INDEPENDENCIA DE
MEXICO
El proceso de la Independencia de
México fue uno de los más largos de América Latina. La Nueva España
permaneció bajo el control de la Corona por tres siglos. Sin
embargo, a finales del siglo XVIII, ciertos cambios en la estructura
social, económica y política de la colonia llevaron a una élite
ilustrada de novohispanos a reflexionar acerca de su relación con
España. Sin subestimar la influencia de la Ilustración, la
Revolución Francesa ni la independencia de Estados Unidos, el hecho
que llevó a la élite criolla a comenzar el movimiento emancipador
fue la ocupación francesa de España, en 1808. Hay que recordar que
en ese año, Carlos IV y Fernando VII abdicaron sucesivamente en
favor de José Bonaparte, de modo que España quedó como una especie
de protectorado francés.
En las colonias españolas en
América, se formaron varias juntas que tenían como propósito
conservar la soberanía hasta que regresara el rey Fernando VII al
trono. Nueva España no fue la excepción (encabezados por Francisco
Primo de Verdad y Ramos), la diferencia es que el primer intento de
este tipo concluyó con la destitución del virrey y la sujeción del
Ayuntamiento de México a la autoridad directa de la nueva cabeza de
la colonia (que a diferencia de Iturrigaray, no simpatizaba con la
Junta). Tal situación llevó a los criollos a radicalizar su
posición. Finalmente, el núcleo donde hubo de comenzar la guerra por
la independencia fue Dolores, Guanajuato, luego que la conspiración
de Querétaro fue descubierta. Aunque aquél 16 de septiembre de 1810
el cura Miguel Hidalgo y Costilla se lanzó a la guerra apoyado por
una tropa de indígenas y campesinos, bajo el grito de "Viva la
Virgen de Guadalupe, muerte al mal gobierno abajo los gachupines",
finalmente la revolución le llevó por otro camino y se convirtió en
lo que fue: una guerra independentista.
El conflicto duró once años y distó mucho de ser un movimiento
homogéneo. Como se ha dicho, al principio reivindicaba la soberanía
de Fernando VII sobre España y sus colonias, pero con el paso del
tiempo adquirió matices republicanos. En 1813, el Congreso de
Chilpancingo (protegido por el generalísimo José María Morelos y
Pavón) declaró constitucionalmente la independencia de la América
Mexicana. La derrota de Morelos en 1815 redujo el movimiento a una
guerra de guerrillas. Hacia 1820, sólo quedaban algunos núcleos
rebeldes, sobre todo en la sierra Madre del Sur y en Veracruz. Por
esas fechas, Agustín de Iturbide pactó alianzas con casi todas las
facciones (incluyendo al gobierno virreinal) y de esta suerte se
consumó la independencia el 27 de septiembre de 1821. España no la
reconoció formalmente hasta diciembre de 1836 y de hecho intentó
reconquistar México, sin éxito.
La ex colonia española pasó a ser una efímera monarquía
constitucional católica llamada Imperio Mexicano. Finalmente fue
disuelto en 1823, cuando luego de varios enfrentamientos internos y
la separación de Centroamérica, se convirtió en una república
federal.
Antecedente
Situación económica y social del virreinato de Nueva España
Una representación de mestizos en una "Pintura de Castas" de la era
colonial. "De español e india produce mestizo".
El pilar de cuando se empezó la economía colonial de Nueva España
era la explotación de esclavos. Durante la segunda mitad del siglo
XVIII la producción minera vivió una de sus mejores épocas. La
producción de oro y plata (los dos metales más importantes para la
minería novohispana) se triplicó en el período de 1740-1803 (Villoro,
1989: 594). Asociados a esta importante actividad, existía un
complejo de ramos económicos que de una u otra manera se vieron
beneficiados por el auge minero. Por ejemplo, los grupos de
comerciantes que controlaban el tráfico entre la colonia y España; o
bien, los dueños de las comarcas agrícolas que abastecían a los
principales centros mineros o comerciales en todo el país (el valle
de Puebla, asociado a la ciudad de México, o el Bajío, vinculado a
las minas de Zacatecas y Guanajuato).
Sin embargo, con las Reformas borbónicas, puestas en marcha desde la
metrópoli, se fueron desarrollando nuevas ramas económicas en Nueva
España. Aunque en general, las reformas representaron un cierto
aliento de cambio a los casi tres siglos de continuidad en el
sistema colonial, el beneficio para los diversos grupos de la
sociedad novohispana no fue igual. Las clases bajas no vieron
grandes variaciones en su situación subordinada. Pero quienes vieron
profundamente afectados sus intereses fueron las familias vinculadas
con el comercio exterior. Por aquella época, el comercio entre Nueva
España y la metrópoli se realizaba exclusivamente por medio del
puerto de Veracruz. Esta es la razón de que los comerciantes de esa
ciudad tuvieran tan grande influencia en la política y la economía
de la colonia.
Pero con la declaratoria de libre comercio entre las colonias y la
abolición del monopolio veracruzano, crecieron en poder y número las
cámaras de comerciantes en otros puertos de Nueva España. Este fue
uno de los factores que contribuyeron al auge minero de finales del
siglo XVIII. Puesto que las familias de comerciantes habían visto
amenazadas sus inversiones e intereses, trasladaron buena parte de
su capital a la industria minera. Los espacios vacantes fueron
ocupados en muchas ocasiones por los americanos. Los criollos de las
colonias españolas ocupaban una posición inferior con respecto a los
peninsulares (designados en el habla mexicana como gachupines) en la
estructura de la sociedad virreinal. Sin embargo, no eran un grupo
del todo despojado de importancia específica: por ejemplo, en
Guanajuato las minas más importantes de la región se encontraban en
manos de familias criollas. Por otro lado, la apertura derivada de
las reformas borbónicas de finales del siglo XVIII, propició el
crecimiento de una pequeña clase media de extracción americana.
Asímismo, cabe destacar que dentro de los antecedentes del proceso
de la independencia nacional, jugó un papel importante el desarrollo
del nacionalismo criollo, que exaltó la riqueza cultural de los
indígenas a fin de revalorar la tierra donde habían nacido y
proyectarlo como un elemento de identidad.
