La zona se ha calentado. Los cercanos
a Arturo Beltrán Leyva, El Jefe de Jefes, se alistan para embestir a
las fuerzas federales. Advierten que “fue un error haberse metido
con la empresa” y anticipan su reacción.
De madrugada, un grupo, según vecinos
de La Lagunilla, colocó una manta en la que anuncia esta listo para
ir a una “guerra en Morelos”; por la mañana, a unos kilómetros de
Cuernavaca, en Yautepec, mataron a un líder de taxistas.
El Ejército se mueve. El narco
también. Aún así se siente la cercanía de la Navidad. El viento es
helado y el sol quema la piel. Los centros comerciales, los pequeños
comercios, las tiendas en las inmediaciones del Palacio de Gobierno
están desbordados por los lugareños.
En las colonias ricas se ven las
casas radiantes, la gente que sale y entra de restaurantes. En las
colonias pobres, como La Lagunilla, el ambiente lo inunda el
silencio. La gente no habla, está preocupada y tras decir al extraño
que es un lugar peligroso, le lanza bendiciones. Luego se despide.
La Lagunilla, la colonia más brava de
Cuernavaca, es una zona de barrancas, de casas pobres y de gente con
miedo. Todas las calles tienen grafitis de las pandillas que
obedecen al cártel de Sinaloa. Sólo tiene una entrada y una salida:
es una avenida con curvas y sólo dos carriles en declive.
En cada esquina hay un hombre sentado
en una silla o banqueta. Solo miran y ocupan un celular. Ven a lo
lejos y retan con la mirada a los extraños. Los vecinos caminan a
prisa, como escapando.
Aquí en esta colonia, en la malla
ciclónica de un pequeño jardín de niños de nombre Pzopel, colocaron
una manta que dice textual:
“LA EMPRESA… eso no es ni el comienzo
de la guerra en Morelos aparte de que les estamos ayudando a
combatir la delincuencia en Morelos cometieron un gravísimo error al
meterse con LA EMPRESA (Barbie) tienes todo mi apoyo para comenzar
una guerra en Morelos ya que cuento con gente suficiente al mando
para empezar una guerra y que quede claro que la mafia nunca se va a
acabar. Arriba Sinaloa. Atte ‘El Flaco’ (Chiquis)”.
El mensaje fue colocado en esta
colonia de barrancas —que a lo lejos se parece a las favelas de
Brasil— que, en medio de los contrastes que hay en Cuernavaca,
colinda con un club de golf y con la colonia Vista Hermosa, una zona
residencial, con casas de teja, bardas bajas y albercas en el
jardín.
Aquí, en la Vista Hermosa, es donde
está la funeraria Hispano Mexicana, que se hizo cargo de atender el
cuerpo de Arturo Beltrán Leyva para trasladarlo después a la ciudad
de México y de ahí, a Sinaloa. El lugar de la manta y la funeraria
están separados por un trayecto de 5 minutos en auto.
Esa manta fue retirada por policías
estatales durante la madrugada. Desde el alba, personal del Ejército
mexicano patrulla la colonia. Son 25 soldados a bordo de tres
camionetas. La gente los mira y se oyen gritos: “Vienen los verdes.
Ya viene el Ejército”.
Hay un grupo de cinco hombres
emborrachándose… beben de una botella ron de caña. Mientan madres
cuando el reportero se acerca. Luego saludan. “No, aquí no vimos
nada, sólo se escuchó harto ruido, eran unos malandros”.
Los soldados, armados con rifles de
asalto y con el rostro cubierto, suben por Matamoros, pasan el campo
deportivo, luego doblan en la calle de Luis Echeverría y se detienen
en la de Costa Rica.
Encaran al periodista que les toma
fotografías. Una vecina tímida se acerca a un reportero y le comenta
que en la noche un grupo de jóvenes hacían ruido, “como si
festejaran, se escucharon ruidos y luego olía a quemado”.
—Cállate mana… que no ves que es algo
bien peligroso. Nos pueden hacer algo —le dice una de sus
familiares.
Cuando los militares dejaban la zona,
los hombres que hay en cada esquina, sentados en sillas o sobre la
banqueta, regresan a sus puestos.