Hace 17 años el general Rodolfo Cruz
López estaba al igual que hoy, rodeado por un grupo de jóvenes.
Entonces los alentaba, les decía que había que jugarse todo y que
había que ganar, pues para eso se compite.
En 1992 el general Cruz era el coach
del equipo Centinelas de Guardias Presidenciales. Ese año había
tomado al equipo en el último lugar de la tabla de la Liga Mayor de
futbol americano y los llevó a la final.
Hoy, en el círculo que lo rodea no
hay jugadores sino hombres de 27 años, en promedio, que con el
rostro cubierto por pasamontañas, uniformes azules y rifles R-15
están listos para salir a pelear contra el cártel de La Familia
Michoacana, que en los últimos días lanzó una ofensiva inédita en
contra de la Policía Federal.
"Estamos aquí porque estamos
convencidos de que vamos a ganar. Si pensáramos que no podemos ganar
ni siquiera hubiera valido la pena haber venido. Vamos a darles con
todo, no quiero que nadie se eche para atrás", decía el general Cruz
a los jóvenes que le rodeaban, aunque hoy ya no es un entrenador,
sino el responsable del despliegue territorial del la Policía
Federal.
"Usted sabe que nosotros no nos
echamos para atrás, el otro día cuando nos los topamos les dimos con
todo y no nos echamos para atrás", le respondió al general un joven
ex militar que se unió a las Fuerzas Federales de Apoyo de la
Policía Federal y que el sábado pasado participó en la detención del
capo Arnoldo Rueda Medina, La Minsa.
Con el rostro descubierto, este
federal bajito y de bigote bien recortado platicó cómo La Familia
intentó rescatar a su operador: "La adrenalina era mucha. Disparé
todo un cargador, luego le puse otro y otro más; no sé cuántos tiros
disparé. Pero no nos lo pudieron quitar. Una granada nos cayó a unos
metros pero no nos pasó nada".
Asegura que en varias ocasiones le
han ofrecido dinero para ayudar a los narcotraficantes, pero dice
que no ha aceptado simplemente porque él desde que llegó al Ejército
le ha gustado estar del otro lado.
Otro joven, también de 27 años, que
proviene del Ejército, confiesa que a él aún no le ha tocado
disparar su arma de cargo, pero que no dudaría en hacerlo para
combatir a los miembros de La Familia.
En el estado se puede oler que una
ofensiva de las fuerzas federales está cerca. Este jueves Michoacán
amanecerá con un despliegue de 4 mil elementos entre policías,
Ejército y Marina.
En un avión 727 de la Policía Federal
llegan a Michoacán con el general Cruz y un centenar de policías que
se unirán a los mil 200 que ya están en el estado. Saben que el
lunes 12 de sus compañeros fueron ejecutados. Están dolidos y no
ocultan las ganas que tienen de enfrentar al enemigo.
"Vamos a ir a esa carretera que dicen
que no se puede transitar. Vamos a ver si se puede o no se puede",
asegura el general al referirse a la autopista Siglo XXI. A la
orilla de esa carretera fueron abandonados los cuerpos de los 12
policías torturados y ejecutados. En esa vía también fue asesinado
el martes otro federal y horas más tarde un autobús que transportaba
a 30 agentes fue atacado con granadas y armas de fuego.
El general Cruz, un militar de 66
años con 50 de carrera en las armas, sabe que hace unas horas uno de
los enemigos por los que vienen a Michoacán, Servando Gómez
Martínez, La Tuta, tuvo la osadía de dar un mensaje y decirle al
Presidente que los de La Familia no son sus enemigos.
Ese anuncio lo enoja y dice: "La
diferencia entre ellos y nosotros, es que nosotros sí damos la cara
y tenemos un uniforme".
El general toma del hombro a varios
de sus muchachos y uno por uno va platicando con ellos. No les
ofrece muchos detalles, pero una y otra vez les reitera que este
trabajo no es para cobardes: "Es duro, ven caer a sus compañeros y
hay que animarlos", dice. "Vamos a partirles la madre, sólo
necesitamos huevos", arenga. -
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