Revoluciones burguesas: Francia y Estados Unidos
Sin duda, dos movimientos marcaron la historia del final del siglo
XVIII. Uno fue la Revolución Francesa, y el otro, la independencia
de Estados Unidos. Tanto la una como la otra tenían su sustento en
las ideas de la Ilustración. A su triunfo, las revoluciones en
Francia y Estados Unidos proclamaron la igualdad de los hombres ante
la ley y dieron amplias libertades a los ciudadanos; una categoría
que nacía precisamente con el iluminismo francés. Desde luego, estas
ideas no eran del todo desconocidas en las colonias españolas. Se
sabe, por ejemplo, que el cura Miguel Hidalgo era simpatizante de la
Ilustración, y que muchos de aquellos que participaron en la Guerra
de Independencia de México conocían con mayor o menor profundidad
las ideas del liberalismo.
Invasión francesa en España
Fernando VII, rey de España. Cuando los franceses obligaron a la
familia real española a ceder sus derechos al trono de la península
en favor de los Bonapartes, en varias ciudades de América se
establecieron Juntas provisionales que gobernaban en nombre del
soberano español. En Nueva España, la Junta de México fue suprimida
por los españoles el 15 de septiembre de 1808.
Véase también: España durante la ocupación francesa
Este factor fue determinante , pues el clero español sabía que si
Napoleón tomaba el poder en España, al tener una ideología diferente
al catolicismo, perdería su poder sobre el pueblo, por esta razón
también el cura Miguel Hidalgo y Costilla junto con el padre José
María Morelos y Pavón iniciaron la independencia de México para que
el poder de Napoleón no pasara a afectar directamente al clero de la
Nueva España.
La invasión de Portugal por parte de las tropas de Napoleón en 1807
obligó la huida de la Casa de Braganza a Brasil. En España, este
suceso había provocado la división de la familia real española.
Instigado por Manuel Godoy, el príncipe de Asturias había planeado
un complot para destituir a sus padres de la corona. Finalmente,
logró que Carlos IV abdicara en su favor el 19 de marzo de 1808. Tal
suceso no complació en nada a Bonaparte, que intentó forzar a Carlos
IV a declarar nula su abdicación. Aunque Fernando VII intentó formar
un gobierno propio y organizar España, Napoleón le condujo con
engaños a Bayona, donde el 5 de mayo de 1808 lo forzó a ceder la
corona a su padre, para que luego éste la entregara al francés.
Los dominios españoles en América ante la ocupación de la metrópoli
Aunque aparentemente no hubo ningún cambio en la organización y los
vínculos entre España y sus dominios ultramarinos en América, en
realidad en cada una de las colonias había una discusión sobre quién
era el verdadero soberano de las tierras americanas. El problema era
que, nominalmente la soberanía de los dominios españoles radicaba en
el titular de la Corona de España, no había una claridad sobre la
posición que se debía guardar ante la ocupación extranjera de la
metrópoli. Para algunos, la opción era reconocer al gobierno francés
de ocupación. Para otros, la soberanía radicaba en Fernando VII, y
por lo tanto, no estaban dispuestos a reconocer a Bonaparte como
soberano. Y había un tercer grupo, influenciado por las ideas de la
Ilustración y la reciente Independencia de Estados Unidos, para
quienes la opción era la separación de las colonias. Hay que señalar
que en realidad, estos partidos estaban formados sobre todo por los
miembros de las clases altas y medias, es decir, por españoles
peninsulares, criollos y algunos mestizos --muy pocos-- que habían
llegado a ocupar algún cargo en la estructura de poder colonial.
Para la mayor parte de la población americana, lo ocurrido en España
no tenía gran significación en su vida cotidiana.
En varias ciudades americanas se formaron Juntas Provisionales,cuyo
propósito fue conservar la soberanía en sustitución del legítimo rey
de España, y hasta que Fernando VII fuera reinstalado en el trono.
Las Juntas que se formaron en ciudades como Quito (1809), Caracas
(1810), Valledupar (1810) o Lima, tenían su origen casi todas ellas
en la estructura municipal, una de las instituciones de gobierno más
arraigadas en el mundo hispánico. Casi todas ellas fueron dominadas
por criollos ilustrados, dado que como regla general (regla en la
que caben excepciones) los españoles peninsulares se oponían a la
formación de gobiernos soberanos.
Junta de México
Francisco Primo de Verdad fue uno de los personajes del Ayuntamiento
de México que solicitó en 1808 al virrey Iturrigaray la instalación
de una Junta provisional que gobernara en nombre de Fernando VII.
Iturrigaray simpatizaba con estas ideas. Finalmente, la Junta fue
reprimida por un golpe de Estado contra el virrey.
Conociendo la situación en España, la élite novohispana no era ajena
a los cuestionamientos acerca de la encarnación de la soberanía de
los territorios bajo el dominio español. Ante las abdicaciones de
Bayona, esta élite de letrados se dividió claramente en dos
partidos. Para algunos, cuyo portavoz era la Real Audiencia de
México, el poder en Nueva España seguía radicando en el rey
Fernando, aunque momentáneamente se encontrara ausente. Por lo
tanto, la estructura social de la Nueva España debía seguir
inmutable y seguir como vasallos de la Corona española. Para los
otros, la situación era más compleja. El Ayuntamiento de México,
encabezado por un grupo de criollos que se habían beneficiado de las
reformas implantadas por los reyes borbónicos en el siglo XVIII,
encuentra en la crisis política una oportunidad para implantar
reformas políticas en el Virreinato.
El 5 de agosto de 1808, el Ayuntamiento de México propone al virrey
José de Iturrigaray convocar a una Junta de ciudadanos que gobierne
en el nombre de Fernando VII.
Este ayuntamiento plantea el problema del asiento de la soberanía.
