Marcela está casada desde hace más de
10 años y nunca lo ha sentido; Adriana supo lo que era hasta los 55
años y Josefina murió sin saber acerca de esta experiencia. Todas
ellas son mujeres que forman parte de las estadísticas que señalan
que entre 30% y 40% de las mexicanas nunca o rara vez han sentido un
orgasmo, de acuerdo con datos de una encuesta realizada por el
Instituto Mexicano de Sexología.
En el extremo, la ciencia habla de
que existen mujeres que pueden experimentar hasta más de 30 orgasmos
durante un encuentro sexual, según señala a KIOSKO el experto Carlos
Beyer, jefe del Laboratorio de Tlaxcala del Centro de Investigación
y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional.
Sentimiento de culpa por sentir
placer o vergüenza, concebir el acto sexual como un pecado, falta de
entrega plena a la experiencia, cuidar sus posturas (no gemir, no
gritar), autodesconocimiento del cuerpo femenino y hacer una
revisión de sus sentimientos durante el acto sexual, hace que las
mujeres se queden a dos segundos de estallar en el orgasmo,
coinciden los especialistas.
No es una patología
José de Jesús González Salazar, del
Grupo Interdisciplinario de Sexología, explica que aunque la falta
de orgasmos no es una patología, sí representa la ausencia de una
vida sexual plena.
Sin embargo, “una mujer bien puede
vivir hasta la muerte incluso con la sensación de tener placer
sexual, sin haber experimentado un orgasmo, pues se valoran otros
aspectos en la relación”, señala Carlos Beyer.
A los obstáculos psicológicos y
culturales para experimentar un orgasmo puede agregarse la
inadecuada excitación que lubrique la vagina o padecer un vaginismo
(músculos estrechos en la vagina), así como un proceso infeccioso
que provoque irritación o dolor durante la relación sexual, explica
por su parte el ginecólogo Mauricio Osorio.
La falta de lubricación durante una
relación también se debe a una carencia hormonal, en las jóvenes
llamada falla ovárica prematura y en las adultas porque se presenta
la menopausia.
De acuerdo con el sexólogo Francisco
Delfín, un compañero inhábil o avaro en las caricias, con
eyaculación precoz o con disfunción eréctil, también puede ser causa
de la anorgasmia.
José Eduardo Tappan, doctor en
antropología y psicoanálisis, junto con González Salazar, coinciden
en que el orgasmo se enmarca en la cultura machista y por ende
falocéntrica -donde se basa la obtención del placer sexual en la
penetración-, lo que ha contribuido a que este tipo de disfunciones
aumente.
Lo cierto es que cuando una persona
está preocupada o tiene un deseo intenso de querer llegar al orgasmo
pierde la intención de disfrutar y la anorgasmia llega. “Hay mujeres
que alcanzan el orgasmo con puros besos o fantasías”, explica el
sexólogo González Salazar, quien asegura que una pareja luego de
diez sesiones en terapia puede alcanzar un orgasmo placentero.
Tappan dice que una de las raíces de
la insatisfacción sexual o de la no apropiación del orgasmo se
origina a partir de la inexistencia de palabras que lo definan como
tal, pues las que hay son asociadas con las percepciones de los
hombres.
“Me vine, me voy a venir”, son frases
que hacen referencia explícitamente a la eyaculación del hombre, por
lo que se necesita una generación de conceptos propios para la mujer
y entrañar con ello en la cultura la sexualidad femenina.
La anorgasmia puede ser primaria en
el caso de que la mujer nunca haya experimentado un orgasmo, o
secundaria cuando luego de haber tenido orgasmos con normalidad se
dejen de experimentar de forma recurrente. Las cifras de esta
disfunsión pueden crecer debido a que las mujeres piensan que
sentirse húmedas y gemir tantito es un orgasmo.
Lo primero, reconocer el problema
Los especialistas indican que para
atender la disfunción lo primero es que la mujer reconozca que tiene
un problema, y después trabajar en el autoconocimiento de su cuerpo,
pues según el Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) de
Guadalajara, 70% de las mujeres desconoce su cuerpo.
Ya sea en pareja o por masturbación,
cuando se experimenta anorgasmia puede, sin embargo, sentirse
excitación, pero tras los diversos intentos no llegar al orgasmo.
Esta disfunción puede ser total (tanto vaginal como clitoridea), o
parcial (sólo clitoridea o sólo vaginal).
La encuesta “Satisfacción y actitudes
sexuales de los mexicanos”, hecha por los laboratorios Pfizer a
principios de 2009, señala que 74% de hombres y mujeres alcanzan el
orgasmo.
“Hay malos amantes”, fue la
conclusión a la que un grupo de cinco amigas llegó, tras hacerse la
confidencia de que pocas veces sentían durante sus relaciones
sexuales un orgasmo acompañado de un desvanecimiento, pérdida o
hundimiento. “Ellas son las frígidas”, son los argumentos que los
hombres responden ante una acusación de este tipo. No obstante,
según los estudios del CUCS, 60% de las mujeres finge el momento del
clímax durante el coito.
Lo cierto es que se dice como frase
popular entre los sexólogos que “el orgasmo es de quien lo trabaja”.
Subrayan que llegar a él es una cuestión personal que se basa en la
comunicación en pareja, todo ello con el fin de que lleguen las
caricias estimulantes, la excitación, los ritmos en movimientos
pélvicos y, finalmente, el orgasmo.
Diversas causas
La Asociación Mexicana de Salud
Sexual señala en un documento que la anorgasmia es una disfunción
sexual que por lo regular presenta diversos síntomas durante un
tiempo considerable y en varias ocasiones, que pueden tener origen
biológico, psicológico o cultural.
“Cuando sucede un orgasmo en una
mujer, su vagina palpita rápidamente durante unos cuantos segundos.
Además, usualmente experimenta al tiempo de las contracciones
vaginales sensaciones placenteras muy intensas y posiblemente una
sensación posterior de estar satisfecha sexualmente. Estas dos
dimensiones, la física y las sensaciones, se ven alteradas y/o
ausentes en la anorgasmia femenina”, dice el texto.
Pero el orgasmo no es lo mismo para
todas las mexicanas. Hay culturas en las que el sentido del placer,
más allá de ser cercenado físicamente con la extirpación del
clítoris como en otras regiones del mundo, se extrae de la mente.
“Existen zonas campesinas en donde
impera la misoginia y el coito es para el hombre simplemente meter
el pene y eyacular, no hay tiempos de intimidad para la caricia o
los besos, las condiciones en las que se practica la sexualidad no
son muy higiénicas por lo que se renuncia aplacer o a la
satisfacción”, señala el doctor José Eduardo Tappan.
Las mujeres tzotziles-zinacantecas,
un grupo indígena de Chiapas, lo viven como una “muerte chiquita”
(petit mort) de la que se tienen que curar. El iloletic o chamán
comunitario llega a un buen acuerdo con el espíritu de la mujer para
que no experimente más esta sensación, explica Tappan, basado en un
trabajo de campo realizado en ese estado.