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VOTAR ABSTENERSE O
ANULAR - ELECCIONES 2009
En un clima de mucho desencanto ha
crecido el fenómeno del desafecto ciudadano por la política y las
urnas. No es un fenómeno exclusivo de nuestro país; en América
Latina crece la insatisfacción democrática y en las viejas
democracias también existen estas expresiones
En México, la relación de los
ciudadanos con las urnas ha sido complicada. Desde finales de los
años 80 una de las demandas más importantes de la sociedad fue el
respeto al voto. El cambio constante de reglas electorales ha sido,
quizá, la estrategia más visible para lograr una democracia
electoral y dejar atrás un régimen autoritario. Pero la historia no
va en un solo sentido ni siempre corre hacia delante; muchas veces
está plagada de regresos, cambios de ruta y desviaciones. En nuestro
país hay dos procesos sociales que se han empalmado: por una parte,
la transición democrática y la llegada del neoliberalismo; por la
otra, la llegada de la alternancia política y el crecimiento de la
abstención electoral.
Cada proceso electoral se construye
con características singulares y el actual no es la excepción. La
memoria nos remite a que 1988 se caracterizó por el fraude, la
ruptura del cardenismo, la inauguración de la competencia
tripartita, la caída del voto priísta. La de 1994 fue una elección
dentro de un clima de miedo, con un altísimo nivel de participación,
la ruptura de los límites políticos y una marcada desigualdad en las
condiciones de la competencia. En 1997 se estrenaron organismos
autónomos, el DF eligió a sus autoridades. El 2000 fue la
alternancia presidencial; 2003 fue la elección más cara y
abstencionista de la historia y en 2006 regresó el conflicto y hubo
una grave polarización política. Una de las novedades más
importantes de 2009 es la corriente de opinión que plantea la
anulación del voto como una respuesta ciudadana ante el descontento
con los partidos políticos.
Una parte importante de la discusión
electoral de 2009 se ha centrado en la pregunta de qué hacer frente
a las urnas. Tradicionalmente las opciones han sido votar por una
opción o abstenerse. Las opciones por el voto tienen diversas
lógicas, desde la compatibilidad de proyecto y programas, pasando
por la cercanía ideológica, hasta las opciones más pragmáticas que
ven hacia el mejor candidato o la opción menos mala. En el 2000 se
usó el voto útil para cambiar de partido gobernante. Al final están
las opciones del clientelismo, el corporativismo y la compra del
sufragio. La abstención tiene también varias expresiones, desde el
que nunca pasa por las urnas porque no está convencido de
participar, el abstencionista sistemático. Pero también está el
ocasional, que no vota por desidia o desinterés, es el ciudadano
desconectado de las urnas. Otro grupo es el que lo hace como una
expresión pasiva de inconformidad y descontento. La novedad ahora es
que se ha formado un movimiento que reivindica el derecho ciudadano
de ir a las urnas, pero para anular el voto. No se trata de una
abstención pasiva, sino de un ejercicio ciudadano activo y muy
razonado. Algunas consignas que circulan son: “yo anularé mi voto”;
“tache a todos”; “para políticos nulos, votos nulos”.
Los “anulistas” forman un universo
muy heterogéneo de personas que se han desencantado —con razón— de
los partidos políticos porque: no ven diferencias importantes en la
forma de enfrentar problemas de corrupción y de impunidad; porque
les parece que hay abusos de poder y excesos en el uso de los
recursos públicos; porque hay una desvinculación entre las élites
dirigentes y la ciudadanía; porque la rendición de cuentas es muy
débil; porque la eficacia para gobernar deja mucho que desear;
porque la labor legislativa representa mayoritariamente los
intereses particulares de los grupos de poder. Se trata de un
abanico de inconformidades cada vez más amplio que se ha agudizado
con las múltiples crisis por las que atraviesa el país. Una medición
reciente ubica en 10% a este sector que está por la anulación
(Reforma, 29/V/2009). Si a ello le sumamos que la participación
estará en un rango que sólo llegará a 30% o 35%, algo grave sucede
en nuestro sistema político.
Las diferentes opciones tienen
supuestos compartidos, como la importancia de los partidos para la
democracia o la relevancia del voto libre como una conquista
reciente en nuestro país. Pero también hay diferencias sobre la
eficacia en las estrategias. Los que dicen que es mejor votar
indican que su voto decidirá la conformación del gobierno, y los
abstencionistas y los “anulistas” dejarán en manos de otros la
decisión. En cambio, los que quieren anular confían en que se podrá
dar una señal, una llamada de atención a los partidos para que
cambien sus rasgos partidocráticos, su autismo político y
reconstruyan una representación democrática de calidad. Un resultado
es que los altos niveles de abstención y de anulación jugarán contra
la legitimidad de los candidatos electos. En suma, 2009 se
caracterizará por ser una elección en la que una parte importante
del voto se anule, como un instrumento legítimo y democrático.
¿Votar, abstenerse o anular? - Alberto Aziz Nassif
EL PRI PRIMERO EN LAS ENCUESTAS
VOTAR NULO. ANULAR EL VOTO. ELECCIONES 2009
VOTAR ABSTENERSE O ANULAR - ELECCIONES 2009
VOTAR O NO VOTAR - ELECCIONES 2009
NARCOTRAFICO Y LA CAMPAÑA ELECTORAL - ELECCIONES 2009
ENCUESTAS Y RESULTADOS ELECTORALES - ELECCIONES 2009
ALGUIEN QUIERE LO QUE TU TIENES, ALGUIEN TIENE LO QUE
TU QUIERES.
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