Acepta, sin duda, el derecho de Fernando a la corona, y no le niega
obediencia; pero introduce una idea que cambia el sentido de su
dominio: la soberanía le ha sido otorgada al rey por la nación, de
modo irrevocable. Las abdicaciones de Carlos y Fernando son nulas,
pues el rey no puede disponer de los reinos a su arbitrio
(Villoro, 1992: 606)
Los pensadores del Ayuntamiento de México apelaban a la teoría del
contrato social en sus argumentos a favor del establecimiento de un
gobierno soberano en la Nueva España, aunque como se ha dicho, no
estaban promoviendo propiamente una separación de la Colonia. Sin
embargo, esto no era entendido así por el otro bando de la élite
novohispana. Para ellos el establecimiento de la Junta de México era
una amenaza contra la permanencia del sistema colonial del cual
ciertamente eran beneficiarios. El reconocimiento de la junta
soberana, aunque fuera meramente sustituta y provisional, implicaba
su renuncia a las posiciones hegemónicas que los españoles
peninsulares[2] ocuparon a lo largo de tres siglos de dominio
hispano.
La tesis de la soberanía popular fue condenada como anatema por el
inquisidor Prado y Obejero, y en el mismo tenor se había pronunciado
la Real Audiencia por boca del oidor Guillermo Aguirre. Finalmente,
la disputa entre la Real Audiencia y el Ayuntamiento llevó a un
golpe de Estado contra el virrey Iturrigaray. Encabezados por
Gabriel de Yermo, los opositores a la Junta destituyeron a
Iturrigaray, poniéndolo preso el 15 de septiembre de 1808. La Real
Audiencia impuso como virrey títere a Pedro de Garibay. Los líderes
del Ayuntamiento fueron encarcelados o desterrados.
Primera etapa: Iniciación (1810-1811)
La etapa de iniciación de la guerra de independencia de México
corresponde al período comprendido entre el Grito de Dolores --con
el que el cura Hidalgo convocó a su pueblo a levantarse en armas-- y
la captura del Generalísimo de América[3] en Norias de Acatita de
Baján, cuando intentaba huir de los perseguidores del ejército real.
Conspiración de Querétaro
Mapa de la campaña militar de Hidalgo (1810-1811)
En la ciudad de Querétaro se había formado un grupo de letrados,
pequeños comerciantes y militares del ejército colonial, que
pretextando reuniones literarias, se reunía en una academia de la
población. Este grupo es conocido en la historia de México como
conspiradores de Querétaro. Entre sus miembros se encontraban el
cura Miguel Hidalgo y Costilla, el militar Ignacio Allende, el
pequeño industrial Juan Aldama, el corregidor de la ciudad José
Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz de Domínguez.
La Conspiración de Querétaro fue descubierta en septiembre de 1810.
Los conspiradores tuvieron tiempo de prevenirse ante la intervención
de las autoridades virreinales en la ciudad de Querétaro. Josefa
Ortiz de Domínguez alcanzó a dar aviso a Juan Aldama del peligro en
que se encontraba el movimiento independentista, al encontrarse las
tropas realistas en Querétaro. A su vez, Aldama se puso en camino a
Dolores, para poner al tanto de la situación al cura Hidalgo.
Apremiado por la situación, Hidalgo convocó al pueblo de Dolores,
tocando las campanas de la parroquia local. Acudieron las personas,
aún cuando era de madrugada, y ante ellos, Hidalgo grito ¡viva la
virgen de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII¡ ¡y muera el mal gobierno!,
con el que se suele marcar el inicio de la Independencia de México.
Campaña militar
La Cruz de Borgoña era un estandarte de los ejércitos Realistas,
símbolo del Imperio de los Habsburgo desde Carlos I.
En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, al grito de ¡Viva la
Virgen de Guadalupe! ¡Abajo el mal gobierno! ¡Viva Fernando VII!,
Hidalgo se dirigió al presidio de Dolores, acompañado de un puñado
de campesinos mal armados y peor preparados para la milicia. Puso en
libertad a los presos y armó a su ejército con los escasos
pertrechos disponibles en la armería local. Contaba además, con los
refuerzos que pudieran proveerle Allende y Mariano Abasolo,
oficiales del ejército. Acompañado de esta tropa cuya magnitud se
desconoce, se dirigió primero a Atotonilco el Grande, donde tomó el
estandarte de la Virgen de Guadalupe, que es considerada la primera
bandera mexicana. Ahí nuevamente arengó a su tropa, con el grito de
¡Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los gachupines!; y prosiguió
hacia dos San Miguel el Grande donde llegaron a reforzarlo Abasolo y
Allende.
A su salida de San Miguel el Grande, la tropa insurgente seguía
siendo mayoritariamente campesina. A su paso por las poblaciones del
oriente de Guanajuato se sumaban a él nuevos miembros. Pero la mayor
parte de los criollos no veían con buenos ojos el levantamiento de
los conspiradores de Querétaro. Incluso el mismo Ignacio Allende
comenzaba a ver con recelo a Hidalgo, a quién más tarde acusaría de
haberse dejado llevar por la plebe. Así las cosas, el Ejército
Insurgente salió rumbo a Celaya, donde obtendría su primera victoria
importante el 20 de septiembre de 1810. Enarbolando un retrato de
Fernando VII, la tropa tomó la ciudad y la saqueó. En esa población,
Miguel Hidalgo fue proclamado Generalísimo de América, quedando al
mando del ejército por encima de Allende, que sin duda era más hábil
en lo que se refiere a táctica militar. De Celaya, los insurgentes
salieron con rumbo noroeste y en su camino se apoderaron de
Salamanca, Irapuato y Silao. Llegaron a Guanajuato el 29 de
septiembre.
Vista de Guanajuato. Al centro, la alhóndiga de Granaditas
El intendente Riaño se parapetó en la Alhóndiga de Granaditas, uno
de los edificios más fuertes y gruesos de la ciudad, creyendo que en
ella estaría a salvo. Sin embargo, siendo superados en número por
los atacantes y muerto el intendente, los españoles tuvieron que
capitular.[4] Al tomar la alhóndiga, el ejército insurgente asesinó
a unos doscientos soldados y a todos los refugiados realistas y
españoles que se hallaban refugiados en el edificio (De la Torre,
982).
