La pasada temporada empezó con
pocas perspectivas en el Staples y terminó con el título del
Oeste, el MVP de Bryant y a sólo dos triunfos de la final. Y eso
jugando media temporada sin Bynum, lesionado, y otra media sin
Gasol, todavía en Memphis.
Ahora están todos, y nadie duda de
que los amarillos parten como uno de los grandes candidatos a
volver a las finales, esta vez para ganarlas y, a ser posible,
en una revancha ante el rival de rivales, los Celtics. Los
Lakers tienen al mejor jugador de la liga, Kobe Bryant, a una
pareja interior extraordinaria formada por uno de los hombres
altos con más talento en el juego ofensivo de toda la liga, como
Pau Gasol, y un pívot joven, Bynum, cuya progresión le puede
situar pronto como uno de los pívots más dominantes del
campeonato. Además, Phil Jackson cuenta con una pareja de bases
perfectamente complementaria, el veterano Fisher y el joven y
explosivo Farmar, tiro exterior con Vujacic y Radmanovic, el
físico de Ariza y el talento pluridisciplinar de Odom, uno de
los jugadores más completos de la NBA. Quizá falta rotación
interior y una mayor dosis de dureza defensiva. En ataque, es un
equipo casi imparable cuando juega con sentido colectivo. Pero
los Celtics les demostraron que, a la hora de la verdad, hay que
apretar más los dientes en la propia zona. Y parece que han
aprendido la lección...
Orlando Magic
Orlando fue una alegría, un
golpe de frescura para la liga durante la temporada 2007/08. Un
equipo joven, alegre, seguro de sí mismo, que trabajaba duro
pero se divertía en la cancha. Así se llevó el título de
División y alcanzó la segunda ronda de playoffs, convertido en
el equipo más anotador del Este.
Ahora, los Magic afrontan una
temporada en la que deberían seguir creciendo en paralelo al
desarrollo imparable de Dwight Howard. Contra las bajas de
Arroyo, Dooling y Maurice Evans, Orlando presenta como principal
cara nueva a Mickael Pietrus. Pero la base del equipo seguirá
residiendo en la demoledora fuerza interior de Howard, en la
elegancia de Turkoglu y en la aportación de Rashaard Lewis. Y
hay margen de mejora, porque el pívot parece sumido en una
progresión constante e imparable y el alero tiene que demostrar
algo más que la temporada pasada para justificar el enorme
desembolso (122 millones de dólares) que Orlando hizo por él.
Juntos pueden formar una demoledora pareja interior - exterior
con la ayuda de Turkoglu, cada día más importante en el equipo,
además del recuperado Battie para el juego interior y un base
cada vez más sólido como Nelson, más anotador que asistente. Sin
Dooling y Evans, JJ Redick deberá contar con más minutos en la
rotación para explotar su tiro exterior al amparo de los
espacios creados por las defensas múltiples que constantemente
recibe Howard. Orlando seguirá siendo un equipo a tener en
cuenta a partir de un baloncesto muy bonito de ver. Un equipo
que divierte, se divierte, y quiere llegar todavía más lejos