA DEL GENOMA MEXICANO EN INTERNET
EL GENOMA MEXICANO EN UN CHIP
MEXICO DESCIFRA EL MAPA DE GENOMA
EL NEGOCIO DE LA VIDA ETERNA
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