La ocupación y saqueo de la ciudad de Guanajuato por parte de los
insurgentes fue el inicio de una serie de victorias que los llevó a
ocupar ciudades tan importantes como Valladolid (hoy Morelia, que se
rindió ante el temor de ser saqueada como Guanajuato), Toluca y
llegar a la antesala poniente de la ciudad de México: la Sierra de
las Cruces. En ese sitio el ejército de Hidalgo propinó una de las
peores derrotas a los realistas, pero por razones que son
desconocidas, el generalísimo decidió volver a la capital de
Michoacán.
A su regreso a la capital michoacana, los insurgentes fueron
atacados por el ejército español, al mando de Félix María Calleja
del Rey, en Aculco. La Batalla de Aculco dejó bien claro que los
insurgentes no estaban en condiciones para hacer frente al ejército
español. Las deserciones fueron cuantiosas y fueron capturados unos
seiscientos elementos del Ejército Insurgente, armamento de los
rebeldes y otras pertenencias. Teniendo en cuenta la situación, los
insurgentes se dividieron y el grueso de las tropas se volvió -con
Allende a la cabeza- rumbo a Guanajuato; mientras apenas un puñado
regresó con Hidalgo a Valladolid. Hidalgo pudo obtener apoyo
financiero de la Iglesia y la adhesión de varios centenares de
jinetes e infantes; no corrió la misma suerte Allende, que tuvo que
abandonar Guanajuato con rumbo al norte para reunirse con Abasolo y
Aldama en San Luis Potosí.
A estas alturas, los simpatizantes de los insurgentes ocupaban otras
ciudades en todo el territorio de Nueva España. Rafael Iriarte
controlaba León, Aguascalientes y Zacatecas. Luis de Herrera y Juan
de Villerías ocupaban San Luis Potosí. En Toluca y Zitácuaro estaba
Benedicto López. José María Morelos ya había unido a los calentanos
de Michoacán y México a la guerra; mientras que Miguel Sánchez y
Julián Villagrán controlaban el Valle del Mezquital, en el norte de
la intendencia de México. Guadalajara fue tomada por José Antonio
Torres el 11 de noviembre de 1810, luego de haber ocupado el sur de
Jalisco y la región de Colima. Las provincias norteñas como Texas,
Coahuila y Nuevo León también se habían sumado a la causa
insurgente.
Mural en la alhóndiga de Granaditas. Representa la cabeza de Hidalgo
en una jaula
Habiendo abandonado los insurgentes las principales plazas tomadas
apenas unos días después del inicio de la guerra, éstas fueron
recuperadas por el ejército virreinal. Esto ocurrió entre noviembre
de 1810 y los primeros meses de 1811. El 17 de enero de 1811, los
insurgentes sufrieron una escandalosa derrota, nuevamente a manos de
Calleja, en la Batalla del Puente de Calderón, que los obligó a huir
hacia Zacatecas. Sin encontrar apoyo en esa ciudad, los jefes
insurgentes tuvieron que dirigirse hacia el norte, buscando el apoyo
de las provincias septentrionales de la Nueva España.
Engañados por supuestos aliados, se dirigieron rumbo a Monclova,
aunque no sabían que esta población era el núcleo de un movimiento
contrainsurgente. En Monclova se reunirían con José Mariano Jiménez,
quien les brindaría apoyo para pasar a Estados Unidos. Los
remanentes del Ejército Insurgente, a su paso por Saltillo, fueron
puestos al mando de Ignacio López Rayón, quien partió rumbo al sur
para refugiarse en las montañas de Michoacán. Finalmente, en Acatita
de Baján, cerca de Monclova, los insurgentes fueron capturados por
Ignacio Elizondo el 21 de marzo de 1811. Fueron conducidos a
Chihuahua, donde los realistas fusilaron a veintidós miembros de la
tropa rebelde, entre ellos Aldama, Allende, Jiménez (26 de junio),
Hidalgo (30 de julio); mientras que Abasolo fue exiliado a España,
donde murió en prisión en 1816. Las cabezas de estos cuatro
personajes fueron colgadas en las cuatro esquinas de la alhóndiga de
Granaditas.[5]
Segunda etapa: Organización (1811-1815)
La llamada etapa de organización de la guerra independentista de
México comprende los sucesos bélicos y políticos ocurridos entre el
momento en que Ignacio López Rayón fue nombrado jefe de las fuerzas
insurgentes en Saltillo --poco antes de que Hidalgo, Allende, y
otros jefes insurgentes fueran presos y ejecutados en el norte de
México-- y el fusilamiento del Siervo de la Patria, José María
Morelos y Pavón. Es decir, comprende del 16 de marzo de 1811 al 22
de diciembre de 1815. Cuatro años que fueron de los más brillantes
en lo que se refiere a las acciones de guerra y de posicionamiento
ideológico del movimiento independentista de México.
López Rayón y la Junta de Zitácuaro
Mural en Zitácuaro, donde se conmemora la instauración de la Suprema
Junta Gubernativa de América en esa villa de Michoacán
Como se ha dicho, López Rayón fue nombrado jefe de las tropas
insurgentes en Saltillo, Coahuila, poco antes de la captura de los
jefes insurgentes de la primera etapa de la guerra de independencia.
Este cargo lo compartió con José María Liceaga. A la cabeza de unos
mil hombres que constituían el remanente del primer Ejército
Insurgente, se encaminó hacia el sur, rumbo a Michoacán, a través de
un largo camino. Todo el territorio que había sido tomado
inicialmente por movimientos regionales simpatizantes de la
insurgencia había sido recuperado por el ejército virreinal; hecho
que añadió una dificultad mayor a la travesía a través del árido
territorio de a Mesa Central mexicana.
Finalmente, López Rayón fue capaz de conducir a esta pequeña tropa
hasta Zitácuaro, una villa localizada en el oriente de la
intendencia de Michoacán. Allí, el 19 de agosto de 1811, convocó a
la formación de una Suprema Junta Nacional Americana que debía
gobernar en nombre de Fernando VII,y esto para
...para la conservación de sus derechos, defensa de nuestra religión
santa e indemnización y libertad de nuestra oprimida Patria.
Ignacio López Rayón, citado en Lemoine (1978)
Bandera de El Doliente de Hidalgo, capturada en Zitácuaro el 2 de
enero de 1812. Esta bandera era empleada por los insurgentes en
señal de luto por la muerte del cura Miguel Hidalgo.
Según esto, la Junta de Zitácuaro no difería en sus propósitos de
aquéllas establecidas en otras partes de América; para quienes la
existencia de estos concejos estaba justificada en la conservación
de la soberanía en nombre del destronado rey de España hasta que no
volviera a ocupar la titularidad de la Corona. La Junta de Zitácuaro
reunió sobre todo a la élite criolla del centro de México. Contó con
el apoyo de Morelos, jefe de la insurgencia en la sierra Madre del
Sur. A ella se le debe el primer proyecto de constitución nacional,
que no prosperó; el primer cuño de monedas propiamente mexicanas;
así como los primeros intentos por lograr el reconocimiento de la
comunidad internacional (intentos que iniciaron con el envío de un
embajador a Estados Unidos).
En sus intentos por legitimarse frente a los jefes regionales y
ganar prestigio ante el ejército realista, la Junta de Zitácuaro, o
mejor dicho, López Rayón --en su cargo de Ministro Universal de la
Nación, y en otras palabras, jefe de la Junta-- emprendió una serie
de campañas militares que no le rindieron los dividendos esperados.
A pesar de contar con el apoyo de Los Guadalupes[6] y otros
benefactores de la causa insurgente; López Rayón fue incapaz de
impedir que la Junta fuera expulsada de Zitácuaro por Calleja, en
los primeros días de 1812. Acto seguido, los vocales decidieron
actuar cada uno por su cuenta en distintas regiones del sur de
México: José Sixto Verduzco permaneció en Michoacán, Rayón se
trasladó a la intendencia de México, y Liceaga se internó en el
territorio de Guanajuato.
Reclamando cada uno para sí la jefatura de la Junta, los jefes
entraron en una discusión que finalmente condujo a la desaparición
de facto de este órgano de gobierno hacia la primera mitad de 1813.
La Junta de Zitácuaro fue sustituida por el Congreso de Chilpancingo
como máximo órgano de gobierno de la nación americana. Durante el
tiempo en que la Junta de Zitácuaro se tuvo que trasladar de
Michoacán al mineral de Sultepec (en el poniente de la intendencia
de México) sobresalió la producción intelectual de José María de
Cos, cura de San Cosme, intendencia de Zacatecas. A él se debe la
edición de un segundo órgano informativo de los insurgentes, impreso
en una imprenta que él mismo construyó. Su pluma fue dura contra las
autoridades virreinales, y en él se muestra una tendencia a la
radicalización política del movimiento insurgente.
Morelos y el Congreso de Chilpancingo
De Carácuaro a Chilpancingo
Campaña de Morelos.
Al igual que López Rayón, Don José María Morelos y Pavón no era
novato en las acciones bélicas de los insurgentes. Como el jefe de
la Junta de Zitácuaro, Morelos también había tenido actividad casi
desde el principio de la guerra de independencia, especialmente en
la región de Tierra Caliente de Michoacán y México.[7] Aunque es
común señalar que recibió el mando de los insurgentes luego de la
captura de Hidalgo, Allende y Aldama; Morelos era en realidad un
jefe militar regional, supeditado a la autoridad de la Junta de
Zitácuaro. Era, por lo tanto, un subordinado de López Rayón. Sin
embargo, sí es posible decir que Hidalgo y Morelos si se conocieron,
aunque sólo se entrevistaron una vez en toda su vida en el pueblo de
Charo, hasta donde Morelos tuvo que seguir a Hidalgo, ante su
negativa de recibirlo, desde Indaparapeo.
La campaña de Morelos inició en Carácuaro, un pueblo calentano de
Michoacán. Ernesto Lemoine divide su campaña en dos partes, cuyo
parteaguas es el desastre de Valladolid, donde fue estrepitosamente
derrotado por el ejército realista. Antes de ese episodio,
acontecido en 1813, Morelos había ganado prestigio como estratega
militar (aunque no tenía ninguna formación como soldado). Pero luego
de su derrota en la tierra donde nació, Morelos y su ejército fueron
dando un traspié tras otro, hasta que finalmente la mayor parte de
los jefes de su ejército, o bien fueron muertos en combate, o bien
fueron presos y fusilados por las tropas virreinales.
Habiendo levantado en armas a Carácuaro, Morelos se internó en la
depresión del Balsas y la sierra Madre del Sur, donde uno tras otro
fue sumando Zacatula, Petatlán y Tecpan a la lucha contra las
autoridades virreinales. En mayo de 1811, el ejército de Morelos
--en el que se hallaban incluidos los cuatro hermanos Galeana (el
más conocido de ellos es Hermenegildo) su tropa de negros costeños--
tomó Chilpancingo, Tixtla, Taxco.
Juan N. Almonte. Fue hijo del cura Morelos, y jefe de Los Emulantes,
en donde era compañero de Narciso Mendoza. Por azares del destino,
cuando adulto formó parte del bando que combatió a Benito Juárez
durante la Guerra de Reforma, y de la comisión que entregó el
gobierno de México a Maximiliano de Habsburgo.
Luego de haber penetrado en el territorio de la intendencia de
Puebla, donde venció a los realistas en Chiautla, el cura de
Carácuaro dividió su ejército en tres columnas. Una, al frente de
Nicolás Bravo, avanzó a Oaxaca. En su camino hacia el sureste, Bravo
tomó Acatlán y Huajuapan. Otro brazo, al mando de Hermenegildo
Galeana volvió a Taxco. El tercer grupo insurgente, encabezado
personalmente por Morelos, se encaminó hacia el valle de
Puebla-Tlaxcala. Tomó Izúcar, donde sumó a Mariano Matamoros, cura
por más señas, y al hijo de éste. Morelos finalmente no avanzó hacia
Puebla de los Ángeles, pero siguiendo al occidente, el 24 de
diciembre de 1811 conquistó la villa de Cuautla para la causa
insurgente.
En febrero de 1812, Félix María Calleja --la mejor espada de Nueva
España, como le habían apodado merced a sus múltiples victorias
frente a los insurgentes-- fue comisionado por el virrey Vanegas
para que terminara de una vez por todas con el ejército de Morelos.
Desde luego que Calleja esperaba vencer con facilidad a los
insurgentes, sobre todo estando en ventaja numérica y siendo los
rebeldes un puñado de guerrilleros sin instrucción militar --o al
menos, esto era lo que pensaba el futuro virrey de la Nueva
España--. Así las cosas, inició en sitio de Cuautla; misma suerte
que en la Mixteca poblana estaba padeciendo Izúcar. Para este
tiempo, López Rayón y la Junta ya habían sido arrojados de
Zitácuaro.
Luego de setenta y dos días de combate, ambos bandos fueron
incapaces de vencer. Los realistas habían fracasado también en el
intento de recuperar Izúcar, y el 2 de marzo, pudieron romper el
sitio, evacuando Cuautla para evitar una masacre de civiles. En la
defensa final de esa plaza de lo que actualmente es el estado de
Morelos participaron también los propios habitantes de la villa,
destacándose un grupo de niños llamados Los Emulantes. Este batallón
infantil insurgente fue encabezado por el hijo natural del cura
Morelos, Juan Nepomuceno Almonte, y formaba parte del él Narciso
Mendoza, mejor conocido en la historia de México como el Niño
Artillero. Habiendo desalojado Cuautla, los insurgentes se
dispersaron hacia el oriente, rumbo a Izúcar y Chiautla.
Acosados por el ejército español, los insurgentes se trasladaron
hacia el oriente de Puebla, tomaron la villa de Orizaba, y se
enfrentaton al ejército virreinal en las cumbres de Acultzingo, en
el límite de Puebla y Veracruz. Nuevamente, el enfrentamiento no
dejó un vencedor claro, y como en Cuautla e Izúcar, los insurgentes
tuvieron que desplazarse, en esta ocasión hacia el sur. Luego de
capturar Tehuacán, Morelos y su ejército ocuparon la ciudad de
Oaxaca, donde instituyó un gobierno autónomo. El gobierno insurgente
de la ciudad de Oaxaca duró de 1812 a 1814, cuando fue recuperada la
población por el ejército realista. Más allá de representar la
primera y única vez en que Morelos fue capaz de tomar el control de
una ciudad importante, fue Oaxaca el sitio donde Morelos se delindó
finalmente de la tesis fernandista de la Junta de Zitácuaro (ya
establecida y moribunda en Sultepec). En Oaxaca, Morelos convoca a
la formación de un Congreso Nacional con representantes electos por
voto popular. La cita sería en Chilpancingo.
Con el propósito de llegar a Chilpancingo para el Congreso Nacional,
el ejército de Morelos se dirige hacia la Costa Grande, y finalmente
rinde el castillo de San Diego de Acapulco, en agosto de 1813. De
esta suerte, la comunicación marítima con Filipinas por el océano
Pacífico quedó bajo control de los insurgentes.
Congreso de Chilpancingo
José María Morelos. Rechazó los títulos de Su Alteza y Generalísimo,
concedidos por el Congreso de Chilpancingo. En cambio, se hizo
llamar Siervo de la Nación.
Las múltiples victorias del ejército de Morelos habían dado al cura
de Carácuaro un prestigio del que carecía López Rayón y sus
deslucidos enfrentamientos contra los españoles en Valladolid y
Zitácuaro, de donde fue expulsado con la Junta en 1812. En cambio,
hacia mediados de 1813, Morelos dominaba gran parte del sur de las
intendencias de México, Puebla y Oaxaca. Gracias a esa autoridad
militar, Morelos pudo dar un giro radical al planteamiento político
de la revolución independentista. Para ello, se apoyó en numerosos
personajes que participaron en el Congreso de Chilpancingo convocado
por él en junio de 1813; congreso que se llevó a cabo en septiembre
de ese mismo año, luego de la captura de Acapulco.
Ya en Chilpancingo, Morelos entrega a los congresistas un documento
intitulado Sentimientos de la Nación. Este documento refleja la
posición política de Morelos, para quien...
...la América es libre e independiente de España y de toda otra
Nación, Gobierno o Monarquía...
Morelos, "Sentimientos de la Nación", Artículo 1°
y solicita a los representantes populares...
...que así se sancione, dando al mundo las razones
Morelos, ibidem.
Los Sentimientos de la Nación incluyen además una serie de
disposiciones en lo económico, lo político y social que rompían
definitivamente con López Rayón y sus seguidores. Éstos, una vez
preso el cura Hidalgo en 1811, habían enviado una carta a Calleja
donde exponían sus argumentos a favor del movimiento revolucionario.
En ella se señalaba que el propósito era restituir la legitimidad
existente antes de la supresión de la Junta de México y el golpe de
Estado contra Iturrigaray. Se justificaba el movimiento en tanto
que, como fue expuesto por los miembros de la Junta de México,
América era dependiente del rey de España, pero no de la nación
española; y que por tanto, la independencia buscada no era con
respecto a la Corona, sino del "gobierno ilegítimo" que se había
reunido Cádiz.
En contraste con la posición de la Junta de Zitácuaro, el Congreso
de Chilpancingo se dio a la tarea de definir jurídicamente las
razones por las cuales la América mexicana debía ser libre de
España. Por otra parte, los diputados reunidos en Chilpancingo no
eran los únicos pensadores que se manifestaban a favor de la lucha
independentista radicalizada de Morelos. Una de las plumas más
revolucionarias favorables a la insurgencia fue la de Servando
Teresa de Mier. A diferencia de Bustamante y Quintana Roo, para
quienes el problema se solucionaba con definir al pueblo o a los
ayuntamientos como los representantes legítimos de la nación; Teresa
de Mier desarrolla estas tesis influido por el liberalismo francés,
y sostiene que América...
... posee su propio pacto social, que la constituyó como parte de
integrante de la monarquía española, y que Carlos V contrajo con los
conquistadores y los mismos indios, a quienes consideró vasallos a
cambio de concederles exenciones y privilegios. Desde entonces, pese
al despotismo, "conservaron los reyes en el fondo nuestras leyes
fundamentales, según las cuales las América son los reinos
independientes de España sin otro vínculo entre ellos que el rey...,
dos reinos que se unen y confederan por medio del rey, pero que no
se incluyen." Tal es el código originario de América, que Mier,
empleando la teminología en boga, denomina "Consitución Americana".
Las reivindicaciones de los insurgentes son fieles a ella; son los
europeos los que tratan de abolir el pacto social y sustituirlo por
un gobierno tiránico...
Villoro, 1992:622
Declaración de Independencia de América Septentrional
Al declarar los pensadores de la insurgencia la independencia de la
nueva nación[8] también declaraban el rompimiento con el sistema
social colonial. Entre otras cosas, los Sentimientos de la Nación
contemplan la supresión del sistema de castas, la residencia de la
soberanía en el pueblo y la independencia de la nación ante
cualquier potencia extranjera. En otro sentido, se pronunciaba a
favor de la conservación del catolicismo como única religión (y como
religión de Estado en los hechos) y la exclusión de los extranjeros
de las actividades económicas. Se trata, por tanto, de un documento
sumamente radical cuyos puntos principales son recogidos por el Acta
Solemne de la Declaración de Independencia de la América
Septentrional --firmada el 6 de noviembre de 1813-- y la primera
Carta Magna de México, la Constitución de Apatzingán, redactada por
el Constituyente de Anáhuac en fuga de sus perseguidores españoles y
promulgada en Apatzingán, Michoacán, en 1814. La Carta de Apatzingán
no pudo ser puesta en marcha debido a la mala ventura de los
insurgentes en sus encuentros militares con el ejército realista.
De Chilpancingo al paredón de Ecatepec
En junio de 1813, Morelos convocó a un congreso nacional de
representantes de todas las provincias, y se reunieron en
Chilpancingo en el actual estado de Guerrero para discutir el futuro
de México como una nación independiente. Los puntos más importantes
del documento preparado por el congreso fueron la soberanía
nacional, el derecho universal al voto a todos los hombres, la
adopción del catolicismo como la religión oficial, la abolición de
la esclavitud y el trabajo forzado, el fin a los monopolios
gubernamentales y el fin de los castigos físicos. Se firmó la
declaración de independencia el 6 de noviembre de 1813. Aunque las
fuerzas de Morelos tuvieron éxito inicialmente, las autoridades
coloniales vencieron el sitio de la ciudad de México después de seis
meses, capturaron posiciones en las áreas vecinas, y finalmente
invadieron Chilpancingo. Después de estas derrotas el congreso
(principalmente Ignacio López Rayon), en vez de hacer unión para
poder llevar al éxito la independencia, decidió desconocer a Morelos
como generalísimo y jefe supremo del ejército y le asignaron
únicamente la protección del congreso en fuga. Morelos logró
protegerlos de tal suerte que se logró la redacción de una
constitución, que fue jurada en Apatzingan el 22 de octubre de 1814.
La constitución daba poderes absolutistas al congreso (en abierta
pugna entre sí) y este no tardó en reasignar los efectivos para la
lucha y dejar practimente sin fuerzas a Morelos, (por temor a que
tomara el poder). Morelos fue capturado meses después en una
escaramuza por mantener a raya a los realistas que perseguían a los
congresistas y enfrentó el mismo destino que Hidalgo, murió fusilado
después de ser degradado y excomulgado el 22 de diciembre de 1815.
Guerrero, Victoria, Mina y la guerra de guerrillas
De 1815 a 1821, la guerra de independencia se transformó en una
guerra de guerrillas. Estas guerrillas fueron dirigidas por tres
ilustres caudillos: Guadalupe Victoria (cuyo verdadero nombre era
Manuel Félix Fernández) en Puebla, Vicente Guerrero en Oaxaca y el
español liberal Francisco Javier Mina en el centro. Los tres se
ganaron la lealtad y el respeto de sus seguidores. El virrey, sin
embargo, pensó que la situación estaba bajo control y declaró un
indulto general a todo rebelde que dejara las armas.
Francisco Javier Mina, un héroe liberal español de la Guerra de
independencia española, conoció al padre Servando Teresa de Mier en
Londres y convencido por él se unió a la causa de la independencia
mexicana frente al absolutismo de Fernando VII. En 1817 desembarcó
en Soto la Marina y reunió un ejército que, minado por las acciones
realistas y la indisciplina interna, fue derrotado a los pocos
meses, y Mina fue fusilado cerca de Pénjamo.
Después de diez años de guerra civil y de morir dos de sus líderes
más importantes, el movimiento insurgente estaba inerte y cerca del
fracaso. Los rebeldes se enfrentaban a la dura resistencia española
y a la apatía de los criollos más influyentes en la colonia. La
violencia excesiva y la pasión y saqueos populares de los ejércitos
irregulares de Hidalgo y Morelos convencieron a muchos criollos de
que ésta era una guerra de clases y razas, y terminaron uniéndose de
mala gana al gobierno español hasta que pudieran encontrar una ruta
menos sangrienta a la independencia. Fue en este punto que los
planes de un caudillo militar conservador coincidieron con una
rebelión liberal en España, y éstos hicieron posibles los súbitos
cambios de lealtades al bando independista.
En lo que supuestamente iba a hacer la última campaña realista
contra los insurgentes, el virrey Juan Ruiz de Apodaca mandó una
fuerza comandada por el realista criollo Agustín de Iturbide a
vencer al ejército de Guerrero en Oaxaca. Iturbide, hijo nativo de
Valladolid, se hizo famoso por la pasión con la que perseguía a las
fuerzas de Hidalgo y Morelos durante los primeros años de la lucha
por la independencia. Favorito entre la jerarquías de la Iglesia
mexicana, Iturbide era la encarnación del criollo conservador
perfecto: pío, religioso, y dedicado a la protección de la propiedad
privada y de los privilegios sociales. Sin embargo, Iturbide estaba
insatisfecho: carecía de alto rango militar y de riquezas.
Iturbide y Fernando VII de España
La Revolución Hispanoamericana
La reacción Realista Bajo control independentista Bajo control
independentista España durante la invasión francesa España bajo la
revolución liberal
La misión de Iturbide en Oaxaca coincidió con un exitoso golpe
militar en España contra el nuevo monarca, Fernando VII. Los líderes
del golpe, que habían sido reunidos como una expedición militar para
suprimir los movimientos independistas en las Américas, obligaron el
rey Fernando a firmar la constitución liberal de 1812. Cuando las
notícias de los acontencimientos llegaron a México, Iturbide las
entendió como un peligro al status quo y una oportunidad para que
los criollos tomaran el control de México. Irónicamente la
independencia de México fue consumada cuando las fuerzas
conservadores en la colonia decidieron levantarse en contra del
breve régimen liberal en la madre patria. Después de enfrentarse a
Guerrero, Iturbide cambió sus lealtades e invitó al líder rebelde a
una junta para discutir los principios de un regenerado movimiento
insurgente.
En Iguala, Iturbide proclamó tres principios o garantías al México
independiente: México sería una nación independiente gobernada por
el rey Fernando u otro príncipe conservador europeo; criollos y
peninsulares tendrían los mismos derechos y privilegios; y la
iglesia católica continuaría teniendo sus privilegios y el monopolio
religioso en México. Después de convencer a sus tropas que aceptaran
estos principios, que fueron proclamados el 24 de febrero de 1821
como el Plan de Iguala, Iturbide persuadió a Guerrero a que unieran
sus fuerzas a favor de la nueva manifestación conservadora del
movimiento de independencia. Un nuevo ejército, el ejército de las
Tres Garantías, fue puesto bajo el comando de Iturbide para defender
el Plan de Iguala. El plan satisfizo a liberales y conservadores: la
meta de la independencia y la protección de la iglesia católica
hicieron posible que todos se unieran al movimiento independentista.
Acta de Independencia
Artículo principal: Acta de Independencia del Imperio Mexicano
Acta de independencia.
El Acta de Independencia del Imperio Mexicano fue firmada el 27 de
septiembre de 1821 por:
Los miembros de la Suprema Junta Provisional Gubernativa, entre los
cuales destacan: Antonio Joaquín Pérez Martínez, obispo de la Puebla
de los Ángeles; Juan de O'Donojú, teniente general de los ejércitos
españoles, Juan Horbegoso, coronel de los ejércitos nacionales;
Pedro José Romero de Terreros, Conde de Jala y Regla, Marqués de San
Cristóbal y de Villa Hermosa de Alfaro, gentil hombre de cámara con
entrada y capitán de albarderos de la guardia del Virrey; Anastasio
Bustamante, coronel del Ejército de Dragones de San Luis, etc.
Y por los miembros de la Regencia del Imperio mexicano: Agustín de
Iturbide, presidente; Juan O'Donojú, Manuel de la Bárcena, José
Isidro Yañez y Manuel Velásquez de León (segundo, tercero, cuarto y
quinto regente, respectivamente).
<La nación mexicana que por trescientos años ni ha tenido voluntad
propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha
vivido. Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados y
está consumada la empresa eternamente memorable que un genio
superior a toda admiración y elogio, por el amor y gloria de su
patria, principió en Iguala, prosiguió y llevó a cabo arrollando
obstáculos casi insuperables. Restituida, pues, cada parte del
Septentrión al ejercicio de cuantos derechos le concedió el autor de
la naturaleza, y reconociendo por inajenables y sagrados las
naciones cultas de la tierra, en libertad de constituirse del modo
que más convenga a su felicidad, y con representantes que pueden
manifestar su voluntad y sus designios, comienza a hacer uso de tan
preciosos dones y declara solemnemente por medio de la Junta Suprema
del Imperio, que es una nación soberana e independiente de la
antigua España, con la que en lo sucesivo no mantendrá otra unión
que la de una amistad estrecha en los términos que prescriben los
tratados; que entablará relaciones amistosas con las demás
potencias, ejecutando respecto a ellas, cuantos actos pueden y están
en posesión de ejecutar las otras naciones soberanas; que va a
constituirse con arreglo a las bases que en el Plan de Iguala y
Tratados de Córdoba estableció sabiamente el primer jefe del
Ejército Imperial de las Tres Garantías, y en fin que sostendrá a
todo trance y con sacrificio de los haberes y vidas de sus
individuos (si fuere necesario) esta declaración hecha en la capital
del imperio a 28 de septiembre de 1821, primero de la independencia
mexicana.>
Reacciones del gobierno de España
Artículo principal: Intentos de Reconquista en México
El gobierno español y Fernando VII negaron legitimidad de la
independencia de sus colonias americanas.
Fueron varios los intentos de reconquista en México por parte de los
españoles, el último de ellos fue en 1829 cuando el general Isidro
Barradas y el almirante Ángel Laborde partieron de Cuba con casi
4000 soldados y 19 embarcaciones, se dirigieron el 5 de julio a
México, con la intención de reconquistar nuevamente el territorio.
Arribaron el 26 de julio a Cabo Rojo, cerca de Tampico, pero el
general Antonio López de Santa Anna coordinó la defensa y finalmente
derrotó a los españoles en la Batalla de Pueblo Viejo (hoy Villa
Cuauhtémoc), el 11 de septiembre del mismo año.
Fue hasta el 28 de diciembre de 1836 cuando se realizaron
negociaciones de paz y reconciliación, firmándose el tratado de
reconocimiento de la Independencia de México.
Firmaron por parte del gobierno español, María Cristina de Borbón
viuda de Fernando VII y José María Calatrava, y por parte del
gobierno mexicano, Miguel Santa María y el presidente en turno José
Justo Corro.
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